Autor: Cristian Stewart IdeaPaís
Columnas de Opinión: Dignidad y «temas valóricos»
Columnas de Opinión: Dignidad y «temas valóricos» D urante el verano, una noticia generó un revuelo moderado en la prensa: la soledad y el abandono de bebés en Chile. Aunque parezca lejano, hoy existen recién nacidos (en hospitales como el San Juan de Dios) que permanecen internados desde su nacimiento sin estar enfermos.
La exposición a infecciones y a los riesgos propios del entorno clínico es evidente, pero más grave y silenciosa es la ausencia de vínculos afectivos, que pueden marcar sus vidas de forma más decisiva que cualquier enfermedad temprana.
En casos como estos, no es el sistema hospitalario el que falla -que trata de suplir, en lo posible, la ausencia de una familia-, sino un entramado previo de fragilidades: abandono, adicciones, contextos familiares profundamente deteriorados. No se trata solo de cuidados básicos, como la mamadera o la muda, sino de algo más fundamental. Un recién nacido necesita contacto, reconocimiento, una presencia constante que le permita comenzar a habitar el mundo. En esta compañía se juega no solo la supervivencia biológica, sino también los cimientos de su vida relacional. Cuando discutimos los mal llamados «temas valóricos», los prejuicios nos nublan con excesiva facilidad. Las caricaturas se activan bruscamente, los «bandos» se agrupan con rapidez y la conversación muere. La misma etiqueta «temas valóricos» es imprecisa. No solo porque suele reservarse a determinados conceptos (aborto, familia, eutanasia), excluyendo otros que también tienen carga moral, como la dignidad vulnerada por la pobreza o la inocencia de niños capturada por el narco. Es imprecisa, además, porque sugiere que se trata de asuntos personales, que comienzan y terminan en uno mismo, cuando en realidad siempre tienen repercusiones sociales, como pueden tenerlas la corrupción o el desempleo. El abandono de guaguas es un buen ejemplo. Cada 25 de marzo se conmemora el día del niño que está por nacer y la adopción. Podrá interpretarse -encendiéndose las etiquetasque se trata de una pataleta provocadora de sectores conservadores. Pero debe ser leído como una invitación a reflexionar sobre cómo entendemos la dignidad humana de los más frágiles. El 25 de marzo puede servir para reafirmar la importancia del derecho a la vida de quien está por nacer. Pero también debería recordarnos que existen condiciones objetivas de injusticia que, socialmente toleradas, terminan presentando el aborto como única salida, sin que se consideren alternativas sociales robustas. Quienes tenemos posiciones favorables a la vida en todas sus etapas enfrentamos un desafío mayor: abordar esas injusticias con la misma convicción con que nos oponemos al aborto.
Así, quizás, este «tema valórico» cobrará socialmente la importancia que tiene, y podremos superar el descarte de los más vulnerables. "Quienes tenemos posiciones favorables a la vida en todas sus etapas enfrentamos un desafío mayor". Autor: Cristian Stewart IdeaPaís. "Quienes tenemos posiciones favorables a la vida en todas sus etapas enfrentamos un desafío mayor".