Autor: Por Guido Larson
Más allá del petróleo: la coyuntura crítica que representa Venezuela
Más allá del petróleo: la coyuntura crítica que representa Venezuela MINERALES ESTRATÉGICOS Respecto de lo primero, mucha atención se ha puesto a las declaraciones del propio Presidente Trump acerca de que uno de los motivantes de la acción sea el petróleo. Esta visión debe ser matizada.
Es cierto que Venezuela cuenta con las mayores reservas de petróleo del planeta; pero son yacimientos con capital degradado y que requieren de inversiones que según analistas del rubro podrían demorar más de una década en incorporarse a la oferta mundial. Quizás más importante, y prácticamente eludido en los análisis sobre el tema, se encuentra el hecho de que Venezuela es también rico en minerales estratégicos.
El país contiene depósitos de casiterita (dióxido de estaño), níquel, titanio, rodio, coltán y otros minerales raros que están emergiendo como insumos clave para industrias de alto valor y cadenas de suministro críticas a nivel global.
Cuando se va al último reporte relativo a minerales críticos elaborado que a veces se denomina Teoría de la Coyuntura Crítica, y que presupone la idea de que ciertos eventos o episodios específicos constituyen en sí mismos un suceso disruptivo para el sistema en sutotalidad. Pues bien, la operación de las fuerzas estadounidenses sobre territorio venezolano para capturar a Nicolás Maduro equivale a una disrupción de ese tipo.
Es un punto de inflexión geopolítica de enorme alcance, no sólo porque rompe con un modus operandi que, en rigor, no se veía en el continente desde 1989 (Noriega), sino porque reconfigura dinámicas regionales e internacionales en una serie de focos: la competencia por recursos críticos, las relaciones entre grandes potencias y las reglas del sistema internacional. u na hebra teórica del análisis político internacional se enfoca en lo por el Servicio Geológico Estadounidense, se identifican una serie de estos minerales como teniendo un riesgo estratégico para Estados Unidos. Son minerales donde la demanda es bastante mayor que la oferta interna, y donde interrupciones en las cadenas de suministro pueden generar efectos significativos sobre la economía. Estados Unidos, por ende, está enfrentando un cuello de botella de acceso a estos minerales.
De hecho, una parte sustancial de estas materias primas sale por canales no regulados hacia mercados que incluyen a China, principal actor en el procesamiento de tierras raras y materiales estratégicos, en una dinámica que hasta el sábado pasado erosionaba el control sobre estos recursos por parte del Estado central y favorecía a redes ilegales o corporativas externas. Y esto es clave.
Porque un cambio de mando facilitado por Washington, abre la puerta a un reordenamiento de ese flujo, especialmente si Estados Unidos busca reducir la dependencia de Asia y China en minerales esenciales para semiconductores, baterías y tecnologías de defensa. La nueva pulsión erótica de Washington sobre Groenlandia debe leerse en la misma línea.
Tomando en cuenta lo anterior, la inaudita operación de captura contra Maduro, involucra la aplicación de una estrategia que busca el control de recursos estratégicos y de rutas geoeconómicas, algo que en ningún caso resulta novedoso en la historia Mundial.
De hecho, si esta óptica analítica resulta acertada, es algo que tiene una semejanza a la forma en que recursos petroleros y mineros en África y Medio Oriente han intentado ser intervenidos en nombre de la seguridad energética o la protección de mercados globales. Por lo mismo, parece un tanto simplificado aludir al "petróleo" como motivante principal.
Más bien, 18 Venezuela es una pieza que asegura el acceso a insumos críticos en una economía global en plena transición tecnológica, elemento que por lo demás es reconocido en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos publicada en noviembre del año pasado. Ahora bien, no puede desconocerse que la operación de captura (o de secuestro: el debate semántico se encuentra en marcha), ocurre en un contexto de intensas tensiones geopolíticas entre grandes potencias. Tanto la Federación Rusa como China son aliados estratégicos de Venezuela, ofreciendo inversiones, apoyo diplomático y asistencia militar en diferentes grados. Para Rusia, que predeciblemente denuncia la acción como una violatoria del derecho internacional, el operativo tiene un efecto mixto. Por un lado, permite justificar sus propias operaciones agresivas en Ucrania y contribuye a sentar un precedente para legitimar el uso de la fuerza en nombre de intereses estratégicos.
