Autor: Luis Alberto Gaete Antofagastino
Columnas de Opinión: Antofagasta: La riqueza que sostiene a Chile
Columnas de Opinión: Antofagasta: La riqueza que sostiene a Chile ntofagasta no es sólo un punto en el mapa ni una postal A de cerros ocres frente al mar. Antofagasta es la columna vertebral económica de Chile, la región que sostiene al país mientras carga, en silencio, con el peso del abandono. Es la paradoja más cruel de nuestra historia reciente: la zona más productiva y, al mismo tiempo, la más mal tratada.
Por largos años muchos hemos reclamado -a veces con rabia, otras con resignaciónque Santiago se lleva los recursos y nos deja una región parchada, postergada, obligada a sobrevivir con migajas de lo que ella misma genera. Antofagasta entrega a Chile divisas, estabilidad fiscal y prestigio internacional. Pero a cambio recibe campamentos, déficit habitacional, hospitales colapsados, contaminación histórica y una infraestructura que avanza siempre tarde, siempre a medias. Somos una región que produce como país desarrollado y vive, demasiadas veces, como si fuera invisible. Aquí el costo de la vida es uno de los más altos de Chile, pero los sueldos no siempre lo reflejan. Aquí convivimos con faenas millonarias, mientras barrios enteros carecen de áreas verdes dignas.
Aquí se habla de "zona de sacrificio" como si el sacrificio fuera abstracto y no tuviera rostro: el del trabajador, el de la familia, el del niño que crece sin lugares de esparcimiento en una ciudad que nunca fue pensada para quienes la habitan, sino para quienes la explotan. Demás está decir lo negativo que provoca la llamada conmutación, toda vez que debilita el tejido social local, ya que muchos trabajadores no se integran de forma permanente a la comunidad. Esto reduce la participación cívica, el sentido de pertenencia y limita la formación de redes sociales estables. Además, la conmutación presiona la infraestructura urbana sin aportar proporcionalmente al desarrollo local: aumenta la demanda por salud y servicios, además una parte importante de los ingresos se gasta fuera de la región. En conjunto, el fenómeno contribuye a un crecimiento económico desconectado del bienestar territorial de Antofagasta. El centralismo chileno no es sólo un problema administrativo, es una forma de desprecio estructural. Es decidir desde Santiago qué necesita Antofagasta sin escuchar a Antofagasta. Muchas veces nos dicen que sintamos orgullo de ser el motor del país, pero ocurre que el motor también necesita mantención, inversión, pero fundamentalmente respeto. Y sin embargo, Antofagasta resiste. Resiste en su gente trabajadora, en su diversidad cultural, en la fuerza de quienes llegaron desde el norte, desde el sur y desde otros países a levantar esta región con sus manos. Resiste en su identidad forjada entre el desierto y el mar, en su capacidad de adaptarse a condiciones extremas, en su orgullo silencioso que no necesita permiso de la capital para existir. Exigimos una descentralización efectiva, no discursos. Exigimos que una parte justa de la riqueza que se genera aquí, se quede aquí. Exigimos planificación urbana, salud digna, educación moderna y acorde con los tiempos. Exigimos que Antofagasta deje de ser vista como una caja pagadora y comience a ser tratada como lo que es: una región clave, estratégica y también profundamente humana. Chile le debe mucho a Antofagasta. Y las deudas, por muy incómodas que sean tarde o temprano se pagan. Porque no hay país justo posible mientras la región que lo sostiene siga siendo la más ignorada. Antofagasta, la capital mundial de la minería, de la energía, de la astronomía, no pide privilegios. Pide justicia. Y ya es hora de escucharla. Autor: Luis Alberto Gaete Antofagastino. C Columna