CARTAS: “¡Nos enseñaron a hacer trampa!”
CARTAS: “¡ Nos enseñaron a hacer trampa! ” relación con la práctica docente, nos lleva a pensar en qué tipo de encargos debemos diseñar para, efectivamente, plantear un desafío intelectual a los estudiantes. También nos invita a conversar sobre distintas experiencias de usuarios de la IA generativa, para contrastarlas con posibles presunciones al respecto.
Me parece que el tema de fondo es que tenemos que hacerles ver a los jóvenes que un buen uso de la IA no radica únicamente en lograr resultados decentes en tiempo récord, sino en favorecer y enriquecer nuestros procesos de pensamiento y, por lo tanto, nuestro potencial como seres humanos. Como dijo Cristián Warnken días atrás, en una actividad con estudiantes, urge introducir una mirada humano-céntrica de la IA, en contraste a la visión nihilista que tanto nos amenaza.
Warnken llevó a los jóvenes a mirar la historia de las ideas: les recordó que Descartes enseñó que la existencia humana tiene como fundamento la capacidad de pensamiento, que Pascal dijo "el hombre es una caña que piensa" y que Kant apuntó a que la autonomía del ser humano reside en actuar conforme a la razón. Qué triste sería que la nuestra fuera la generación que invitó a los jóvenes a no pensar y, peor aún, que les legitimó y facilitó la trampa. MARÍA CRISTINA SILVA Académica Facultad de Comunicaciones Universidad del Desarrollo El precio de volar Señor Director: Hace algunos días viajé a Buenos Aires utilizando una aerolínea low cost. Y aunque uno entiende el modelo de negocios --tarifas reducidas a cambio de menos comodidades--, la experiencia actual parece haber cruzado hace rato la línea entre austeridad y absurdo. El pasaje incluía prácticamente solo el derecho a sentarse dentro del avión. Sin maleta, sin snack, sin asientos reclinables, sin espacio razonable, sin entretenimiento y con una larga lista de cobros adicionales por casi cualquier cosa. Pero lo más llamativo ocurrió al abordar el vuelo de regreso. Llevábamos unas bolsas con regalos simples: alfajores, golosinas y un par de tazones comprados durante el viaje. Resultado: US$ 93 de cobro extra por persona.
En total, US$ 186 por subir con recuerdos normales para cualquiera que vuelve de un viaje corto. ¿En qué momento viajar dejó de incluir el derecho razonable a llevar ropa, objetos personales o pequeños recuerdos, sin transformarse en una oportunidad permanente de facturación? Hoy, las aerolíneas cobran por la maleta, por elegir asiento, por embarcar antes, por obtener un mínimo de comodidad y. - - - - - - -