¿OPORTUNIDAD O COLAPSO?
¿ OPORTUNIDAD O COLAPSO? VIVIRLA VEJEZ ¿ OPORTUNIDAD O COLAPSO? Por_Agustín Squella Narducci El El envejecimiento es un proceso, mientras que la vejez es el resultado de ese proceso.
El envejecimiento es un largo proceso que se inicia al nacer y que concluye con un estado o condición condición que llamamos “vejez”, o también “senectud”, salvo que la muerte ocurra antes de completar dicho proceso. Todos vamos a morir y todos vamos a envejecer mientras vivamos lo suficiente como para llegar a ese estado o condición. Para “vejez” dejo de lado la palabra “decrepitud”, “decrepitud”, que tiene una connotación muy lesiva.
Cuando Séneca se refería a su amigo Aufidio Baso, empleaba esa oprobiosa palabra porque cada vez que se encontraba con él según decía el filósofo Baso se veía tan mal como si este “asistiera a su propio entierro”. Morir es un hecho que acaece a todo ser vivo, y llegada que sea la vejez, lo que sigue a continuación es el morir. Sabemos que después de la infancia viene la niñez, luego la adolescencia, a continuación la juventud, más tarde la adultez y, finalmente, la vejez. En cambio, a continuación de la vejez no hay, por así decirlo, otra estación que forme parte del viaje de vivir. Se trata de la estación de término en la que todos deberemos descender, si bien no todos lo haremos en un mismo momento. No hay otra “edad” a continuación de la vejez, la que a su vez, conduce inevitablemente a la muerte.
Así es como han funcionado siempre las cosas, quedando abiertos la especulación y el discernimiento acerca de cuánto más podría prolongarse prolongarse la vejez de una persona, y la de si sería factible evitar incluso el hecho de morir luego de envejecer. Las ciencias y tecnologías nos sorprenden a menudo y no tenemos completa seguridad acerca de hasta dónde podrán llegar en la génesis, protección, preservación y continuación de la vida humana.
Me atrevo a conjeturar, sin embargo, que en estas materias lo que estamos viviendo no es sólo un cambio de época, y tampoco de mundo, sino un cambio de humanidad, o, si se prefiere, una diversificación de lo humano. Tampoco hay “vejez”, sino “vejeces” así, en plural puesto que la vejez es biográfica y no todos la tenemos, vivimos ni llevamos de una misma y pareja manera.
Lo mismo pasa con la “niñez”. Sin perjuicio de lo cual, hay también una dimensión social de la vejez, y es por ello que sobre ésta se acuerdan políticas públicas y decisiones legislativas, administrativas yjudiciales a favor de quienes han llegado a este estado o condición.
Desde la antigüedad hasta nuestros días se cantan loas a la vejez, considerándola considerándola la edad dorada o de la sabiduría, a la vez que se expresan quejas y denuestos ante una condición de deterioro, caída y pérdida progresiva de las capacidades. ¿Es la vejez algo dichoso o se trata de una inevitable desdicha y hasta de una masacre? Cada persona que ha envejecido tiene una palabra que decir al respecto, respecto, aunque lo más común, según pienso y veo, es que haya tanto de una como de otra de esas vivencias y percepciones contrapuestas, aunque, y para ser veraces, es claramente más una pérdida que una oportunidad. Si se hubiera alcanzado una condición de mucha edad, queda el consuelo consuelo de que no tenemos una sola edad. La primera de estas es la edad cronológica, que todos sabemos de memoria o auxiliándonos del carné de identidad. Pero hay una edad biológica, cuya estimación puede ser dejada en manos de los gerontólogos, y que es la que efectivamente corresponde al cuerpo que examinan y evalúan esos especialistas. Está igualmente la edad psicológica, es decir, la que sentimos tener, y que por lo común es menor que la que declara el certificado de nacimiento.
Tenemos también una edad social, o sea, aquella que nos echan los demás, y que, al encontrarnos de pronto en la calle después de varios años sin vernos, se la miente diciéndonos: “Pero si estás igual” o “Eres un Donan Gray”, y cosas de ese tipo.
Agrego ahora la edad existencial, que es una especie de suma compensada de todas las anteriores y que cada individuo puede calcular introspectivamente. ¿Cuál es entonces nuestra edad? Nuevamente, lo que tenemos son “edades”, otra vez en plural, y aquella que hemos llamado “existencial” corresponde no exactamente a la edad psicológica, sino a una suerte de balance o promedio de las otras que hemos mencionado antes. La vejez ¿ cómo no?, suele ir acompañada de enfermedades que dan cuenta del deterioro de nuestro cuerpo y de sus distintos órganos e indicadores médicos.
