Autor: Claudio Martínez Cerda Arquitecto
Columnas de Opinión: La extracción
Columnas de Opinión: La extracción La extracción", eufemismo usado para la captura de Nicolás Maduro por parte de los Estados Unidos desde el corazón de Venezuela, tuvo hace ya algunas décadas un símil en Chile. La historia es la siguiente. El 21 de septiembre de 1976 un coche voló por los aires a pocas cuadras de la Casa Blanca en Washington. En su interior iba el ex canciller Orlando Letelier y su asistente Ronni Moffitt, ambos murieron en la explosión. La primera reacción oficial fue inculpar de estos crímenes a la extrema izquierda como parte de un supuesto plan de desprestigio del gobierno.
El FBI, después de una minuciosa investigación, logró identificar como autores del doble asesinato a los agentes de la DINA, Michael Townley norteamericano-chileno, miembro del movimiento Patria y Libertad, reclutado por la DINA, y al capitán de ejército Armando Fernández Larios quien había ingresado junto a Townley a los EEUU, con la misión de asesinar a Letelier. El año 1978, el FBI logró identificar físicamente a estos agentes, aunque con otros nombres. Las fotos contenidas en pasaportes falsos estaban en manos de los norteamericanos.
Esto, gracias a la secretaria del consulado de USA en Asunción, en 1976 sacó copias a los pasaportes de los agentes de la DINA, al sospechar de un intento fraudulento para ingresar a USA desde Paraguay. Los agentes norteamericanos llegaron a Chile en 1978 con esas copias, y le exigieron al gobierno que convocara a los agentes por sus nombres falsos. El gobierno, que ignoraba que el FBI tenía los rostros de Townley y Fernández, envió a dos militares cualesquiera. Los norteamericanos dan un plazo de 24 horas para entregar a los verdaderos agentes de la DINA. Cumplido el plazo sin resultados, estos enviaron copia de los pasaportes al El Mercurio, el que los publicó al día siguiente en primera plana con los nombres falsos. Durante el día hubo dos llamados al periódico, el primero de ellos identificó a Townley, era su cliente en un taller de Austin Mini que este tenía en su casa en Lo Curro.
El segundo llamado fue de la hermana del capitán Fernández Larios, quien lo identifica y según dice lo hace para protegerlo de un posible asesinato de la propia DINA, con el objetivo de evitar que escale la investigación. El Mercurio publica al día siguiente las fotos de Townley y Fernández con sus nombres verdaderos. Estalla el escándalo y el gobierno desesperado intenta tranquilizar a los norteamericanos, que ya habían empezado la búsqueda de los dos involucrados, por las calles y barrios de Santiago. Para ello dicta un decreto de expulsión en contra de Michael Townley, invocando su condición de norteamericano que aún ostentaba. No obstante, este es ocultado para no ser capturado por el FBI, que se paseaba como Pedro por su casa por las calles de Santiago.
La defensa de Townley intentó reactivar un juicio antiguo contra el agente de la DINA, cuando este en pleno gobierno de la Unidad Popular asesinó a un pintor que hacia de guardia de una antena no autorizada de Canal 13 en Concepción.
El recurso llegó tarde, el FBI ya había ingresado al departamento del general Raul Iturriaga Nuemann, jefe operativo de la DINA, y desde un closet donde se había escondido, fue sacado y embarcado a los Estados Unidos. Allí se acogió al sistema de testigo protegido y confesó todo. Gracias a su confesión ya en democracia se esclareció completamente el crimen de Letelier. Sus autores intelectuales, Manuel Contreras y Pedro Espinoza, fueron condenados y recluidos en Punta Peuco. Autor: Claudio Martínez Cerda Arquitecto. Opinión