Editorial: El problema no es el qué, sino el cuándo
Editorial: El problema no es el qué, sino el cuándo l anuncio de la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de Naciones Unidas es, sin duda, un hecho de envergadura histórica. No sólo por la trayectoria internacional de la F exmandataria, sino también porque representa una apuesta regional, respaldada por Brasil y México, en un escenario global marcado por crisis múltiples y debilitamiento del multilateralismo. Sin embargo, la forma y el momento elegidos por el Gobierno para oficializarla abren un flanco político innecesario. Anunciar una candidatura de esta magnitud en el aniversario del megaincendio que devastó a Viña del Mar y Quilpué -una tragedia aún abierta en la memoria de cientos de familiasfue, como mínimo, una decisión desacertada. No porque la política exterior deba detenerse ante la emergencia, sino porque los símbolos importan. Y en política, tanto como los hechos, pesan los gestos y los tiempos. El Presidente Gabriel Boric y su Gobierno han insistido en que es posible "caminar y mascar chicle al mismo tiempo": atender las urgencias internas mientras se proyecta al país en el escenario internacional. El argumento es válido. Pero la experiencia demuestra que no todo debe decirse el mismo día ni en el mismo tono. La solemnidad de una postulación a la ONU contrastó abruptamente con el duelo, la conmemoración y el dolor que ese día dominaban la agenda y el ánimo de buena parte del país. El resultado fue previsible: críticas políticas, desvío del foco comunicacional y la sensación de una desconexión con el sentir ciudadano. Incluso quienes reconocen los méritos de Bachelet y la legitimidad de su candidatura se vieron forzados a cuestionar la oportunidad del anuncio, debilitando innecesariamente una postulación que debiera concitar apoyos transversales. La política exterior requiere visión estratégica, pero también sensibilidad. Chile puede -y debeaspirar a liderazgos globales. Lo que no puede permitirse es que decisiones comunicacionales mal calibradas opaquen causas relevantes.
A veces, gobernar bien no es sólo hacer lo correcto, sino hacerlo en el momento correcto.. El Gobierno tenía razones de fondo, pero erró en el timing, debilitando una postulación que requería amplitud y cuidado extremo. E Editorial