Cuando alguna de las enfermedades es o son suficientemente serias, podemos decir que vamos como un “auto chocado”, chocado”, y esto por mucho que se nos haya dado una manito de pintura para que luzcamos mejor. En tales casos, es preferible emplear entonces entonces la palabra “perjudicado” y expresarnos de esta manera menos dramática dramática y posiblemente más elegante. “Cómo estás?”, nos preguntan, y lo que podemos responder es “Perjudicados”. “Cómo vas?” o “Cómo te encuentras?”, y la respuesta “perjudicado” tiene cierta clase o estilo y evita incurrir en confesiones plañideras. La vejez es siempre biográfica. No hay una sola manera de envejecer, o sea, de vivir o experimentar esa condición. La vejez no tiene por qué presentarse siempre como si se estuviera jugando a los descuentos, o sea, aprovechando los pocos minutos agregados por el árbitro del partido. partido.
La vejez puede ser más parecida a lo que en el futbol conocemos como “alargue”, aunque sin lo que se llama “gol de oro”, puesto que de dorada la vejez no tiene nada.. ¿OPORTUNIDAD O COLAPSO? Decíamos antes que algunos cantan loas a ella, mientras otros se quejan de los males que sobrevienen en la senectud. ¿Es la vejez una oportunidad o una capitulación? Lo más probable es que siempre tenga algo de una y de otra, de manera que no queda más que gestionarla lo mejor posible. No somos personas de una sola pieza y nadie es tampoco completamente estoico o enteramente enteramente epicúreo. En la vejez perdemos capacidades, es cierto, pero también es posible conservar algunas o desarrollar otras nuevas. Y si ya no tenemos deseos, por lo menos queda siempre el recuerdo del deseo.
Lo que sí está claro, tanto en Chile como en el mundo, mundo, es que están siendo más los que llegan a la vejez y que, a la vez, se la vive por un tiempo más prolongado. Hay un creciente mayor número de viejos y un mayor tiempo de permanencia en esta condición.
Sólo a un personaje de ficción literaria y cinematográfica le resultó resultó posible desarrollar la vida al revés, naciendo ya viejo digamos octogenario y avanzando luego lentamente hacia la unidad de neonatología. ¿Recuerdan ustedes «El curioso caso de Jeremy Button», el cuento de Francis Scott Fitzgerald y la película de David Fincher, cuya interpretación, en esta última, estuvo a cargo de Brad Pitt, acompañado de una Cate Blanchett que envejecía al lado de un marido que lucía cada vez más joven. Al nacer, Jeremy Button pidió a sus padres un bastón de regalo, y muchos años después, un biberón de leche en los minutos finales de vida. Envejecemos solos, pero no estamos solos, y las condiciones materiales materiales de existencia en la vejez, sino durante toda la vida, pueden hacer muy distinta una u otra vejez.
El ifiósofo Arthur Schopenhauer Schopenhauer admitió que durante la vejez se puede ser dichoso, pero que “en la pobreza la vejez es una desgracia”. Se trata de un estado que hay que tener muy en cuenta, individual y colectivamente, porque la asistencia y cuidados que se requieren no dependen sólo de aquellos que han envejecido, sino de todos quienes vivimos con ellos.
La palabra clave aquí vuelve a ser “solidaridad”. Solidaridad no sólo de parte del círculo familiar más cercano, sino de parientes, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, todos dispuestos a brindar apoyo en el momento de los cuidados.
Existe a veces la posibilidad de disponer de cuidadores cuidadores profesionales contratados como tales, si bien, como también se sabe, hay que prestar atención al cuidado de los propios cuidadores, cualquiera sea el tipo de vínculo que se tenga con quienes reciben los cuidados. Todos somos frágiles, vulnerables y dependientes en más de algún sentido, y nadie puede vérselas con la vida completamente solo. Sí, García Márquez habló de la vejez como un “honorable pacto con la soledad”, pero ese pacto puede y debe involucrar inevitablemente inevitablemente a otros. En definitiva, nos quedamos siempre solos, pero, entretanto, no estamos ni permanecemos aislados unos de otros. Agustín Squella Narducci es abogado, filósofo del Derecho, académico, escritor y político Independiente. Integrante de la Convención Constitucional en representación del 7 Distrito, Región de Valparaíso. Rector de la Universidad de Valparaíso, entre 1990-1998. Asesor Presidencial de Cultura, desde el año 2000 al 2003, bajo el Gobierno del Presidente Ricardo Lagos Escobar. Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, 2009.
Científico de Harvard logra revertir el envejecimiento en animales: Los ensayos en humanos comenzarán el próximo año (... ) David Sinclair, biólogo de la Universidad de Harvard, utilizó Inteligencia Artificial para rejuvenecer células y tejidos en monos y ratones. Ahora, está preparando ensayos clínicos en humanos” (www.iatercera.com, 15 de julio 2025) En la foto: «El curioso caso de Jeremy Button», el cuento de Francis Scott Fitzgerald y la película de David Fincher..