Autor: Por Juan Paulo Iglesias
Elevando la discusión:
Elevando la discusión: Los efectos del olvido Quizá la culpa es del olvido.
Lo sugiere el historiador noruego Odd Arne Westad en The Coming Storm (La tormenta que viene) al apuntar que "menos de la mitad del 1% de la población mundial ha experimentado una guerra de grandes potencias". Sin recuerdo no hay conciencia.
Y es lo que decía también hace unos años Nadav Eyal, autor de Revuelta, en una entrevista a LT, donde aseguraba que "los votantes y líderes actuales ya no tienen memoria" de la Segunda Guerra Mundial y "no entienden lo que significa la irresponsabilidad". Sea así o no, lo cierto es que, como dice Westad, "el mundo actual no se parece a nada que hayamos experimentado en nuestras vidas, pero se asemeja al de hace poco más de 100 años, que va desde fines del siglo XIX a 1914". Y a otras épocas también. Son tiempos de bloqueos, como aquellos que abundaron en el siglo XIX, y de disputas medievales entre el poder terrenal y el espiritual, con el cruce entre el Papa y Trump. Pero no sólo eso.
También, épocas de ultimátum como el de 1962 que, como recuerda Daniel Matamala, llevó al mundo a presenciar "con angustia un momento crucial de la Guerra Fría: la crisis de los misiles". Esta vez fue el de Trump, sus posteos en Truth Social y su advertencia sobre la "muerte de una civilización". Amenaza que al final no se concretó, pero que ha marcado una guerra cuyo costo más grave para Estados Unidos, según Matamala, es haber "tirado por la borda el orden global que él mismo había impuesto". "Quienes logran hacerte creer absurdos, pueden hacerte cometer atrocidades", decía Voltaire. Y algo de eso hay por estos días, como sugiere Óscar Contardo.
Porque, según él, en estos tiempos "las nuevas disputas trajeron de vuelta los argumentos sobrenaturales enriquecidos con el uranio nacionalista, el racismo, las disputas por los recursos energéticos, las tecnologías de comunicación y los intereses de dominio geopolítico habituales". "Ni siquiera hay un cuidado por ofrecer un guion coherente", dice. Y nada más claro que la forma en que el gobierno de Trump ha abusado de la retórica religiosa.
Retórica que lo ha llevado a enfrentarse con el Papa, dándole de paso al Vaticano, apunta Contardo, "un segundo aire como referente ético". Son tiempos violentos, como el título de aquella película de Tarantino, en los que, como dice Hernán Larraín, las guerras "se suceden unas a otras" y "se ha llegado a justificar la desaparición de civilizaciones". Un contexto, además, donde se inscriben los hechos de violencia observados en nuestro país, apunta. Una realidad, dice, que se "ha ido normalizado en la sociedad" y de la cual "la reciente agresión a una ministra" es sólo una expresión más. Y ahí, agrega Larraín, "la falla no es aislada, sino integral", y exige una reflexión de mayor alcance y reacciones de fondo.
Es la única forma, apunta, "para recuperar la paz social en desmedro de la pulsión animal (. .. ) que, sin control, nos retrotrae a la barbarie". 2 Tiempos violentos Pero sea así o no, el hecho es que la violencia está de vuelta.
Y si bien es verdad que nunca se ha ido del todo, lo cierto es que algo habíamos avanzado. "La violencia es el último refugio de los incompetentes", decía Isaac Asimov, y quizá ahí radica todo el problema. Pero como la respuesta definitiva no la tenemos, lo único cierto es que el asunto gira en el ambiente.
Ya sea por lo sucedido a la ministra de Ciencia en la Universidad Austral, como por las declaraciones del presidente de EE.UU. que lo han enfrentado no sólo a sus rivales, sino también a antiguos aliados, como la primera ministra italiana Giorgia Meloni. Son tiempos de "mentes furiosas", como el título de ese libro de Laura Field sobre el ascenso del movimiento MAGA.
Y si bien, dice Max Colodro, al referirse a la agresión en Valdivia, "es fácil hoy salir a condenar a los jóvenes que agredieron a la ministra Lincolao", eso acaba siendo una manera más "de no asumir responsabilidad alguna por haber traído de vuelta la violencia política". Porque aquí, apunta, la "responsabilidad no es de los jóvenes, sino de la sociedad adulta que romantizó y justificó esa violencia". "Desde que la alternancia en el poder se reinstaló en 2010", recuerda Colodro, "la izquierda y la centroizquierda" le dieron "un manto de legitimidad a la violencia", como si fuera "una respuesta natural a las injusticias y desigualdades" de la sociedad. Son los riesgos, al final, de jugar con fuego.
