Autor: DR. JUAN LUIS OYARZO GÁLVEZ, ACADÉMICO, INGENIERO COMERCIAL
Latinoamérica aún es un pueblo al sur de EE.UU.
Latinoamérica aún es un pueblo al sur de EE.UU.
La columna de. .. En 1984, Los Prisioneros lanzaron La voz de los 80, un disco que no solo marcó a una generación musical, sino que también condensó una crítica social y política de largo aliento.
Su tercer tema, "Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos", no era una consigna simplista ni una provocación adolescente: era una radiografía incómoda de la posición que la región ocupaba -y en buena medida aún ocupaen el orden mundial. Banderas, soberanías y discursos nacionales aparecían allí como adornos folclóricos frente al verdadero centro del poder. Cuatro décadas después, la canción no ha envejecido mal. Por el contrario, parece haber ganado vigencia.
No porque Latinoamérica carezca de historia, cultura o recursos, sino porque el sistema internacional sigue operando bajo una lógica donde el poder real no se somete necesariamente al derecho, y donde las grandes potencias actúan cuando quieren, como quieren y donde quieren. Es posible decirlo con claridad: Nicolás Maduro es un dictador. Negarlo ha sido una de las mayores debilidades intelectuales de cierta parte de la izquierda latinoamericana, incapaz de llamar a las cosas por su nombre. El daño causado por su régimen no se limita a Venezuela; se extiende a millones de personas que debieron abandonar su país mientras una élite política se enriquecía sin pudor. En ese punto, no hay ambigüedad moral posible. Sin embargo, una cosa es condenar una dictadura, y otra muy distinta es aplaudir que una potencia extranjera actúe de manera unilateral, sin resguardo institucional ni respeto efectivo por el derecho internacional. El problema no es solo Maduro. El problema es el precedente. El derecho internacional existe, precisamente, para proteger a los países pequeños frente a los grandes. Cuando ese marco se relativiza, lo que queda no es justicia, sino fuerza. Aquí aparece la colonización moderna.
No aquella de ejércitos desembarcando con banderas, sino una más sutil: la que normaliza que las decisiones sobre nuestros países se tomen fuera; la que acepta que las soberanías son negociables; la que celebra la intervención ajena cuando coincide con nuestras preferencias ideológicas. La historia, por desgracia, es cíclica. América Latina ya fue colonia. Ya fue patio trasero. Ya fue laboratorio. Hoy corre el riesgo de volver a serlo, no por imposición directa, sino por consentimiento tácito. Cuando una nación poderosa demuestra que puede romper reglas sin consecuencias, el mensaje es claro: mañana puede hacerlo con cualquiera. Basta con que no le guste el socio comercial, la política energética o la orientación estratégica del país en cuestión. Por eso la frase de Los Prisioneros sigue incomodando. No porque sea provocadora, sino porque describe una relación de poder que no hemos logrado revertir. No basta con indignarse frente a las dictaduras propias si, al mismo tiempo, se normaliza que las grandes potencias actúen sin límites sobre países más pequeños. Cuando el derecho internacional se vuelve opcional para algunos, deja de ser derecho y pasa a ser un decorado. Al final del día y aunque algunos no nos gusten: Latinoamérica es "aún" un pueblo simpático al sur de los EE.UU. Autor: DR. JUAN LUIS OYARZO GÁLVEZ, ACADÉMICO, INGENIERO COMERCIAL.