Autor: NICK TIMIRAOS The Wall Street Journal
El largo camino de Warsh hasta la presidencia de la Fed
El largo camino de Warsh hasta la presidencia de la Fed CONTENIDO LICENCIADO POR THE WALL STREET JOURNAL Kevin Warsh lleva más de una década preparándose para liderar la Reserva Federal. Creyó que tendría el puesto en 2017, pero el Presidente Trump tenía dudas. Warsh parecía demasiado joven y su historial de preocupación por la inflación sugería que quizá no mantendría las tasas tan bajas como Trump quería. Trump eligió en su lugar a Jerome Powell. Warsh perseveró: criticó públicamente a Powell, cultivó vínculos con el entorno de Trump y promovió la agenda económica del Presidente. Ahora, a los 55 años, finalmente obtiene el cargo. La mañana del viernes pasado, Trump dijo que lo nominará para el puesto. Si el Senado confirma su designación, Warsh sucederá a Powell, quien ha sido blanco de ataques sostenidos del Presidente por no recortar las tasas de interés. El mandato de Powell como presidente de la Fed expira a mediados de mayo. Warsh integró durante cinco años el directorio de gobernadores (Board of Governors) de la Fed, ayudando a conducir la respuesta del banco central a la crisis financiera de 2008-09. Desde que dejó la institución hace 15 años, ha subrayado en ensayos, discursos y entrevistas cómo, a su juicio, la Fed ha quedado al debe. Dado que los republicanos cuentan con una mayoría de 5347 en el Senado, la confirmación final de Warsh parece asegurada, aunque no exenta de complicaciones.
Está en juego una investigación del Departamento de Justicia sobre el banco central que Powell y legisladores de ambos partidos han descrito como parte de una campaña de presión más amplia para forzar tasas más bajas.
El senador Thom Tillis (R., Carolina del Norte), integrante del comité que tramita las nominaciones a la Fed, se comprometió a oponerse a cualquier confirmación incluida la de Warsh, a quien describió el viernes como “un nominado calificado, con un profundo entendimiento de la política monetaria” hasta que la indagatoria se resuelva. La designación de Warsh podría marcar el cambio de guardia más significativo en la Fed en generaciones. En 1979, Paul Volcker asumió el control del banco central y reorientó de forma drástica su enfoque frente a la inflación. Alan Greenspan lo sucedió en 1987, y él y todos los presidentes posteriores han enfatizado la continuidad con sus predecesores.
Warsh ha prometido una ruptura clara: una revisión integral de las tenencias de activos de la Fed, de su marco de política, de su rol en la economía y de su relación con el Poder Ejecutivo. Excolegas de Warsh dicen que su retórica no debe confundirse con rigidez. “No es un ideólogo”, señaló Randall Kroszner, quien integró el directorio de la Fed junto a Warsh entre 2006 y 2009. “Desde que lo conozco, ha sido alguien que intenta hacer que las cosas ocurran.
Su enfoque es: Definamos los objetivos con la mayor claridad posible y luego encontremos el mejor camino para acercarnos lo más que se pueda a ellos”. La Fed recortó tasas en tres ocasiones hacia fines de 2025, pero los funcionarios estuvieron inusualmente divididos respecto de si ese era el mejor curso de acción. Powell lideró el recorte el año pasado pese a las divisiones, por temor a que el mercado laboral fuera más frágil de lo que parecía en la superficie. Otros creen que la Fed no debería estar recortando, dado que los mercados de activos se mantienen firmes y las empresas están traspasando alzas de costos impulsadas por aranceles. En entrevistas televisivas y apariciones públicas, Warsh ha evitado precisar cómo manejaría esos dilemas.
En cambio, ha invocado de manera general el ejemplo del expresidente de la Fed Alan Greenspan, quien a mediados de los años noventa se abstuvo de subir tasas mientras la economía se expandía de forma sostenida, porque las presiones inflacionarias eran leves. Posteriormente, la Fed de Greenspan elevó tasas cuando la burbuja punto com se infló a fines de esa década. Warsh advirtió en 2021, de manera premonitoria, que la Fed estaba sembrando las semillas de un problema inflacionario mayor al seguir comprando grandes volúmenes de bonos del Tesoro y títulos respaldados por hipotecas.
