Editorial: León XIV, la IA y el silencio porteño
Editorial: León XIV, la IA y el silencio porteño ace falta coraje para que un Papa dedique su primera gran encíclica no a un tema cómodo, sino al más inquietante de nuestra época.
Con Magnifica humanitas, León XIV se sitúa donde hoy se decide el futuro: la inH teligencia artificial y, con ella, la pregunta de si el ser humano seguirá siendo el centro o pasará a ser un dato más en la ecuación. La valentía está en negarse a las respuestas fáciles. El Papano bendice "entusiasmos ingenuos" ni alimenta "miedos estériles": rechaza tanto el tecnooptimismo que ve en cada algoritmo una salvación como el catastrofismo que paraliza. Y nombra sin eufemismos al poder real detrás de la tecnología: ya no son los Estados, sino actores privados transnacionales con más recursos que muchos gobiernos. Decirlo desde el Vaticano, mientras esas corporaciones moldean la conversación global, noes un gesto neutro. El argumento se sostiene en dos imágenes bíblicas que el Papa maneja con destreza literaria: la torre de Babel y la reconstrucción de los muros de Jerusalén. Babel es la civilización del orgullo, la uniformidad que reduce "el misterio de la persona" a datos y rendimientos. La elección, dice, no es entre decir "sî" o "no" a la tecnología, sino entre construir Babel o reconstruir Jerusalén.
Ahí brillan sus referencias culturales: recupera a Romano Guardini ("el hombre moderno no está preparado para utilizar el poder con acierto") y cierra con Tolkien, citando al barbado Gandalfen El Señor de los Anillos ("no nos corresponde dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos toca vivir). Cómono, asoma Hannah Arendt, con su súbdito ideal del totalitarismo, sin distinción entre hecho y ficción; y también invoca a San Agustín para recordar que ninguna máquina saciará el deseo humano de plenitud. Y aquí surge una pregunta local incómoda.
Valparaíso es ciudad universitaria por definición, y la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso reúne, como ninguna otra institución de la región, las dos competencias que esta encíclica exige cruzar: el desarrollo tecnológico y la reflexión filosófica y teológica de raíz católica.
Sería natural que una casa de estudios con ese ADN tomara la palabra sobre el documento, lo discutiera, lollevara a sus aulas y a la plaza pública, tal como lo ha hecho la PUC capitalina por intermedio de su rector, Juan Carlos de la Llera, su exrector, Ignacio Sánchez, y su vicerrectora de Inteligencia Digital, la sorprendente viñamarina y exalumna del Saint Margaret's, Paula Aguirre Aparicio.
Lo mismo debiera exigirsele al arzobispo de Valparaíso: una encíclica des vergadura pide una voz pastoral que la traduzca al territorio.. La encíclica Magnifica humanitas, con estupendas citas a Guardini, Tolkien, Arendt y San Agustín, es un faro de luz. E Editorial