Autor: Francisco Catalán Mora Profesor de Inglés
Columnas de Opinión: Therians o Epstein, Palestina, Cuba y Argentina
Columnas de Opinión: Therians o Epstein, Palestina, Cuba y Argentina N o me gustaría gastar tinta en esta columna definiendo qué son los Therians, especialmente cuando ya durante la última semana hasta Guru Guru, la paloma mensajera del Profesor Rossa, salió dando "declaraciones" sobre el tema. Cuando un fenómeno llega a ese punto de saturación mediática, significa que dejó de ser un asunto relevante para convertirse en espectáculo. Y ese es precisamente el problema. Mientras una parte importante de la conversación pública se obsesiona con jóvenes que se identifican con animales, el mundo atraviesa situaciones de una gravedad infinitamente mayor.
Por un lado, el caso de Jeffrey Epstein y las conexiones que salpican a figuras políticas, económicas y culturales de alto nivel abre preguntas incómodas sobre abuso de poder, redes de impunidad y privilegios, todas deberían incomodar más que cualquier máscara con orejas. Al mismo tiempo, la crisis humanitaria en Palestina, especialmente en la Franja de Gaza, continúa cobrando vidas, destruyendo comunidades y tensionando la política internacional. En Cuba, millones de personas enfrentan los efectos de un bloqueo económico; en Argentina, la reforma laboral redefine derechos y condiciones de trabajo para generaciones completas.
Y en nuestro propio territorio, los incendios arrasan hogares, bosques y proyectos de vida, le quitan la VISA a 3 funcionarios de gobierno y se discuten las condiciones de uso del teléfono en salas de clases para los profesores. Pero no. La indignación colectiva parece tener prioridades distintas. Es más fácil burlarse de adolescentes que analizar estructuras de poder. Es más rápido escribir un comentario ácido en redes sociales sobre alguien con cola de peluche que informarse sobre conflictos geopolíticos o reformas económicas que sí impactan directamente en la vida cotidiana.
Aquí hay algo profundamente revelador: muchos adultos, los mismos que luego critican a las nuevas generaciones, prefieren gastar sus publicaciones, sus prédicas y su energía emocional en atacar a un grupo minoritario antes que discutir problemas que realmente los afectan. Y los niños observan. Aprenden. Internalizan que la diferencia merece burla y que los temas complejos pueden ignorarse si hay un blanco fácil disponible. No se trata de hacer de todas las conversaciones a la hora de almuerzo o en la micro algo denso.
Se trata de preguntarnos de repente por qué generan más conversación personas vestidas de animales que los abusos de poder internacionales, crisis humanitarias o decisiones económicas que moldean el futuro de países enteros. ¿Qué dice eso de nosotros? ¿ Qué revela sobre nuestra cultura informativa y nuestras prioridades morales? Tal vez la verdadera discusión nunca fue si mi vecino es un Therian. Tal vez la discusión es si queremos ser ciudadanos informados. .. o criticones pasivos de todas las cosas que hace la gente joven. Autor: Francisco Catalán Mora Profesor de Inglés. C Columna