Warsh ha puesto en el centro de su candidatura una reestructuración integral del portafolio de activos de la Fed, de US$ 6,6 billones, que, según ha dicho, es demasiado grande y debería ser parte de un nuevo acuerdo con el Departamento del Tesoro que reduzca la huella del banco central en los mercados monetarios. En años recientes, Warsh también ha pedido una regulación más estricta de las criptomonedas privadas, algo que encontró fuerte resistencia entre muchos republicanos en esta década. Varias personas que han conGREBMOOLB versado con Warsh dicen haberse sorprendido por lo que consideran la naturaleza cáustica de sus críticas a los líderes de la Fed. Exfuncionarios del banco central han sugerido que Warsh podría enfrentar suspicacias de sus nuevos colegas, dada la forma en que desestimó los ataques de Trump a la institución. “Ese va a ser un problema real”, dijo Richard Fisher, quien fue presidente de la Fed de Dallas durante el período de Warsh en el directorio.
“Kevin va a tener que trabajar muy duro para superar lo que percibo como una sensación entre el personal del directorio de la Reserva Federal de que él atacó a la Fed y casi le dio la espalda inmediatamente después de irse”. En 2010, cuando Warsh aún era gobernador de la Fed y algunos republicanos estaban descontentos porque las bajas tasas ayudaban a la administración Obama a financiar déficits mayores, Warsh no se limitó a defender la independencia de la Fed de pasada: dedicó un discurso completo al tema, titulado “Una oda a la independencia”. “Cualquier intento de influir de manera inapropiada en la conducción de la política de la Fed recibiría una reprimenda fuerte y categórica por parte de los funcionarios de la Fed y de los participantes del mercado”, dijo ante una audiencia de especialistas en política monetaria.
“La única popularidad que los banqueros centrales deberían buscar, si es que alguna, es en los libros de historia”. Warsh advirtió que los gobiernos estarían “tentados a influir en el banco central para mantener una política monetaria más laxa por más tiempo, con el fin de financiar la deuda”. La credibilidad de la Fed exigía una “independencia férrea frente a los caprichos de Washington”, sostuvo. Más recientemente, Warsh ha sugerido que los líderes de la Fed han utilizado la independencia para protegerse de una rendición de cuentas adecuada por errores de política. En un discurso el año pasado, argumentó que la Fed había perdido su derecho a reclamar independencia al fallar en su misión central. “Los banqueros centrales no deberían ser príncipes mimados”, dijo Warsh. El otoño pasado, Warsh desestimó un escrito presentado ante la Corte Suprema y firmado por todos los expresidentes vivos de la Fed y por un grupo bipartidista de exsecretarios del Tesoro. En él advertían que la independencia de la Fed frente a la Casa Blanca se perdería si el Presidente lograba despedir a la gobernadora Lisa Cook. “No sabía que la experiencia de los altos funcionarios económicos del Tesoro y de la Reserva Federal llegara hasta la jurisprudencia constitucional”, dijo a Barrons. Ahora, el éxito de Warsh en el cargo podría depender de satisfacer a un Presidente que espera que la Fed siga su línea y de convencer a colegas que han pasado años recibiendo sus críticas. El presidente de la Fed ejerce una influencia enorme, pero no puede actuar solo. La política monetaria la fija un comité, y forjar consensos entre 19 responsables con fuerte carácter cada uno con su propia lectura de la economía es una parte central del trabajo. Un gobernador joven Warsh, cuyo padre fabricaba uniformes escolares, creció en el norte del estado de Nueva York. En la Universidad de Stanford desarrolló una habilidad para abrirse paso, mediante redes de contacto, hacia salas donde había personas que podían ayudarlo, y para impresionarlas una vez dentro.
