Autor: Gonzalo Serrano del Pozo Doctor en Historia Profesor del TEC Monterrey Investigador Adjunto de la Universidad Adolfo Ibáñez
Columnas de Opinión: De lenta transición a torpe instalación
Columnas de Opinión: De lenta transición a torpe instalación penas José Antonio Kast ganó la elección, surgieron varias voces que criticaban el largo tiempo que debía pasar entre el triunfo del domingo 14 de diciembre de 2025 A y el momento en que debía asumir como mandatario, el 11 de marzo de 2026. Los casi tres meses (87 días) fueron considerados un exceso por algunos analistas.
El porteño (y wanderino) Daniel Mansuy, por ejemplo, hizo un llamado a legislar para acortar este periodo y lograr una transición más breve, tomando como ejemplo lo que sucede en Francia, donde transcurren apenas dos semanas entre el triunfo electoral y la asunción del mando. Asimismo, una editorial del diario La Tercera también llamó a reducir el tiempo entre la victoria y el cambio de mando, promoviendo una reforma legislativa.
Según el diario: "Una modificación como esa permitiría mejorar los procesos institucionales, evitar la virtual existencia de dos gobiernos paralelos y no afectar la toma de decisiones en el Estado". En efecto, si recordamos los meses de enero y febrero, daba la sensación de que La Moneda estaba vacía y que los nuevos habitantes esperaban afuera, ansiosos, el momento preciso para poder hacerse cargo del país. Sin embargo, lo que ha sucedido en la práctica es que el gobierno, en su núcleo, ha estado armado desde que comenzó la campaña. Una vez confirmada la victoria, se empezó a completar el rompecabezas de quiénes iban a ser los ministros y, luego, los subsecretarios. El problema lo viven las regiones que están fuera de Santiago. En la otra mitad de Chile, somos testigos del penoso proceso de repartición de cargos que se hace desde la capital con poco interes y menos conocimiento. Las seremías no solo se han transformado en un dolor de cabeza para este Gobierno, sino que además han sido objeto de burla en las redes sociales. En la región de Valparaíso lo hemos sufrido de cerca. Salvo el cargo de gobernador, la designación de los seremis ha sido tan lenta como frustrante, muy lejos de ese estándar de profesionalismo y eficacia con el que predicaban y criticaban a sus antecesores. Quizás los casos más emblemáticos sean los de dos carteras clave: Seguridad y Salud. Mientras el coronel en retiro Hernán Silva ha sido fuertemente cuestionado, el encargado de Salud, Aldo Albani, debió renunciar por su falta de experiencia y cuestionamientos éticos sobre su persona. Existiendo internet, las redes sociales y la inteligencia artificial para realizar el análisis curricular de una persona, resulta inexcusable que se sigan cometiendo este tipo de errores. Solo dan cuenta de una carencia de profesionalismo o falta de prolijidad en la designación de los cargos por parte del nuevo gobierno. Haciendo cuentas, tuvieron que pasar casi 45 días para que se terminaran de confirmar las últimas seremías en la región. Cristian Vasseur fue el último nombrado como nuevo seremi de Minería.
Demasiado tiempo para una de las regiones más importantes para el país; si es así, ¿qué queda para las más alejadas o pequeñas? Esto no es algo nuevo: sucedió con el gobierno de Gabriel Boric, los de Sebastián Piñera, Michelle Bachelet, etc. Ha pasado siempre. De ahí que surjan las dudas de si de verdad es recomendable acortar la transición o, más bien, mantener el tiempo y establecer obligaciones para que los elegidos deban completar los cargos en plazos establecidos. Quizás la reforma legal debería apuntar hacia ese lado, antes que forzar la llegada de un nuevo gobierno que apenas sabe quiénes serán sus ministros.
Si se han equivocado en el perfil de los candidatos teniendo a su favor más de 80 días, no quiero imaginar a quiénes van a designar cuando la transición ocurra en menos de un mes o unas pocas semanas. Mejor dejemos la ley como está.
Autor: Gonzalo Serrano del Pozo Doctor en Historia Profesor del TEC Monterrey Investigador Adjunto de la Universidad Adolfo Ibáñez. "En la otra mitad de Chile, somos testigos del penoso proceso de repartición de cargos que se hace desde la capital con poco interés y menos conocimiento. Las seremías no solo se han transformado en un dolor de cabeza para este Gobierno, sino que además han sido objeto de burla".