Autor: ROBERTO CAREAGA C.
Entre la furia y la voz baja: la partida del poeta Germán Carrasco
Entre la furia y la voz baja: la partida del poeta Germán Carrasco V endía comida para perros en un almacén, eso es lo que respondía Germán Carrasco cuando le preguntaban cómo se ganaba la vida. Había sacado la idea de un personaje del novelista Germán Marín y era una forma de escapar de las expectativas: si decía que era poeta, según su experiencia, la gente esperaba una que otra extravagancia. Y quizás en su caso la posibilidad era real, pero lo que Carrasco pretendía era escapar de esa figura tan clásica del poeta chileno como personaje grandilocuente, heroico o incluso loco. “A todos, pero especialmente a esa gente, hay que señalarles que escribir es como hacer un sudoku o un crucigrama”, decía y, sin embargo, él estaba lejos de ser un autor de manual. Creía que el poema podía llegar donde la política y la religión se habían retirado.
“Si en el Congreso se suben el sueldo en el momento más cuestionado de su actuar y si los pastores llevan demasiado tiempo sin manguerear la vereda, si no hay autocrítica por ciertos actos de corrupción evidentes, ¿dónde se podría buscar la palabra, el discurso, el rezo, el delirio, el aliento, la crítica? Yo creo que en el poema”, decía Carrasco en una entrevista a “El Mercurio” en 2016, a pocos días de lanzar la antología Imagen y semejanza, un volumen publicado por editorial Lumen y que recogía, ya a esas alturas, una trayectoria de 20 años, en que la exuberancia y el control lingüístico operaban como soporte para una obra política y confrontacional, y también amorosa y vitalista. Era una obra en desarrollo que, tras una fulminante meningitis, se detuvo: falleció el 9 de febrero pasado. Considerado uno de los poetas principales de la llamada Generación de los 90, Carrasco murió a los 54 años.
Dejó un legado de más de 15 libros, incluyendo novelas y volúmenes de ensayos, pero, sobre todo, su género fue la poesía: títulos como La insidia del sol sobre las cosas (1998), Clavados (2003), Ruda (2010), Mantra de remos (2016) o Cripsis (2023) son parte de un trabajo que muy pronto concitaron elogios y admiración. “Un hombre apasionado por la literatura que se consumía con ella y por ella.
Encontró una manera de decir propia, recogiendo materiales cotidianos, imágenes vivas de las ciudades y armando con ellas artefactos donde los referentes cult u r a l e s f l u y e n c o n r i t m o s envolventes y certeros”, dijo la poeta Rosabetty Muñoz. “Fuera de serie, uno de los grandes poetas de Chile.
Mezcla de ángel y demonio”, asegura Raúl Zurita, aludiendo un rasgo característico de su biografía: aunque pregonaba que la “voz baja” era su tono en la escritura, también era personaje incisivo, dispuesto a discutir sin bajar la voz y que se enemistó con buena parte de la escena literaria. “La poesía no tiene para qué. Se hace no más, sin estudio de márketing. Es como el estallido social o un ataque de epilepsia”, dijo Carrasco en 2023 en una entrevista, pasando de la motivación de su escritura a un retrato del paisaje cultural. “Se equivocaba Violeta Parra cuando se pregunta qué he sacado con quererte. Con querer no se saca nada, hay que ir a pérdida. Amas nomás.
Cuando escribo aparecen mis amigos, aflora una búsqueda espiritual, demonios de clase media, como dice la canción, fáciles de vencer, chilenitos de clase media, niños consentidos por el poder, hijos de exiliados, hijos de alguna pseudo élite cagona. En fin, cabros tontos. Cuando escribes se aclaran cosas. La escritura es cualquier cosa excepto cálculo y esmero. El esmero es peso, lastre, piedras en la mochila, proyectismo fondartero, barseo de los fondos estatales”, añadió. La libertad de los 90 Nacido en 1971 en la comuna de Independencia, donde también murió, Carrasco estudió Lengua y Literatura Inglesa en la Universidad de Chile y fue becario de la Fundación Neruda.
Desde ahí se sumó a la nueva escena poética que se conformó con el regreso de la democracia, siendo parte de un grupo en que también estaban Javier Bello, Alejandro Zambra, Andrés Andwanter, Leonardo Sanhueza, Antonia Torres, Rafael Rubio, Verónica Jiménez.
