“Boric dejó la puerta abierta para volver”
“Boric dejó la puerta abierta para volver” POR JUAN CRISTÓBAL VILLALOBOS Uno de los momentos estelares de la entrevista que Don Francisco le hizo a Gabriel Boric en el programa “Las caras de La Moneda” fue cuando Vladimiro Mimica se paró de entre el público y relató el “último minuto” del gobierno del entonces todavía presidente.
Empleando su particular estilo que lo hiciera conocido como el cantagoles y con el entusiasmo de un hincha, Mimica exclamó: “Boric volverá”. Ahora, sentado en el Tavelli de Providencia, una semana después del cambio de mando, y manteniendo su tono de relator deportivo, recuerda este tiempo y habla del ahora exmandatario. Yo creo que nunca se va a ir de la política. Será un referente de la centroizquierda y ayudará a construir una oposición que no cometa los errores del pasado. Dejó la puerta abierta para volver, ¡si recién tiene 40 años! afirma Mimica, de 81. Durante la administración de Boric, Vladimiro Mimica trabajó en el Ministerio del Deportes como parte del equipo encargado de la preparación de los Juegos Panamericanos. Luego, fue llamado a colaborar en el manejo de la crisis que generó el caso de Hugo Morales, el gásfiter de La Moneda que murió de un paro cardíaco luego de trabajar 18 horas continuadas. “Fue un momento complicadísimo”, reconoce hoy. La tarea que le encomendó la administradora del Palacio de Gobierno, Antonia Illanes, fue claro: apoyar a los funcionarios, todavía impactados por esa muerte, además de juntarse con los familiares del gásfiter. “Tú tienes lo que nosotros no tenemos: habilidades blandas”, le reconoció su jefa. Así, el histórico hombre de fútbol recorrió cada rincón de La Moneda y conversó con todos. ¿Alguna vez habló de esto con Boric? Nunca hubo el espacio. La verdad es que tuve muy pocos momentos a solas con él. En el gobierno existía mucha preocupación por lo sucedido: varios funcionarios asumieron su responsabilidad y salieron de sus cargos. Hay sumarios administrativos y se ha recibido en muchísimas oportunidades a la familia. La pregunta es si se hicieron todos los exámenes médicos que requiere un funcionario público para desempeñar ciertos cargos. Lo importante es que ya no se trabaja a ese ritmo en La Moneda. En junio próximo, Vladimiro Mimica publicará un libro “que recrea las vivencias, con alegrías y pesares, de un octogenario testigo y protagonista de un trozo de nuestra historia”, dice. Cuenta que el prólogo lo escribió el novelista Alejandro Zambra, quien ha reconocido que los relatos futbolísticos de Mimica que escuchaba de niño junto a su padre fueron su inspiración para convertirse en escritor.
Estas memorias mezclan sus siete décadas como relator y comentarista de fútbol comenzó en la radio a los 10 años en Magallanes con su paso por la política, que lo llevaría a ser alcalde de Punta Arenas por seis años. Una historia que se terminaría entretejiendo con la de la familia Boric. Luego del golpe de 1973, Mimica estuvo 20 días preso en el Estadio Nacional, el mismo lugar donde ahora lanzará su autobiografía y donde pasó innumerables tardes transmitiendo desde el locutorio. Después de ser liberado y detenido por segunda vez por los militares, nunca se volvió a sentir seguro. Era una figura conocida, además de militante socialista. Por eso, decidió refugiarse en Argentina. Logró escapar gracias a la ayuda de sus dos más cercanos amigos del colegio. Uno de ellos era Luis Javier Boric, el padre del expresidente. Lo dejaron “con lo puesto” en la puerta de un club de fútbol de Río Gallegos, a cuyos dirigentes conocía. Cuando cruzaron la frontera trasandina, como forma de despedida, sus amigos pusieron en la casetera del auto “Venceremos”, el himno de la Unidad Popular. Años después, en febrero 1986, en una de sus habituales visitas a Punta Arenas, Luis Javier lo invitó a su comer a su casa. Quería que conociera a su hijo mayor, Gabriel, quien todavía estaba en la cuna. Como el comentarista deportivo vivía en Santiago, dejó de ver al primogénito de los Boric hasta que tuvieron un inesperado encuentro. Mimica estaba tomándose un café con el entonces alcalde de Punta Arenas, Juan Enrique Morano, en su oficina, cuando la secretaria de este le anunció que habían llegado los escolares que estaba esperando. Entró un grupo de colegiales, de unos 12 años. Se sentaron con ellos y empezaron a conversar de educación pública. “En un momento habló un niño que tenía la ACIMIMORIMIDALVAZELITNEG camisa abierta y que andaba sin corbata. Y lo hacía como un avezado conocedor de la educación pública. Me impresionó mucho”. Al irse los escolares, Mimica le preguntó al alcalde quién era ese colegial que había opinado con tanta seguridad y elocuencia. “El hijo de Lucho Boric. ¿Cómo no sabes quién es?”, le contestó. Cuando Vladimiro Mimica se involucró activamente en la política magallánica, llegando a la alcaldía en 2008, empezó su relación más personal con el futuro presidente. La política era el tema que los unía. “Yo le decía que la política no había nacido con el Frente Amplio. Que hubo muchos que perdieron la vida, dando la lucha desde épocas remotas.
