Autor: SEBASTIÁN EDWARDS
Cartas: Max Weber, el empleo y la política
Cartas: Max Weber, el empleo y la política Max Weber, el empleo y la política Señor Director: La columna de Carlos Peña (“No, no es la economía el problema”) rescata con razón la Lección Inaugural que Max Weber pronunció en Friburgo en 1895, “El Estado nacional y la política económica”. Es lectura obligada en cualquier curso serio de política económica. La leí por primera vez en 1974, en un curso del notable economista y hombre público Sergio Molina Silva.
El núcleo metodológico que Peña destaca es correcto: como ciencia explicativa, la economía se basa en principios universales (Weber los llamó “internacionales”), pero apenas formula recomendaciones concretas queda ligada a los fines políticos de quienes las formulan. Ninguna propuesta, nos dice Weber, es completamente neutra. Y los economistas deben reconocerlo abiertamente. Pero leer ese discurso solo en clave metodológica es leerlo a medias. Weber no llegó a esa tesis por especulación abstracta, sino desde su investigación sobre las condiciones de empleo de los trabajadores agrícolas al este del Elba. Extensas secciones del discurso abordan empleo, salarios y migración. Los jornaleros alemanes, sostenidos por un contrato que combinaba salario, vivienda, parcela y participación en la cosecha, estaban siendo desplazados de las haciendas junkers. Los reemplazaban trabajadores polacos dispuestos a aceptar condiciones más precarias de empleo. Eso, para Weber, era un serio problema político y económico. Hay que resistir la insinuación con que Peña cierra su columna: que invocar el empleo como consideración central de la política pública sería no entender a Weber. Es lo contrario. El empleo no es la única consideración, desde luego, pero puede perfectamente ser la central, y la propia Lección de Friburgo lo prueba. Weber dedica sus páginas más densas a la calidad y composición del empleo, porque entiende que allí se juegan asuntos sustantivos. La cuestión ha vuelto a ser central en sociedades muy distintas a lo largo de más de un siglo. Invocar a Weber para relativizar el empleo como criterio rector es, en rigor, leerlo a medias. Autor: SEBASTIÁN EDWARDS.