Alguna vez, Bello los calificó “náufragos”: ya sin las coordenadas de la resistencia a la dictadura, escribían poniendo en suspenso la política, abrazando las técnicas de la lírica que el verso libre había evitado, acaso con la sombra cínica de Enrique Lihn sobre sus hombros.
“Con la sensación de no tener tendones lee su encierro / y los mapas que se descascaran del muro / A veces sale a horas insospechadas / cerrando puertas al silencio / o mira por la hendidura cómo rezan / y fuman las mujeres en los oscuro. / Se pregunta por qué / para qué fuman y rezan / por quién”, escribía Carrasco en su primer libro, La insidia del sol sobre las cosas, un volumen sobre un Santiago acalorado y lánguido, que ganaría el Premio Jorge Teillier. Luego, sería becario de la Universidad de Iowa y recibiría en 2001 el Premio Sor Juana Inés de la Cruz por el libro Clavados. En 2005, en tanto, ganó el Premio Pablo Neruda de Poesía Joven. “Yo pertenezco a los noventa: empezamos a publicar en democracia, salimos de las universidades y de lecturas que no se habían hecho. El neobarroco influyó de alguna manera en algunos; otros adoptamos las poéticas que tuvieron como punto de partida el objetivismo, la visualidad.
A mí se me hace que es la libertad de la que no gozaron las generaciones anteriores debido a los milicos que tenían cretinizado todo el país, incluida las voces de las poetas”, añadía, y el crítico Pedro Gandolfo cree que fue de los autores que lograron cruzar distintas escuelas literarias.
“A Carrasco le tocó mediar entre una corriente poética más objetivista, en que la poesía aparece como la manifestación de una realidad exterior, y una corriente subjetivista, en la que aflora como una expresión de un estado emotivo interno”, sostiene. “Su poesía no es ni una ni la otra. Logró construir una poética en que lo real se despliega a partir de una emoción implícita y, a su turno, las emociones se proyectan amortiguadamente en imágenes y figuras objetivas”, añade.
Raúl Zurita Juan Carreño OVARBLÚAR Contra el poeta de la patria Traductor de poetas estadounidenses como John Landry y Robert Creely, Carrasco decía que un autor como John Ashbery le entregó libertad al momento de escribir.
Fue, en todo caso, un lector disciplinado de la poesía chilena: “Gonzalo Rojas fue fundamental para mí, por su velocidad, por la invención de una prosodia”, aseguró en una crónica incluida en Retrato de una artista niña y otros apuntes (2019), donde también se lee un largo ensayo sobre la poesía chilena: “No se escribe haciendo tabula rasa”, anotaba ahí, reconociendo lazos que iban desde Gabriela Mistral hasta Lihn, incluyendo a Elvira Hernández, Thomas Harris o autores más jóvenes que él, como Gustavo Barrera o Juan Carreño.
Pero, en ese mismo texto, Carrasco insistía en rechazar la idea del poeta único que abunda en la tradición local: “La figura del poeta como representante de la patria heredada de las épicas nerudianas y rokhianas, el afán fundacional, dogmático y onmiabarcante de figuras, toda esa cosa chilena con alturas, aviones, cielos y totalidades nos juega muy en contra () Si Chile tiene un potencial es precisamente el de ser un país receptivo y abierto. Es ese el filón que nos permite más diversidad y libertad”, anotaba, aunque paralelamente mantenía una disputa constante con múltiples integrantes del paisaje literario. “Si había que decir algo, lo decía. Directamente. Alguien así no es cómodo. Creo que cumplía muy bien con la figura de grandes poetas incómodos; pienso en Passolini o Lemebel. En Enrique Lihn sobre todo, en el crítico cultural de El circo en llamas. Esa creo que es la gran fuente y el manantial de Germán”, dice Juan Carreño, originalmente alumno y luego amigo. Un cómplice finalmente de la obsesión por la naturaleza de Carrasco: iban juntos a la montaña. Subieron a la cordillera por Pelequén o el Maule, sobre todo subían por la Quebrada de Macul. “Obviamente, compartíamos lecturas, pero no era el Germán que estaba en la ciudad, el personaje, el francotirador, sin concesiones. Arriba en la montaña era otro sujeto”, dice Carreño. Desaparecer por completo Y aunque su poesía está marcada por el paisaje y ritmo urbano, la montaña y la naturaleza fueron entrando en sus poemas.