Me molestaba esa arrogancia joven de pensar que ellos venían a inventar todo desde cero y desde la moral, y que la generación anterior había perdido”. Consciente de que el joven quería competir por la diputación por Magallanes, ya había sido presidente de la FECh y era uno de los líderes de las movilizaciones estudiantiles de 2011, el comentarista deportivo lo invitaba a los debates que hacía en la radio Polar, de la que era dueño. En 2014 Boric llegó al Congreso. Irónicamente, en 2017, cuando el entonces parlamentario fue a la reelección, el mejor amigo de su padre le compitió sin éxito. “Pero eso no dañó en nada mi amistad con Gabriel. Yo fui el primero en ir a saludarlo cuando ganó”, confiesa.
“Gabriel siempre tuvo ayuda de psicólogo” Incluso en público, cuenta Mimica, el ahora exmandatario le decía “Vladi”. El relator deportivo reconoce que tuvo que hacer un gran esfuerzo para acostumbrarse a decirle presidente; solo en privado lo trataba de Gabriel. Esta cercanía permitió que una vez incluso lo corrigiera en un acto masivo, que él mismo conducía.
Después de que el presidente contara frente a los asistentes que su padre lo había pasado desde Punta Arenas a la Argentina durante la dictadura, Mimica le hizo una aclaración: “Perdón, pero tengo que corregirlo”. Todos quedaron en silencio. “Yo no salí de Punta Arenas a Argentina, sino que desde Santiago”. Riendo, Boric se paró y le dio un cariñoso abrazo. ¿Qué sintió cuando se convirtió en presidente? Fue una cuestión extraordinaria. Impresionante. Siempre me di cuenta de que estaba frente a alguien distinto. Es muy inteligente y leído. Desde niño era un “ratón de biblioteca”, influencia de su padre. Me sorprendió su fuerza para ganar la FECh y llegar a la presidencia. Como presidente, más lo admiré. Gabriel aprendió mucho en estos cuatro años. Él fue el primero en entender eso que le dijo Sebastián Piñera al dejar La Moneda: “Otra cosa es con guitarra”. La política te enseña que nada está “escrito en piedra” ni es permanente. Los tiempos te hacen cambiar de opinión y comprender que no se puede avanzar ante lo imposible. Gabriel hizo todo el esfuerzo para poder caminar por las calles como lo hace hoy, con la conciencia limpia. ¿Cómo ha evolucionado emocionalmente? Está profundamente enamorado de Paula Carrasco. Ha madurado muchísimo en lo humano y en lo político. Su hija Violeta lo transformó y ahora su vida personal la encauza en el amor.
Le he escuchado muchas veces decir que quiere aumentar su familia, tener más hijos. ¿Cuáles fueron los momentos más difíciles de su presidencia? Su gran dolor fue la fallida venta de la casa de Allende, y que terminó con la carrera política de Isabel y de Maya Fernández. Él le tiene una profunda admiración al expresidente. El otro golpe difícil fue el caso Monsalve y todos los errores que se cometieron ahí. Fue algo muy sorpresivo. ¿Cómo ha manejado él sus reconocidos problemas de salud mental? Fue una preocupación evidentemente. Durante estos cuatro años, Gabriel siempre tuvo un médico y un psicólogo.
Y se mantuvo muy bien. ¿Ha superado sus problemas de salud mental? Yo no soy doctor, pero espero que esos temas los vaya superando a medida que avanza en la vida y que los niños le hagan bien. Junto a Violeta está el hijo de Paula, que Gabriel ha asumido como propio. ¿Cómo han sido estos cuatro años para la familia Boric? Los han vivido con mucho orgullo y satisfacción. En la familia la política siempre está presente.
De hecho, Gabriel habla mucho del tema con su padre. ¿Le dio alguna recomendación al papá del presidente? Que no viera las redes sociales, que son tremendamente tóxicas y están llenas de mentiras. ¿Cómo fueron sus últimos días en La Moneda? Lo vi siempre muy tranquilo. Durante esa manifestación multitudinaria que se realizó frente a La Moneda, en un momento Gabriel movió la cortina y se impresionó con la cantidad de gente que había. “Vaya. Esto es en serio”, exclamó. Incluso, se dio el tiempo de ir a la Librería Nacional a comprarle un libro especial a cada uno de sus ministros y subsecretarios, para después entregárselos en el asado de despedida. El último día yo estuve en el despacho presidencial con la familia. El presidente venía con la camisa blanca empapada y dijo “me voy a cambiar”. Ahí nos despedimos. ZEPÓLOSNOFLAOIG “Está profundamente enamorado de Paula Carrasco. Su hija Violeta lo transformó. Le he escuchado muchas veces decir que quiere aumentar su familia, tener más hijos”.. Conoció al expresidente cuando era un recién nacido. Desde entonces, el popular comentarista deportivo —también nacido en Punta Arenas— ha seguido de cerca sus pasos, en una relación marcada por la política y los afectos. Luego de trabajar en el Ministerio del Deporte, fue llamado a colaborar en el manejo de la crisis que generó el caso del gásfiter de La Moneda que murió de un paro cardíaco. “Fue un momento complicadísimo”, reconoce. Acá, cuenta su historia con el ahora expresidente. VLADIMIRO MIMICA: “Está profundamente enamorado de Paula Carrasco. Su hija Violeta lo transformó.
Le he escuchado muchas veces decir que quiere aumentar su familia, tener más hijos”. R E S “Su gran dolor fue la fallida venta de la casa de Allende, y que terminó con la carrera política de Isabel y de Maya Fernández. El otro golpe difícil fue el caso Monsalve y todos los errores que se cometieron ahí. Fue algo muy sorpresivo”. “Yo creo que nunca se va a ir de la política. Será un referente de la centroizquierda y ayudará a construir una oposición que no cometa los errores del pasado”.