En 2002, cuando un asesor de la Casa Blanca de Bush llamó a un economista de Stanford en busca de un joven talento, el profesor ofreció de inmediato a Warsh: “El estudiante más brillante con el que he trabajado”. Cuando Ben Bernanke se incorporó a la Casa Blanca en 2005 en lo que luego se revelaría como una audición para reemplazar a Alan Greenspan en la presidencia de la Fed, Warsh se volvió útil. Ayudó a Bernanke a prepararse para sus audiencias de confirmación en el Senado y luego consiguió su propio nombramiento en el directorio de la Fed en 2006. A los 35 años, Warsh se convirtió en el más joven en asumir el cargo. Su conocimiento de los mercados y sus conexiones políticas resultaron invaluables durante la crisis financiera, acercándolo a la acción más que a colegas con mayor trayectoria.
Se volvió tan indispensable para Bernanke como intermediario con los jefes de Wall Street y los líderes republicanos, que entre el personal de la Fed se volvió común escuchar: “¿ Lo revisó Warsh?”. Un exfuncionario recordó cómo Warsh, siendo gobernador de la Fed por derecho propio, se presentaba ante los legisladores como un asistente de Bernanke, minimizando de forma drástica su rol. En política económica, Warsh solía estar más preocupado por los riesgos de una inflación más alta que por un crecimiento más débil. Temía, de manera equivocada como se vio después, que las tasas ultrabajas y los elevados déficits fiscales en los años inmediatamente posteriores a la crisis llevarían a una inflación elevada.
En 2010, Warsh sostuvo que, al intentar empujar a la baja las tasas de largo plazo, la Fed estaba permitiendo que el Congreso y la Casa Blanca eludieran decisiones que, a su juicio, debían tomar para encaminar a Estados Unidos hacia una base económica más sólida.
“Deberíamos traspasarles la carga a ellos”, dijo Warsh a sus colegas durante un momento tenso en una reunión de política de noviembre de 2010, cuando en privado argumentó contra un programa de compra de bonos impulsado por Bernanke. Bernanke no siguió su consejo. “La realidad era que la Fed era el único juego en la ciudad. Nos correspondía hacer lo que pudiéramos, por imperfectas que fueran nuestras herramientas”, escribió Bernanke en sus memorias de 2015. Warsh votó a favor del programa de estímulo, conocido como flexibilización cuantitativa, por lealtad a Bernanke, aunque días después lo cuestionó públicamente en una columna de opinión en The Wall Street Journal. Esa maniobra le ayudó a posicionarse como un insider convertido en outsider dentro de un Partido Republicano que se estaba volviendo hostil a Bernanke. Pero también irritó a colegas que creían que esas críticas minarían la eficacia de la política al sembrar dudas sobre cuánto tiempo la Fed sostendría el programa. Warsh dejó la Fed en 2011 y se convirtió en investigador del Hoover Institution de Stanford, se incorporó al directorio de United Parcel Service y trabajó con el inversionista de hedge funds Stanley Druckenmiller. Está casado con Jane Lauder, nieta de la magnate de cosméticos Estée Lauder e hija de Ronald Lauder, un importante donante republicano y excompañero de estudios de Trump.
Aún estando en la Fed, Warsh lamentaba que el banco central no pudiera resolver todos los problemas de la economía, incluidas políticas potencialmente erradas impulsadas por el Congreso o la Casa Blanca, que en ese momento estaban controlados por los demócratas. “La Reserva Federal no es un taller de reparación de políticas fiscales, comerciales o regulatorias defectuosas”, dijo pocos meses antes de dejar la institución. WARSH integró durante cinco años el directorio de gobernadores (Board of Governors) de la Fed. Autor: NICK TIMIRAOS The Wall Street Journal. La elección de Trump para el cargo es una de las decisiones de personal más importantes que debía resolver durante su mandato. Abogado, banquero y conocedor de Wall Street: WARSH integró durante cinco años el directorio de gobernadores (Board of Governors) de la Fed. Kevin Warsh fue gobernador de la Reserva Federal de Estados Unidosentre 2006 y 2011.