Columnas de Opinión: Los tiempos difíciles demandan respuestas creativas
Columnas de Opinión: Los tiempos difíciles demandan respuestas creativas La discusión fiscal que marcó el cambio de mando presidencial y la llegada del nuevo gobierno de José Antonio Kast no es sólo un debate contable. Para la región del Biobío se trata de una cuestión estratégica. El importante déficit fiscal heredado de la administración anterior condicionará inevitablemente la capacidad de inversión pública durante los próximos años, particularmente en infraestructura, vivienda, conectividad y obras habilitantes que nuestra región necesita con urgencia.
Las primeras señales económicas del nuevo gobierno, con medidas orientadas a auditar el gasto público y destrabar proyectos de inversión hoy entrampados en procesos administrativos, reflejan con claridad la magnitud del desafío que enfrenta el país. En un escenario de estrechez fiscal, priorizar será una obligación.
Y cuando el Estado debe ajustar, las regiones suelen ser las primeras en sentir sus efectos, ya sea por la reducción de recursos sectoriales, retrasos en proyectos de alto impacto o postergación de iniciativas estratégicas que terminan afectando el dinamismo económico regional. La Región del Biobío puede, sin embargo, convertir este escenario complejo en una oportunidad de desarrollo. La respuesta no puede limitarse a esperar mayores transferencias de recursos desde Santiago, porque simplemente no llegarán en la magnitud que históricamente hemos conocido.
Debemos avanzar hacia una alianza público-privada robusta, moderna y transparente, capaz de apalancar inversión privada en proyectos de interés público, tales como concesiones bien estructuradas, asociaciones para el desarrollo de infraestructura logística, recuperación de bordes costeros, polos industriales y barrios integrados, movilizando capital sin sobrecargar aún más las cuentas fiscales. Con todo, los esfuerzos por reactivar a la Región del Biobío no pueden limitarse sólo a la infraestructura. Nuestra zona posee ventajas comparativas en sectores como el forestal y el alimentario. Durante décadas hemos sido exportadores de materias primas; tal vez este es el momento de convertirnos también en exportadores de conocimiento, apuntando hacia mercados globales más sofisticados. Avanzar en innovación en madera estructural avanzada, construcción industrializada, biomateriales, alimentos procesados con alto valor agregado y tecnologías para la trazabilidad y la sostenibilidad puede abrir nuevas oportunidades. Para ello se requiere fortalecer el ecosistema de innovación regional, lo que supone potenciar a las universidades, a los centros tecnológicos y a las empresas mediante financiamiento público focalizadoy con resultados comprobables. Incluso en un contexto de ajuste fiscal, es clave proteger, e idealmente ampliar, los recursos destinados a investigación aplicada e innovación productiva. Cada peso invertido en conocimiento tiene un efecto multiplicador mayor que el gasto corriente. Si el déficit fiscal limita la expansión del gasto público tradicional, debemos usar esa restricción como catalizador de un cambio profundo, estable y duradero. Se requiere más colaboración, más innovación y más visión regional. El desarrollo de la Región del Biobío no puede depender exclusivamente del ciclo político nacional. Nuestra zona tiene capital humano, posee una historia productiva y goza de una ubicación estratégica privilegiada. El desarrollo no es sólo un problema de recursos públicos. La transición fiscal que vive el país puede ser una amenaza o un punto de inflexión. Si optamos por la pasividad, profundizaremos la desaceleración. Si, en cambio, impulsamos alianzas inteligentes y apostamos por la innovación en nuestros sectores estratégicos, podremos transformar la restricción en un camino al desarrollo. El futuro económico del Biobío depende de nuestra capacidad de actuar con inteligencia, coordinación y visión de largo plazo. SERGIO JARA MUNDACA Gerente General Inmobiliaria Valmar. Opinión