Cómo reza el viejo dicho, "quien siembra vientos, cosecha tempestades". Y si Colodro apunta a la caja de Pandora abierta por sectores de la izquierda, Paula Escobar alerta de la "praxis política trumpista" que esconde lo sucedido en la U. Austral. Una política que considera que el fin que persigue justifica los medios violentos. Lógicas fascistas como las que recuerda Antonio Scurati en su extraordinaria biografía de Mussolini.
Y frente a eso, apunta Escobar, "los jóvenes que ejercen violencia en sus liceos y campus universitarios" deben asumir "su responsabilidad", como también deben atender lo que hacen y que alimenta la violencia, como "el rector de la Universidad Austral y quienes son autoridades y participan en el debate político". Las culpas siempre acaban siendo compartidas. "Tenemos un problema con la violencia", como dice Lucía Dammert. Uno que "es general, estructural y profundo", porque resolvemos todos nuestros conflictos con violencia. Nada "de diálogo, mediación y reflexión", apunta.
Hoy, por una parte, "la vida digital permite todo tipo de insultos". Y, por otra, NEWSLETTER DE OPINIÓN Suscríbase al newsletter de Opinión, Elevando la discusión, los debates que marcaron la semana, para conocer los temas que fijaron agenda y las columnas de la semana. latercera. com "las escuelas, los centros de salud y los estadios (. .. ) se han convertido en verdaderos cuadriláteros de violencia psicológica, física e incluso autoinfligida". Por eso, apunta Dammert, "tal vez llegó el momento de enfrentar con la mano más dura los problemas de violencias que tenemos en el país". Algo que no será fácil y "requeriría un verdadero acuerdo nacional". Habrá que ver si es posible. 3 El recuerdo de lo posible Pero mientras se debate una salida a la violencia y Perú sigue contando los votos de su elección, por acá gobierno y oposición se aprestan a enfrentar "la madre de todas las batallas", el proyecto de reconstrucción o misceláneo que el Presidente José Antonio Kast presentó el miércoles en su primera cadena nacional.
Y tome el rumbo que tome, esa iniciativa concentrará el debate político en las próximas semanas, más aún, si como decía el ministro José García Ruminot en una entrevista de Paula Catena y Gloria Faúndez en LT Domingo, es "la reforma clave para el éxito del Presidente Kast y su gobierno". Frase que a algunos les sonó conocida.
Pero más allá de los paralelos con la "nueva Constitución" de Giorgio Jackson y Gabriel Boric, para Cristóbal Osorio, "la ley miscelánea será" -en la oposición"el termómetro estratégico para distinguir entre una izquierda como alternativa de gobierno, con vocación de Estado, o una oposición testimonial". Un camino difícil, apunta, porque frente "a un Ejecutivo con calambres, la tentación inmediata es al obstruccionismo legislativo". Pero eso, agrega Osorio, sólo termina fracturando el diálogo y consolida una oposición reducida a la microrresistencia". Hay que mirar a largo plazo, tener visión de Estado y no olvidar que es, igualmente, "una derrota estratégica no comprender que la política es también el arte de forjar gobernabilidad en contextos de polarización". Pero esto recién comienza.
Y si bien ante ese camino Óscar Guillermo Garretón "espera que le vaya bien al gobierno" para que "no se prolonguen 15 años de gobernabilidad mediocre, estancamiento, asonadas (y) delirios constitucionales", también advierte que "se necesita una derecha gobernante mejor" de la que se ha visto hasta ahora. "El inicio no ha sido brillante", dice.
Y más allá de las culpas que tenga "un loco con botón nuclear", no todo se agota ahí. "Ha habido un déficit de política" que exige "reaccionar con prontitud". "La gente entiende", según Garretón, "las malas nuevas cuando siente que la preocupación primera del gobernante es por ellos mismos antes que por sus ideas". Vale recordar, apunta, la política "en la medida de lo posible" que patentó Patricio Aylwin. Autor: Por Juan Paulo Iglesias. Los debates que marcaron la semana