“Solo en el anonimato de las grandes catedrales / llenas de oficinitas y secretarias / moribundos y deudores / se puede dar un respiro en este trekking / y, claro, en las alturas / Gloria a dios en las alturas”, anotó en el libro Mantra de remos (2016), en el que también hacía de la geografía chilena la base para una escritura: “En un territorio sísmico solo es posible / Escribir con erratas, / Pintar con pinceles sucios, Filmar agramaticalmente / Y en formatos antiguos y obsoletos”. “En Carrasco se da una constante que pareciera obedecer a un proyecto poético que, en sus líneas generales, hubiese sido concebido desde un principio”, dice el crítico Pedro Gandolfo, que lo leyó y reseñó continuamente, siempre con admiración. “Los contenidos de su poesía cambian, por cierto, porque Carrasco era especialmente sensible a las alteraciones sociales y personales de su circunstancia. Era un sismógrafo. En la forma advierto, con todo, una evolución desde una poesía más cerebral y de laboratorio, finamente medida y pensada a una marcha, cuidadosa, no cabe duda, pero más suelta, arriesgada y vigorosa. Es como si fuera rejuveneciendo, permitiéndose saltos, quiebres y deslizamiento que antes contenía”, añade. En los últimos años, Carrasco sumó volúmenes de crónicas a su bibliografía (Prestar ropa, La mantis en el metro) e incluso en diciembre pasado lanzó su primera novela, B&B&V. En el híbrido Las overlistas de Patronato (2024) hacía un furioso paneo general sobre el paisaje cultural y político chileno, incluyendo el estallido social de 2019.
Diagnosticaba esta época como la cultura del “cerodramismo”: “Letras sonsas, novelas seudo zen, novelas en donde una pareja pasa en cama leyendo, demasiados nerds sin vida, demasiado desperté calentito patomar desayunito, demasiados actores burgueses interpretándose a sí mismos”, decía. En uno de sus últimos libros, Cripsis (2023), abordaba directamente la muerte. Sin dramatismo, la asumía siguiendo el significado de la palabra que le da título al volumen: la capacidad de camuflaje con la naturaleza de algunos animales para pasar inadvertido.
En el poema “Cita con un dios en alguna parte de Santiago”, decía: “Nací en un lugar fregado / Cabezas cerradas o cortadas, delaciones, /castigo a quienes se salen del formato / y a quienes juegan diferente. / He visto verdaderos homicidios / He visto ángeles descuartizados / He visto la orgía de la mediocridad. /¿Por qué me haces comparecer /si soy yo el que tiene dudas? / He leído a tus monjes y embajadores. / Es fácil distinguir a genuinos y charlatanes. / Te espero. / He estado horas / Seguiré esperándote / hasta hacer cripsis con el entorno / y desaparecer por completo”. Si había que decir algo, lo decía. Directamente. Alguien así no es cómodo. Creo que cumplía muy bien con la figura de grandes poetas incómodos; pienso en Passolini o Lemebel.
En Enrique Lihn sobre todo”... .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. . JUAN CARREÑO Autor: ROBERTO CAREAGA C.. “Mezcla de ángel y demonio”, dice Raúl Zurita del escritor que falleció hace dos semanas, considerado uno de los más relevantes de la poesía chilena de las últimas décadas.
Montañista y adepto a la guerrilla literaria, el autor de libros como La insidia del sol sobre las cosas, Ruda o Cripsis, atrapó el desánimo político de los 90 y a la vez fue un crítico furioso de los oficialismos culturales y políticos. PERFIL Murió a los 54 años ‘‘Si había que decir algo, lo decía. Directamente. Alguien así no es cómodo. Creo que cumplía muy bien con la figura de grandes poetas incómodos; pienso en Passolini o Lemebel. En Enrique Lihn sobre todo”... .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. . JUAN CARREÑO ‘‘Fuera de serie, uno de los grandes poetas de Chile. Mezcla de ángel y demonio”... .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. . RAÚL ZURITA ‘‘Fuera de serie, uno de los grandes poetas de Chile. Mezcla de ángel y demonio”... .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. . RAÚL ZURITA