Autor: Daniel Zapata Zapata
La madre de todas las batallas
La madre de todas las batallas Señor director: Día a día observo que cada vez es más difícil para millones de familias chilenas poder llegar a fin de mes con sus ingresos.
Sin ser especialista de nada y sólo con la observación y la experiencia de mis casi 76 años, he llegado al convencimiento de que esto se debe, no a los bajos salarios en nuestro país (que podrían ser mejores si crecemos más y somos más productivos), sino a los múltiples abusos que van de "chincol a jote" en los precios, especialmente en bienes esenciales: alimentos, agua, educación, electricidad, gas, medicamentos, peajes, arriendos, entre otros. Estoy convencido de que todos estos bienes podrían y deberían tener en Chile precios más accesibles para las familias, algunos hasta la mitad de lo que hoy se cobra. Piensen ustedes cómo mejoraría la situación económica de las familias con el mismo salario.
Como empresario del rubro farmacéutico, uno de los más abusivos del mundo, sé que cientos de medicamentos esenciales valen al público 5 a 10 veces más que en la Unión Europea; ni hablar de India, donde estos mismos medicamentos pueden llegar a valores 10 o más veces menores. Conocedor de los precios internacionales, sé que es posible disminuir al menos en un 50 % los precios de aquellos elaborados por laboratorios establecidos en nuestro país. Ahora si consiguen elaborar en recetario magistral en farmacias habilitadas para ello, los valores pueden disminuir varias veces más. Otro ejemplo de abuso es el de los alimentos básicos, frutas y verduras.
En mis tiempos de adolescente, allá por los '60, viviendo en una población a orillas del zanjón de la aguada, arrendaba un carretón de mano e iba a la Vega Central o Poniente para comerciar con cebollas, sandías u otros productos.
Como joven, sin educación ni conciencia del valor del dinero, y siguiendo pautas de comerciantes con más experiencia, multiplicaba diariamente mi inversión de compra en un 100 %. Es decir, si una trenza de cebollas me costaba $500, yo la comercializaba por $1.000. Hoy esta práctica se ha multiplicado, a través de intermediarios que elevan los precios de manera indiscriminada, sin agregar ni un valor en ese ejercicio. En todos los bienes esenciales mencionados, y en muchos otros, estoy convencido de que existen abusos en sus precios.
Si estoy equivocado, agradecería que los empresarios o comerciantes pudieran expresar por esta vía y en forma fundada sus explicaciones sobre el por qué de sus precios, en especial los "amigos" de la Vega Central, empresarios del rubro farmacéutico, y aquellos que arriendan propiedades a precios que significan muchas veces el salario mensual del jefe de familia. Autor: Daniel Zapata Zapata.