Cartas: Torres del Paine, un tesoro que exige respeto
Cartas: Torres del Paine, un tesoro que exige respeto El Parque Nacional Torres del Paine, joya de la Patagonia y orgullo de Chile, ha sido escenario en el último mes de varias expulsiones de turistas extranjeros que no respetaron las normas básicas de conservación. Las autoridades han debido actuar con firmeza, porque lo que está en juego no es un simple reglamento: es la protección de un ecosistema único, frágil y de valor incalculable. La decisión de expulsar a quienes ponen en riesgo el parque no es un gesto de hostilidad, sino una medida de responsabilidad. Torres del Paine recibe cada año a miles de visitantes de todo el mundo, atraídos por sus montañas majestuosas, sus glaciares imponentes y su fauna silvestre. Pero esa belleza es vulnerable. Un mínimo descuido -una fogata mal apagada, una colilla de cigarro, un sendero transitado fuera de las zonas permitidaspuede desencadenar un incendio devastador o un daño irreversible. Chile ya conoce las consecuencias de la imprudencia. En el pasado, incendios provocados por negligencia humana han consumido miles de hectáreas de bosque nativo en Torres del Paine, dejando cicatrices que tardarán décadas en sanar. No podemos permitir que la historia se repita. El cuidado de nuestros parques nacionales es imprescindible. No se trata solo de preservar paisajes para el turismo; se trata de proteger la biodiversidad, de garantizar que las futuras generaciones puedan maravillarse con la misma grandeza que hoy contemplamos. Cada visitante debe comprender que ingresar a Torres del Paine implica un compromiso: respetar las reglas, cuidar el entorno y ser parte activa de su conservación. La expulsión de quienes no cumplen es una advertencia clara: la naturaleza no tolera descuidos. Y nosotros, como sociedad, tampoco deberíamos hacerlo. La responsabilidad es compartida: autoridades, guías, comunidades locales y turistas deben trabajar juntos para que este patrimonio siga vivo. Torres del Paine nos recuerda que la belleza puede ser efímera si no la protegemos. No permitamos que la imprudencia destruya lo que la naturaleza tardó siglos en construir. El llamado es urgente y categórico: cuidemos nuestros parques, porque un mínimo descuido puede transformarse en una tragedia irreparable.. "La imprudencia amenaza lo que la naturaleza tardó siglos en crear" EDITORIAL