Autor: Alejandro Kusanovie Glusevic Senador por Magallanes
Columnas de Opinión: Magallanes y el legado
Columnas de Opinión: Magallanes y el legado E I extremo austral de Chile esta ingresando a una era de alta complejidad.
Su ubicación geográfica, la riqueza de sus recursos pesqueros y su creciente valor geopolitico configuran una realidad cada vez mas dificil de comprender para los órganos públicos con competencias en la región, tanto en el plano interno como externo.
Desde hace años, Magallanes se ha visto debilitada por la convergencia de dos fuerzas: por un lado, un ambientalismo ideologizado, superficial y desconectado de la realidad territorial; por otro, una agenda austral capturada por intereses anclados en una época que dejó de existir.
Este fenómeno se vuelve evidente al comparar la situación con Argentina, cuyo Estado logró definir y persistir con claridad en sus objetivos geopolíticos y sobre ello ha invertido sostenidamente en infraestructura y posicionamiento en su extremo austral. En nuestro caso, Magallanes se ha transformado en un laboratorio de ideas y proyectos que responden a visiones ideológicas que luchan unas con otras.
Esto ha derivado en caminos que se entrecruzan de gestión en gestión, y al final vemos a una región prisionera de agendas que no dialogan entre si ni con el impulso nacional que históricamente permitió consolidar soberania en ese territorio. Esto explica las profundas asimetrias entre Chile y Argentina en el austro, en algunos aspectos, decisivas. Este estancamiento ha hecho que casi toda la política austral y antártica sea ejecutada desde Punta Arenas, debilitando una de las principales ventajas comparativas de Chile: su cercania fisica con la Antártica.
Mientras el pais sigue discutiendo proyectos largamente postergados en esta ciudad, Argentina ha consolidado a Ushuaia, más cerca del anillo antártico, como plataforma logistica y turistica hacia ese continente, e incluso avanza en infraestructura inteligente y geopoliticamente rentable en la Antártica que sirve y potencia el rol de Ushuaia. En este contexto, el gobierno del Presidente José Antonio Kast enfrenta una oportunidad histórica: abandonar la mirada centralista que ha tratado a Magallanes como una región más, evaluada historicamente con parámetros ajenos a su singularidad. Reorientar la relación de Chile con la Antartica exige comprender que la crisis del multilateralismo impacta directamente en esta politica, y que se requiere seriedad estratégica, no gestos simbólicos ni agendas comunicacionales vacias. El desafio, sin embargo, es complejo. Se trata de un gobierno con recursos limitados, multiples urgencias y una ciudadanía cada vez más impaciente. En este escenario, la clave no es gastar más, sino gastar mejor. Persistir en proyectos definidos por calculos electorales o en una politica antartica anclada en inercias del pasado solo profundiza la desconexión con un entorno internacional en transformación. Un ejemplo elocuente de esta postergación es la construcción del camino que conectara el estrecho de Magallanes con el canal Beagle. Su lentitud una de las mayores del paissimboliza el rezago estructural de la región. A estas alturas, su eventual finalización podría resultar tardia para impulsar el desarrollo de Tierra del Fuego y de las islas australes. A ello se suma una densa maraña regulatoria que desalienta la inversión y restringe el potencial productivo. Estas debilidades no son nuevas. Desde el laudo Aabitral del canal Beagle, el espacio austral ha experimentado retrocesos en su proyección estratégica. El acuerdo sobre el Campo de Hielo Patagónico Sur reabrió una frontera que el Tratado de 1881 habia cerrado, desplazando el limite hacia el Pacifico en un tramo sensible. A esto se suma la cesión de importantes recursos glaciares, configurando uno de los episodios más controvertidos de la política exterior chilena reciente.
Las falencias continúan en otros ámbitos: la falta de una estrategia coherente frente a la proyección de la plataforma continental argentina; la debilidad en la defensa de la soberania chilena en el mar antártico en negociaciones internacionales; errores cartográficos en zonas sensibles; y decisiones dificiles de justificar en infraestructura estratégica antártica. No se trata de hechos aislados, sino de un cuadro persistente de desorden estratégico. Revalorizar Magallanes exige mucho más que declaraciones. Implica poblar el territorio, invertir en infraestructura, asegurar conectividad efectiva y consolidar una plataforma logistica robusta hacia la Antártica. Pero también requiere un cambio más profundo: abandonar la mirada fragmentada y técnica con que el Estado ha abordado historicamente estos temas, y comenzar a interpretar el escenario global con realismo. Magallanes no es una región más. Es la puerta de entrada a la Antártica, el punto de articulación entre el Pacifico, el Atlantico y el océano Austral, y una reserva estratégica de agua, energía y conocimiento. Si Chile no lo entiende a tiempo y actua en consecuencia, otros lo harán. Y entonces, será demasiado tarde. Autor: Alejandro Kusanovie Glusevic Senador por Magallanes.