Autor: Francisco Catalán Mora Profesor de Inglés
Columnas de Opinión: No todos llegamos a la universidad a los 18 ...
Columnas de Opinión: No todos llegamos a la universidad a los 18. .. odavía me acuerdo de mis compañeros de la universidad. No todos llegamos al aula al mismo tiempo, ni con la misma mochila.
AlT gunos entramos apenas salimos del colegio; otros tuvieron que llegar un poco más "tarde". .. con hijos, con jornadas de trabajo encima, duelos y una vida entera que les había obligado a postergar sus sueños. Y aun así, llegaron. No tarde sino que cuando la vida se los permitía.
Por eso duele tanto escuchar que, bajo el llamado "Plan de Reconstrucción Nacional" presentado este sábado, se proponga limitar la gratuidad universitaria a personas mayores de 30 años, todo con la justificación de financiar la reconstrucción de hogares tras los incendios en la Región del Biobío. Y aquí hay que decirlo con todas sus letras: No se puede pretender construir casas minando el futuro del país. O como diría mi abuela Emilia: Desvestir un santo para vestir otro. Porque sí, reconstruir hogares es urgente. Nadie en su sano juicio podría negar la necesidad de responder con rapidez y recursos a las familias afectadas por los incendios. Pero enfrentar una tragedia social quitándole derechos a otro grupo de la población no es solidaridad: es crueldad administrada. Es poner a competir dolores. Es decirle a una madre de 34 años que quiere entrar a estudiar que su derecho vale menos porque llegó tarde. Es decirle a un trabajador de 36, que por fin puede pensar en titularse, que el Estado ya no tiene espacio para él. Cuando una persona mayor de 30 años entra a estudiar, no está "gastando recursos tarde"; está rompiendo un ciclo. Está cambiando el destino de su familia. Está ampliando el horizonte de sus hijos. Está demostrando que la educación no es un privilegio juvenil, sino un derecho humano permanente. Y aquí está el verdadero problema de esta propuesta: instala una idea profundamente injusta sobre quién "merece" estudiar. En Chile, la gratuidad no está pensada solo para estudiantes recién egresados.
El propio sistema actual permite que postulen estudiantes nuevos y antiguos, siempre que cumplan con los requisitos socioeconómicos y académicos; no existe hoy una barrera etaria para acceder al beneficio, en el Preuniversitario Popular lo vemos todo el tiempo, con nuestros estudiantes que son padres y madres, cuidadores o simplemente personas con un sueño. Y la vida, para demasiada gente en Chile, no funciona dentro de los plazos. Pienso otra vez en mis compañeros de generación. En quienes llegaban a clases después del trabajo. En quienes se iban corriendo a buscar a sus hijos. En quienes estudiaban con ansiedad, con deudas, con culpa, con sueño. En quienes no tenían el "perfil ideal" del universitario, pero tenían algo más importante: una convicción feroz de que estudiar todavía podía cambiarles la vida. A ellos, y a tantos otros, esta propuesta les dice que ya es tarde. Yo creo exactamente lo contrario. Autor: Francisco Catalán Mora Profesor de Inglés. C Columna