Cartas: Territorios heridos
Cartas: Territorios heridos Señora Directora: Los incendios forestales que han afectado recientemente a las regiones del Biobío y Nuble no solo han consumido miles de hectáreas de bosque nativo e introducido, así como suelos agrícolas, sino que también han puesto en evidencia la profunda fragilidad de los territorios frente a fenómenos que combinan condiciones climáticas extremas y modelos productivos con baja capacidad de adaptación. Sin embargo, reducir estos eventos a cifras de superficie quemada o a impactos ecológicos sería una forma incompleta, y éticamente insuficiente, de aproximarse a su verdadera magnitud. En territorios como Biobío y Ñuble, donde aún persisten remanentes de bosque nativo, los incendios significan retrocesos difíciles de revertir, afectando procesos de regeneración que pueden tardar décadas. La ciencia ha demostrado que los ecosistemas pueden recuperarse, pero dicha recuperación no es automática ni garantizada, dependerá de las condiciones ambientales, del tipo de vegetación afectada y de la intervención humana posterior. No obstante, incluso ante este escenario de degradación ambiental profunda, existe una dimensión que excede cualquier análisis técnico. Los incendios han dejado familias desplazadas, comunidades rurales fragmentadas y, de manera particularmente dolorosa, pérdidas humanas.
A diferencia de los ecosistemas que son capaces, con el tiempo y el cuidado adecuado, de regenerarse, la ausencia de una persona es definitiva y su impacto se proyecta en quienes permanecen, cargando con un duelo que no se extingue con la llegada de nuevas temporadas. Francesca Machiavello Narváez/Unab.