Autor: Ricardo Greene, Doctor en Antropología
Columnas de Opinión: ¿Qué es buena arquitectura?
Columnas de Opinión: ¿ Qué es buena arquitectura? E n una sala de espera encontré una de esas revistas brillantes de arquitectura y diseño que uno hojea sin mucho propósito. Había una casa rural, suntuosa, fotografiada al atardecer. Madera oscura, grandes ventanales, techo a dos aguas con una inclinación estudiada. Todo en su lugar. No había personas, animales ni maleza asomando entre las piedras. Sólo la casa, entera y quieta, como fuera del tiempo, flotando en un paisaje que parecía existir sólo para contenerla. El texto decía que el arquitecto había ganado un gran premio internacional, y no pude dejar de preguntarme si eso era realmente buena arquitectura. La pregunta no tiene una respuesta única, y nunca la ha tenido. Para la arquitectura moderna, una obra es buena cuando la forma sigue a la función y el espacio fluye sin fricciones. Para el brutalismo, la honestidad material, sin disfraces, lo es todo. El barroco tenía otra convicción: la grandiosidad era una forma de poder y de fe, y la buena arquitectura debía elevar el espíritu para recordarle al cuerpo su pequeñez.
En Occidente la enseñanza de la disciplina ha estado primordialmente guiada por Vitruvio, quien propuso que la arquitectura descansa sobre tres principios básicos: venustas (belleza), firmitas (firmeza) y utilitas (utilidad). Puede haber algo de verdad en aquello, pero hoy ya no es suficiente. Sabemos, con más claridad que nunca, que no somos individuos aislados, sino criaturas entramadas en redes de cosas, climas, viento, barro, bichos, árboles. Lo que construimos no ocurre en el vacío. Ocurre en algún lugar, con ciertos materiales, para ciertas personas, sobre ciertos suelos.
Desde ahí la pregunta por la buena arquitectura se complica, y se enriquece. ¿Es buena arquitectura un edificio excepcional que, para ser construido, requirió arrasar un cerro o cubrir un humedal? Hay casas en la ruralidad chilena que aparecen en las mejores revistas, pero cuya historia y contexto no comparecen.
Nada se dice del ecosistema que desplazaron, ni de los pumas y gatos güiñas que por allí dejaron de transitar. ¿ Podemos llamar buenas a esas obras? ¿ O son sólo bellas, que es otra cosa? ¿ Es buena arquitectura un estadio fascinante cuya construcción costó la vida de cientos de trabajadores, como ocurrió en Catar durante los preparativos del Mundial? ¿ Puede un edificio ser magnífico y, al mismo tiempo, terrible? Quizá hoy necesitamos de un cuarto principio: la responsitas, entendida como la capacidad de una obra de responder por lo que ocurrió antes de que llegara la arquitectura, y por lo que quedará cuando los planos ya no importen. Por supuesto que una buena arquitectura sigue necesitando respuestas sobre los materiales, los espacios, la luz, la proporción.
Pero también debe hacerse cargo del cerro que modifica, del humedal que drena, de las manos que la levantan, de las calles que congestiona, del barrio que encarece, del aire que contamina, de la ciudad que construye. Producir el territorio nunca ocurre sobre el vacío, y una buena arquitectura debiera actuar acorde a ello. Autor: Ricardo Greene, Doctor en Antropología. C Columna