Editorial: Especies en peligro
Editorial: Especies en peligro La Región de Coquimbo no es un desierto vacío. Es un cofre biológico que alberga especies únicas, forjadas durante millones de años en condiciones extremas. Sin embargo, ese patrimonio silencioso se está desmoronando bajo el peso de la megasequía, la expansión urbana y la degradación de los ecosistemas. Plantas como el Lucumillo, que solo existe en una estrecha franja costera de Elqui, están envejeciendo sin dejar descendencia. Lleva el nombre de Coquimbo y podría desaparecer sin que lo notemos, víctima del loteo de terrenos y la presión inmobiliaria. Lo mismo ocurre con la palma chilena, el zorro culpeo o la chinchilla. Cada especie perdida es un eslabón roto en la trama que permite infiltrar agua, sostener polinizadores y evitar la erosión. Las imágenes satelitales muestran que los cerros se han "pardeado" sostenidamente desde el 2000: no es paisaje, es estrés biológico. La flora nativa no es un adorno; es la infraestructura que sostiene la vida en esta tierra árida. Proteger esta herencia no es solo tarea de autoridades.
Reemplazar especies exóticas por nativas, ahorrar agua, no arrancar cactus y sumarse a la ciencia ciudadana son gestos que evitan que el bosque relicto de Fray Jorge o las quebradas costeras se conviertan en un recuerdo. La naturaleza ha resistido en silencio; ahora nos toca hablar y actuar por ella. Las decisiones de hoy escribirán el epitafio o la continuación de una historia irrepetible.. Plantas únicas como el Lucumillo, que solo existe en una estrecha franja costera de Elqui, están envejeciendo sin dejar descendencia.