DE CHINA A CHILE Para China, la pérdida de influencia directa de Caracas no parece, a primera vista, catastrófica -al final, Venezuela representa (o representaba) sólo una fracción de sus importaciones de crudo-, pero sí simbolizan una amenaza a su proyecto de asegurar cadenas alternativas de suministros de insumos tecnológicos clave mediante su Belt and Road Initiative. La conocida estrategia de la "diplomacia mineral" busca precisamente contrarrestar los embargos y controles de exportación que Estados Unidos y sus socios podían imponer sobre recursos estratégicos.
Este evento ciertamente puede incentivar e intensificar la competencia entre Washington y Beijing, en una circunstancia donde pareciera ser que ambos se mueven a establecer de facto zonas de influencia imperAP meabilizadas y con un poder hegemónico dominante.
Esto es muy importante como esquirla secundaria, porque en alguna medida puede obligar a la región a redefinir sus alineamientos, sea buscando autonomía, diversificando sus aliados, acomodándose a alguna de las pretensiones de las superpotencias o actuando pragmáticamente frente a bloques hegemónicos. La operación en Venezuela es un hito que empuja a Latinoaméricaa definirse en un mundo crecientemente multipolar, y donde la rivalidad sinoestadounidense se vuelve más explícita y menos blanda. El tercer foco relevante se encuentra en las implicancias institucionales. Muchos de los análisis que han emergido en estos días se han enfocado en la obviedad: que la operación contraviene principios básicos del derecho internacional. Y esto es, en estricto rigor, cierto.
Obviamente, el punto al que se apela en esta vertiente de análisis es que si un estado puede justificar la captura de un líder extranjero alegando narcotráfico, o corrupción, o crímenes transnacionales sin respaldo multilateral, la línea entre persecución legal y guerra política se desvanece. El riesgo es que otros actores ocupen el mismo raciocinio para justificar acciones similares, o que Estados Unidos pueda realizar operaciones análogas en contra de otros actores. Autor: Por Guido Larson. El cientista político Guido Larson, académico de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, analiza impensadas consecuencias geopolíticas tras la operación militar con la que EE.UU. capturó a Nicolás Maduro en Venezuela. PLATAFORMA PETROLÍFERA ABANDONADA EN VENEZUELA. NO SÓLO ESTE RECURSO SERÍA EL QUE NECESITA ESTADOS UNIDOS. GUIDO LARSON, ACADÉMICO DE LA FACULTAD DE GOBIERNO DE LA UNIVERSIDAD DEL DESARROLLO. Más allá del petróleo: la coyuntura crítica que representa Venezuela Todo eso es cierto.
Pero es falaz el raciocinio de "si pasó acá, puede pasar allá". No quiere decir automáticamente que todo país se encuentre en riesgo, porque dependerá de la ponderación estratégica que tenga para Estados Unidos y de la forma en que dicho país se encuentre alineado con sus intereses. Por lo mismo, el análisis jurídico parece, en este plano, un tanto irrelevante para comprender las preguntas centrales: motivación, objetivo, proyecciones.
Incluso si todos podemos concordar respecto del contenido jurídico y normativo, eso no nos acerca mucho a la comprensión del evento y que se basa, esencialmente, en la psicología de los tomadores de decisión, la evaluación estratégica a mediano y largo plazo al interior de la institucionalidad estadounidense, y las consecuencias razonables que se desprendan de lo anterior, incluido efectos sobre el país: nos guste o no nos guste lo que hace Trump. Para decirlo de otra manera: podríamos efectivamente entrar en un debate jurídico filosófico sobre la norma, el derecho y la moralidad de los actos estadounidenses. Pero eso desplaza la discusión de lo relevante: el análisis respecto de por qué Estados Unidos está haciendo lo que hace, qué es lo que busca, y que se proyecta de aquello. Con todo, el episodio del sábado 3 de enero y sus efectos de segundo y tercer grado observados desde entonces son más que un golpe táctico.
Es en realidad un síntoma del rediseño estratégico de la política exterior estadounidense en un mundo donde el acceso a recursos críticos, la competencia por cadenas de suministro y la confrontación entre grandes potencias, definen la geopolítica.
Para Latinoamérica en general, y Chile en particular, esto significa enfrentar un escenario donde las fronteras de la soberanía, el derecho internacional y la competencia por recursos se reconstruyen a través de acciones que no son solamente diplomáticas u económicas, sino militares y extrajudiciales. Naturalmente, si ese es el escenario, entonces estamos entrando en una nueva era de la política internacional. Y estamos, efectivamente, frente a un cambio epocal: uno más incierto, caótico e imprevisible que aquel que teníamos hace 10 o 20 años atrás. Se requerirá de enorme inteligencia, audacia y creatividad, para enfrentar sus consecuencias; y para navegar adecuadamente el formidable desafío que tenemos por delante. 03 Autor: Por Guido Larson.