Autor: EVA LUNA GATICA
La estrategia de EE.UU. de venta de armas para aumentar su influencia en América Latina
La estrategia de EE.UU. de venta de armas para aumentar su influencia en América Latina D esde la presión sobre Perú para destrabar la compra de aviones F-16 hasta la entrega de vehículos blindados a Colombia y patrulleros marítimos a Ecuador: tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, Washington ha intensificado su influencia militar en América Latina a través de la venta y transferencia de armas, en el marco de la estrategia de “seguridad hemisférica” impulsada por el mandatario, con la que busca contener el avance de China en la región y reforzar la cooperación contra el crimen organizado. La estrategia quedó formalizada en febrero, cuando Trump firmó una orden ejecutiva que estableció la “Estrategia de Transferencia de Armas de Estados Unidos Primero”, destinada a acelerar y ampliar las exportaciones de armamento. La orden plantea que las transferencias de armas deben utilizarse para reforzar alianzas estratégicas y promover los intereses de seguridad de Washington.
Lo que está haciendo Estados Unidos, dice a “El Mercurio” Pieter Wezeman, investigador sénior del Programa de Transferencias de Armas del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (Sipri), es usar “la venta de armas y la ayuda militar como un componente importante de su política exterior y de seguridad en la mayor parte del mundo”. Presión a Perú por F-16 El impulso a la venta de armas se evidenció en abril, cuando Washington amenazó con represalias a Perú luego que el Presidente interino José María Balcázar anunciara su intención de congelar una compra de 24 aviones F-16 a la estadounidense Lockheed Martin, para trasladar la decisión al próximo gobierno. “Si negocian de mala fe con EE.UU. (... ) utilizaré todas las herramientas disponibles para proteger y promover la prosperidad y la seguridad de nuestro país”, respondió entonces el embajador estadounidense en Perú, Bernie Navarro.
La presión derivó en la renuncia de dos ministros peruanos el de Defensa y el de Exterior, quienes aseguraron que el contrato ya estaba firmado e incluso con un primer pago realizado, allanando el camino para el avance del acuerdo. El episodio reflejó el creciente protagonismo de EE.UU. en materia de defensa en Perú, en medio de su disputa con China por la influencia en el país andino, cuyo principal socio comercial es Beijing. “Estados Unidos tiene ciertas preocupaciones respecto a la creciente influencia china”, asegura Wezeman, “y, al igual que antes, utilizará las ventas y la ayuda militar como parte de sus políticas para contener dicha influencia”, añade. Acercamiento a Colombia Washington también ha utilizado la cooperación militar para recomponer vínculos políticos en la región.
En febrero de este año, donó a Colombia 11 vehículos blindados para reforzar las operaciones contra los grupos armados ilegales, tras una reunión clave entre los presidentes Gustavo Petro y Donald Trump en la Casa Blanca.
El encuentro marcó un acercamiento entre ambos gobiernos luego de meses de tensiones y cruces públicos que derivaron en sanciones de Washington contra Petro y en la descertificación de Colombia como país que coopera contra las drogas. Pero, tras hacer las paces, Washington aceleró la entrega de vehículos blindados ASV M1117 Guardián al país, y Bogotá formalizó una solicitud de helicópteros Black Hawk para su Policía Nacional. Días después, el gobierno de Trump también donó drones no tripulados PUMA y equipos de comunicación a la Armada colombiana para reforzar las tareas de vigilancia en el Caribe y el Pacífico. “Es evidente que últimamente ha habido cierta tensión entre EE.UU. y Colombia”, plantea Wezeman.
En ese marco, “el suministro de estos blindados puede contribuir a mejorar las relaciones entre Estados Unidos y Colombia, aunque también puede interpretarse como una medida para reforzar las capacidades antidrogas del país”. Argentina: socio regional Otro ejemplo de la estrategia de Washington ha sido la creciente cooperación militar con Argentina bajo el gobierno de Javier Milei.
