Editorial: Las deudas pendientes de la educación pública
Editorial: Las deudas pendientes de la educación pública La millonaria inversión anunciada por el SLEP Elqui para mejorar la infraestructura de establecimientos educacionales en la provincia representa, sin duda, una señal positiva y necesaria.
Destinar más de $2.297 millones a reparaciones y mantenciones en colegios y liceos de La Serena, Vicuña, Paihuano y La Higuera apunta a enfrentar una realidad que durante años fue invisibilizada: el progresivo deterioro de la educación pública. Sin embargo, el desafío es mucho más profundo que reparar techos, baños o sistemas eléctricos. Las cifras y testimonios entregados por las comunidades educativas reflejan una problemática estructural acumulada durante décadas. Que un 70% de los establecimientos revisados en La Serena presente deficiencias graves no solo habla de falta de inversión histórica, sino también de una ausencia prolongada de planificación y mantención preventiva. Las denuncias sobre plagas, salas en mal estado o estudiantes almorzando en el suelo evidencian condiciones que simplemente no son compatibles con una educación digna. Y aunque el SLEP ha ejecutado cientos de proyectos menores desde que asumió la administración, la magnitud de las necesidades demuestra que las soluciones parciales ya no bastan. Pero el deterioro no es únicamente material. La violencia escolar y el desgaste emocional de docentes y funcionarios se han convertido en otra señal alarmante de un sistema tensionado. Amenazas, agresiones y conflictos permanentes están afectando directamente la convivencia educativa y el aprendizaje de miles de estudiantes. La recuperación de la educación pública requiere una mirada integral. Mejorar infraestructura es urgente, pero también lo es fortalecer la convivencia escolar, el apoyo psicosocial y el vínculo entre familias y establecimientos.
No basta con reparar edificios si las comunidades continúan sintiéndose abandonadas o inseguras dentro de sus propios colegios.. Las denuncias sobre plagas, salas en mal estado o estudiantes almorzando en el suelo evidencian condiciones que simplemente no son compatibles con una educación digna. EDITORIAL