Columnas de Opinión: Profe, iActualízate!
Columnas de Opinión: Profe, iActualízate! Durante cuatro años, la misma cantaleta se repitió hasta el cansancio: «Los estamos preparando para la Universidad». La frase funcionaba como un perfecto comodín para justificar cualquier sinsentido académico, y uno, pobre iluso, se lo creía. Asumía con estoicismo ese campo de entrenamiento donde la consigna era aguantar, como si la educación media fuera el servicio militar obligatorio del mundo académico. Había que endurecerse porque después vendría lo peor. O al menos, eso nos decían. Pero resulta que no. Ahora que estoy adentro, que llevo el tiempo suficiente como para establecer comparaciones legítimas, puedo sostener que nos vendieron una película con guion inconsistente. ¿La universidad tiene estrés? Por supuesto. ¿ El tiempo escasea? Absolutamente. Pero no en el sentido que nos planteaban. La diferencia es abismal y conviene ponerla sobre la mesa, aunque incomode a más de algún profesor de media que atesora su creencia de estar haciendo lo correcto. En los liceos te asfixian con presentaciones, proyectos, investigaciones, informes, disertaciones, tareas, tareas, tareas ¡ ¡¡ y más tareas ! ! El mensaje implícito de aquello es que la universidad será eso multiplicado por diez.
Que vivirás enterrado en trabajos, que no dormirás por los informes, que tu existencia girará en torno al próximo PowerPoint. ¡ Humo. .. humo! La carga académica universitaria, generalmente se basa en evaluaciones tradicionales: pruebas escritas, pruebas orales, y de vez en cuando algún trabajo de mayor envergadura. No existe esa lluvia constante de mini tareas que te mantienen en vilo durante toda la semana. En la educación superior tienes dos o tres evaluaciones por asignatura en todo el semestre.
Suena más relajado, pero no lo es: son pruebas que concentran tantos contenidos que prepararlas requiere un gran esfuerzo y una planificación seria y Martina Aburto Quezada Estudiante de Derecho Universidad de Valparaíso. sostenida en el tiempo. Planificar el tiempo es uno de los desafíos relevantes. Y es precisamente ahí donde el sistema escolar se muestra enjuto, magro. Si de verdad hubiera intención de preparamos, harían justo lo contrario: menos tareas dispersas, menos notas acumulativas y menos de esa ansiedad cotidiana que genera una falsa sensación de productividad. Sería infinitamente más útil que nos acostumbraran a estudiar para pruebas densas, de esas que requieren semanas de preparación, de esas que realmente importan en la ponderación final. Dos o tres evaluaciones por asignatura, bien diseñadas, con niveles de exigencia que obliguen a organizarse en serio. Y ya que estamos en esto, conviene abordar el otro gran despropósito metodológico: la forma arcaica de tomar apuntes que se esmeran por perpetuar. En los liceos te enseñan hasta el último día que el profesor escribe en la pizarra o proyecta una presentación, y todos debemos copiar. Y esperan. Esperan hasta que el último estudiante termine de transcribir.
Amigos, profesores, los apuntes se escriben utilizando la tecnología, más allá de las prohibiciones de uso de hoy, la barrera más importante para abordar un adecuado uso de las Tics son los mismos docentes quienes le temen, no la comprenden y la combaten. Y luego los estudiantes llegamos a la universidad.
Allá, el profesor desarrolla su clase a su ritmo, sabe perfectamente que el 99% de los estudiantes toma apuntes con alguna herramienta digital y no va a esperar al rezagado que insiste en escribir a mano como si estuvieramos en 1950. Pueden dictar datos clave, fechas, conceptos, pero no van a pausar la clase por ti. Simplemente no funciona así. Si de verdad existieran las competencias de prepararnos para la educación superior, nos enseñarían a tomar apuntes con celular, tablet o computador. Nos mostrarían como usar herramientas como OneNote, GoodNotes, Notion o cualquier plataforma que permita organizar información a la velocidad que exige una clase universitaria. Nos enseñarían a sintetizar mientras el profesor habla, a capturar ideas, a usar la tecnología como aliada en lugar de verla como una enemiga que 'distrae'. Pero no.
Se prefiere mantener la ficción de que escribir a mano es más 'serio' o que así 'se aprende mejor'. Y mientras se sostiene ese debate estéril, los estudiantes llegan a la universidad perdidos, frustrados porque no alcanzan a escribir todo, porque el profesor ya va en la tercera diapositiva y ellos apenas van en la primera línea. El sistema está desfasado. La educación media insiste en prepararnos para una universidad que ya no existe, con métodos que tampoco existen y que quedaron en los recuerdos de los profesores. Nos saturan de tareas por inercia, justificándose con esa muletilla de «la U es peor», cuando la realidad es que la U no es peor, es simplemente distinta. Más exigente en algunos aspectos, más libre en otros, pero definitivamente no es esa máquina de triturar estudiantes con trabajos infinitos que nos pintaron durante cuatro años. Profesores de media, abandonen el discurso del terror y la sobrecarga académica como herramienta pedagógica.
Actualicen sus prácticas, asistan a la universidad a observar clases, aprendan a utilizar aplicaciones, programas, plataformas, investiguen, indaguen. .. Ustedes son investigadores por naturaleza que a través del ensayo y el error logran aprender. .. Con este nivel de compromiso y de trabajo pedagógico, podrán narrar empíricamente como es la universidad en tiempos actuales, lo que finalmente beneficiará a los estudiantes y convertirá a los profesores en verdaderos faros para quienes pretenden un futuro menos agreste en la universidad..