Editorial: La Ley Lafkenche y la necesidad de equilibrio
Editorial: La Ley Lafkenche y la necesidad de equilibrio L la Ley Lafkenche era, tarde o temprano, inevicotidiana. table.
No porque la normativa Por eso, el anuncio del Ejecutivo carezca de sentido o legitimidad abre una oportunidad importante: revisar una ley que, aunque nació con objetivos legítimos de reconocimiento y protección cultural, en su origen, sino porque con los años se fue acumulando una tensión creciente entre la protección de espacios costeros para pueblos hoy evidencia dificultades prácticas que requieren correcciones y mayor claridad. originarios y las necesidades de desarrollo productivo, principalmente de las regiones australes. Sin embargo, el debate exige responsabilidad y equilibrio. Porque tan equivocado seria negar los Magallanes conoce bien esa discusión. Durante años, distintos sectores ligados a la pesca artesanal, la salproblemas actuales de la normativa, como transformar la discusión en una ofensiva contra los derechos de los pueblos originarios. La Ley Lafkenche surgió precisamente monicultura, el desarrollo portuario e incluso iniciativas turísticas han advertido que la expansión de solicitudes ECMPO terminó generando incertidumbre sobre amplias zonas para reconocer una relación ancesdel borde costero. No se trata simtral entre comunidades indígenas y el borde costero, una realidad plemente de una discusión jurídica a decisión del gobierno o administrativa. Está en juego el histórica que durante décadas fue únicamente en Puerto Montt.
Las de José Antonio Kast de uso futuro del territorio maritimo invisibilizada por el Estado. regiones australes tienen dinámien regiones donde el mar es parte esencial de la economia y de la vida cas distintas, geografias distintas y El desafío, entonces, no es eliminar derechos, sino compatibilizarlos tensiones propias. impulsar modificaciones de mejor manera con el desarrollo El riesgo de politizar excesivaregional. Magallanes esa convivencia resulta especialmente sensible. Aqui confluyen intereses productivos estratégicos, actividades tradicionales, conservación ambiental y también comunidades indígenas con legítimas aspiraciones de resguardo territorial y cultural. Cuando las reglas generan paralización, incertidumbre o conflictos permanentes, el problema no es únicamente económico, pues también se erosiona la convivencia regional. Por eso es relevante que el gobierno entienda que esta discusión no puede quedar reducida a Santiago ni tampoco concentrarse mente el tema es enorme. Cuando las posiciones se extreman, desaparecen los espacios para construir soluciones razonables. Ni el desarrollo productivo puede avanzar ignorando derechos indigenas, ni la regulación puede transformarse en un factor permanente de bloqueo para actividades esenciales en regiones extremas. La revisión de la Ley Lafkenche puede ser una oportunidad para modernizar procedimientos, acotar incertidumbres y generar mayores certezas para todos los actores involucrados. Pero eso sólo será posible si el debate se realiza con diálogo real, participación regional y voluntad de equilibrio..