Autor: Francisco Javier Villegas Escritor y profesor
Columnas de Opinión: Práctica y retórica para una gran universidad
Columnas de Opinión: Práctica y retórica para una gran universidad acealgún tiempo que venimos escuchamos acerca de que las universidades públicas están con un problema complejo: cómo unir enseñanza aprendizaje, formación profesional, gestión de excelencia y generación de conocimiento. Más todavía cuando el problema de su financiamiento, una parte de su talón de Aquiles, es de tal envergadura que se necesitarían nuevas prácticas de gestión económica, y mente abierta, para salir a flote.
En este sentido, por ejemplo, la realidad que observamos desde nuestra universidad estatal y regional, la Universidad de Antofagasta, brinda varias inferencias, al respecto, más allá de los aspectos económicos, de financiamiento o eventuales endosos de responsabilidad en la gestión, que son los temas de estos meses: en primer término, hay que volver a focalizar, con visión de conjunto, el buen trato y el diálogo con los funcionarios que trabajan y aportan a la casa de estudios superiores; este asunto es central para abordar deficiencias y analizar propuestas de solución ya que una manera de contribuir con el desarrollo de la formación profesional, investigación, vinculación y con el perfeccionamiento del propio sistema educacional universitario estatal de la región es responder de manera social, crítica y éticamente responsable a laatención de los problemas y necesidades de sus funcionarios. A mi juicio, ese debe ser el primer principio orientador que guíe a una universidad en el cumplimiento de su misión y al mejoramiento de su gestión interna.
Es decir, teniendo una alta convergencia en ese aspecto se puede apuntar a inspirar una óptima actividad académica ya que la pertenencia y participación de sus miembros a la vida universitaria brindará pluralismo, libertad de pensamiento y de expresión y la generación de espacios para la participación, social, política, profesional y académica, en la vida universitaria. Comenzar por otras variables u observar decisiones sin integrar el componente humano, como primer valor, constituiría abrir un panorama de cambios; pero, sin intentar cambiar.
En segundo término, sería interesante utilizar la metáfora de un premio Nobel, a propósito de asuntos académicos, colocando los esfuerzos en la formación y en la investigación reencantando a la comunidad joven y adulta para que integre y participe de sus carreras.
Dicho de otra manera, la expresión que aludo con la problemática que aqueja a la UA es "pensar rápido, pensar despacio" uniendo, para eso, los dos sistemas que conectan y ordenan nuestro pensamiento: uno que es rápido, intuitivo y emocional; y, el otro, que es lento, deliberativo y lógico.
Tal vez, lo que falta en la universidad estatal sea unir esas dos formas situando el problema de la institución dentro del marco de una filosofía de nuestra historia regional y dentro de la idea de sistema, pero con una visión abierta de la educación superior: es lo que se llamaría la episteme, la ética, la política y la filosofía de la labor universitaria.
En tercer término, un reto importante es vincular todo el quehacer universitario con la complejidad de la realidad: por un lado, por ejemplo, saber que cada dos o tres semanas están quebrando universidades en diversas partes del mundo por temas fiscales, precipicio demográfico o baja de matrículas; que los jóvenes están buscando nuevas formas y oportunidades de formación y de conocimiento o que los trabajadores deben asumir diversas habilidades adaptativas de acuerdo a la cultura de la organización en que se encuentren.
Si hablamos de estudiantes clientes, entonces, la educación es una inversión, e independiente de si estamos de acuerdo o no, para muchos la universidad ya está operando como una empresa, con el péndulo de la tradición e innovación; o bien, la universidad ya está encaminada a una concepción funcionalista y pragmática de acuerdo con las líneas de desarrollo y demandas de esta sociedad que conocemos pero que sigue con el efecto del abismo donde muchos prefieren no darse cuenta. Autor: Francisco Javier Villegas Escritor y profesor. C Columna