En diciembre pasado llegaron al país sudamericano los primeros seis de un total de 24 cazas F-16 adquiridos a Dinamarca con respaldo de Washington, en la mayor incorporación de aviones de combate desde el retorno de la democracia en 1983 y que se produjo luego que Buenos Aires descartara la adquisición de cazas chinos JF-17. Asimismo, a mediados del año pasado, el gobierno de Milei avanzó en la incorporación de vehículos blindados, y reactivó las conversaciones con Washington para la eventual adquisición de helicópteros UH-60 Black Hawk.
Una serie de medidas que evidencian un alineamiento estratégico más estrecho con EE.UU. en materia de defensa, en un contexto en que Washington estaría buscando consolidar a Buenos Aires como socio regional en seguridad, señalan los expertos. Lanchas y fusiles para Ecuador A esa cooperación militar más estrecha también se sumó Ecuador. Este mes, el país recibió tres lanchas guardacostas de EE.UU. para reforzar sus capacidades contra el crimen organizado. La entrega forma parte de un acuerdo de cooperación bilateral mediante el cual la administración estadounidense prevé donar un total de 12 embarcaciones a la Armada ecuatoriana este año.
En paralelo, Washington aprobó en 2025 una venta de fusiles militares a Quito valorada en unos US$ 64 millones, en medio del fortalecimiento de la cooperación en seguridad que ha tenido lugar entre Donald Trump y Daniel Noboa para combatir el narcotráfico, con el mandatario ecuatoriano llegando incluso a promover a fines del año pasado una consulta popular para permitir la instalación de bases militares estadounidenses en Ecuador, aunque la propuesta es rechazada por la población.
“Lo que interesa a Trump es que los aliados asuman sus responsabilidades ante un conflicto, y para ello, deben estar actualizados y entrenados”, señala Rut Diamint, experta en seguridad y defensa y profesora de relaciones internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella.
“Lo que quieren es que los países estén en condiciones de afrontar un conflicto”, cierra la experta, en medio del aumento de la conflictividad a nivel internacional. n Presencia en terreno Presencia en terreno Más allá de la venta de armamento, Estados Unidos también ha reforzado su presencia militar en América Latina.
En México, Washington amplió la cooperación operativa y el intercambio de inteligencia contra el narcotráfico, en medio de la presión de la administración de Donald Trump sobre Claudia Sheinbaum para endurecer el combate contra los carteles en la frontera. En ese marco, la CIA incluso ha llegado a operar drones no tripulados para espiar las actividades de las organizaciones criminales dentro del propio territorio mexicano.
En Ecuador, en tanto, el gobierno de Daniel Noboa autorizó el despliegue temporal de personal militar estadounidense para realizar operaciones conjuntas de vigilancia marítima y lucha contra el “narcoterrorismo”. Mientras que, en Argentina, Washington retomó ejercicios militares conjuntos de gran escala con las Fuerzas Armadas bajo el gobierno de Javier Milei. Autor: EVA LUNA GATICA. Donald Trump ha convertido las transferencias de armamento en un eje de su política exterior para reforzar alianzas, combatir el narcotráfico y contener el avance chino en la región, plantean los expertos.
Washington ha impulsado acuerdos para la adquisición de F-16, vehículos blindados y patrulleros en la zona: n Presencia en terreno Presencia en terreno Más allá de la venta de armamento, Estados Unidos también ha reforzado su presencia militar en América Latina.
En México, Washington amplió la cooperación operativa y el intercambio de inteligencia contra el narcotráfico, en medio de la presión de la administración de Donald Trump sobre Claudia Sheinbaum para endurecer el combate contra los carteles en la frontera. En ese marco, la CIA incluso ha llegado a operar drones no tripulados para espiar las actividades de las organizaciones criminales dentro del propio territorio mexicano.
En Ecuador, en tanto, el gobierno de Daniel Noboa autorizó el despliegue temporal de personal militar estadounidense para realizar operaciones conjuntas de vigilancia marítima y lucha contra el “narcoterrorismo”. Mientras que, en Argentina, Washington retomó ejercicios militares conjuntos de gran escala con las Fuerzas Armadas bajo el gobierno de Javier Milei. LA VENTA de los F-16 de Dinamarca a Argentina tuvo que ser aprobada por Estados Unidos.