Autor: M. CORDANO
Hasta cuatro años generales y luego (si se quiere) una especialización: así se estudia en Europa y EE.UU.
Hasta cuatro años generales y luego (si se quiere) una especialización: así se estudia en Europa y EE.UU.
En las últimas semanas, la duración de las carreras universitarias a nivel país se instaló en el centro del debate luego de que dos diputados solicitaran al Ministerio de Educación evaluar la posibilidad de acortar los programas de pregrado en Chile y tras varias cartas al director de “El Mercurio” sobre el tema. Y es que mientras a nivel nacional las carreras universitarias suelen durar cinco años o más, en muchos países OCDE el primer grado universitario se obtiene en un máximo de cuatro.
Este no siempre fue el caso para Europa: tras cuestionamientos a programas largos y rígidos obtener la Laurea italiana tomaba cerca de seis años, por ejemplo, en 1999 los ministros de Educación de la zona impulsaron el llamado Proceso de Bolonia, que los llevó a separar el estudio en ciclos: el primero es el bachelor, que dura entre 3 y 4 años y supone una educación más generalista (pero que de todas formas se considera un título válido para poder trabajar). Le sigue el máster, que toma entre 1y 2 años e implica más especialización. Así, no se concentra todo en una sola etapa, como suele ser común en Chile.
“Todo el sistema se basa en una estructura de títulos comparables pero flexibles: diplomas cortos de unos 180-240 créditos; grados de no menos de 360480; másteres de 90-120 y doctorados con o sin créditos de una duración de unos 3 años”, comenta a “El Mercurio” Guy Haug, especialista en política universitaria y uno de los académicos que EFE desarrolló el Proceso de Bolonia. “Otros puntos claves son la gran diversidad de instituciones y currículos, y la existencia de pasarelas entre las distintas instituciones de educación superior”, explica. Esto porque al definirse un estándar común entre los países miembros, hay un reconocimiento de trayectorias entre unos y otros.
Formación integral De esta forma, en Europa no se plantea la idea de haber “acortado” carreras hace 27 años, sino la de haber sacado adelante un modelo que cambia la arquitectura del sistema y distribuye la formación de manera distinta; primero con un grado general y luego con la opción de especializarse en cualquier nación en convenio de forma progresiva. El caso de Estados Unidos es similar en cuanto a la duración del grado de bachelor, porque también tiende a ser de 4 años. Pero a diferencia de Europa, el contenido en esta primera etapa suele ser mucho más flexible, sin que los alumnos se centren en una sola temática. “El sistema de pregrado tiene una duración de 4 años, durante los cuales los estudiantes deben cursar diversas asignaturas en diferentes áreas. A esto se le conoce como una educación liberal, para proporcionar una formación integral”, señala Ellen Hazelkorn, profesora emérita de la Universidad Tecnológica de Dublín, donde se especializa en investigar sobre educación superior. “El siguiente nivel continúa es la maestría, que ofrece la oportunidad de especializarse dentro de un mismo campo o bien cambiar de área de estudio.
Por ejemplo, alguien puede elegir historia o ciencias (como temáticas a tratar en su pregrado) y luego optar por los negocios”, indica, agregando que un inconveniente de los programas muy largos es que “no ofrecen oportunidades para que los estudiantes cambien de área de estudio ni se desarrollen de otras maneras”. En ese sentido, Guy Haug plantea que “el pregrado en Chile es excepcionalmente largo, especializado y dividido”, lo que bajo su mirada implica que el país “no desarrolla todos los distintos tipos de talento de su población” y que además, los “tiene congelados más tiempo”. Menos de 2 de cada 10 estudiantes chilenos (16%) completa su carrera a tiempo, “frente a un promedio del 43% en los países de la OCDE”, advierte Andrés Barrios, especialista en Economía de la Educación y director del Human Development Lab de la U. de los Andes. Salidas intermedias Refiriéndose a los modelos europeos y estadounidenses, Barrios comenta que “el pregrado no pretende ser el producto formativo final.
Es un primer peldaño que habilita para el mercado laboral, pero también para continuar estudiando, y eso permite diseñar planes de estudio especializados en distintas etapas que no buscan abarcar todo de una vez”. El académico cree que en el caso chileno, lo que se debe rescatar de estas experiencias es la lógica que las inspiró: “Separar la formación en etapas claras con salidas intermedias reconocidas, tanto para el mercado laboral como para continuar estudiando”, señala. Frente al auge de la tecnología y la necesidad de adaptarse a cambios acelerados, Ellen Hazelkorn plantea que a futuro, es probable que los programas se sigan reduciendo en duración.
“Hay más indicios de que los empleadores están dejando de lado las credenciales universitarias tradicionales a la hora de contratar, optando en cambio por microcredenciales o cualificaciones alternativas, además de experiencia reconocida”. En un informe de 2025, la Unesco define a las microcredenciales como “registros formales de pequeñas unidades de aprendizaje, que pueden ser digitales, híbridas o presenciales, de duración variable, y que están diseñadas para mejorar habilidades específicas”. Autor: M. CORDANO.
N En países de la OCDE, el primer grado universitario se puede obtener incluso en tres años, entregando la posibilidad de salir al mercado en un menor plazo y volver a profundizar en caso de desearlo. Esto provoca que el 43% de los alumnos termine sus carreras a tiempo.
En Chile la cifra es del 16%. En el país actualmente se debate la duración de las carreras de educación superior “La clave está en que estos sistemas no intentan resolverlo todo en una sola carrera”, dice sobre el modelo que se aplica en muchos países OCDE Andrés Barrios, académico de la U. de los Andes.