Editorial: Simce y cimientos rotos en las aulas
Editorial: Simce y cimientos rotos en las aulas oce mil treinta y cinco adolescentes de la Región de Los Lagos avanzan hacia la enseñanza media con los cimientos rotos. Los recientes resultados del Simce 2025 revelan algo muD cho más grave que el fantasma de la deserción: una carencia estructural en las bases educativas que golpeará su formación futura. La caída de siete puntos en Lectura y cinco en Matemática en los octavos básicos evidencia un sistema que promueve alumnos, pero no consolida aprendizajes mínimos. Un estudiante de Alerce o de la población Pichi Pelluco que llega a primero medio sin la capacidad de decodificar un texto complejo o resolver un problema lógico no necesariamente abandonará el liceo. Simplemente transitará por la educación media acumulando frustraciones, imposibilitado de adquirir competencias técnicas o académicas superiores. Esta es la generación que aprendió a leer frente a una pantalla. Los vacíos pedagógicos arrastrados hoy operan como una barrera invisible que limita sus opciones vitales. La brecha se vuelve aún más cruel al observar la caída de nueve puntos en matemática entre las mujeres de la zona, una desigualdad inaceptable que el aula no logra contener. El discurso oficial busca destilar optimismo frente a la urgencia.
El director de la Macrozona Sur de la Agencia de Calidad, Gerardo Berríos, asegura que las cifras "nos dan muy buenas luces para poder abordar desde ya a esos estudiantes (. .. ) para que puedan tener una enseñanza media con unos resultados de aprendizaje que sean muy superiores". La cruda realidad de los pupitres de la provincia choca con esa retórica. Retirar los teléfonos celulares de las salas, medida proyectada a dar frutos en hasta ocho años según la Superintendencia, reduce la distracción, pero de ninguna manera enseña a sumar ni a inferir ideas. El sistema educativo regional necesita abandonar la complacencia administrativa. Los liceos que hoy reciben a este grupo de jóvenes requieren planes de nivelación basal intensivos, diseñados para reparar lo que la educación básica dejó en blanco. Los sostenedores tienen la obligación de asumir esta fractura con estrategias inteligentes. Permitir que estos jóvenes avancen por inercia sin herramientas es condenarlos a la mediocridad.. La caída en puntajes evidencia vacíos formativos profundos que limitarán el aprendizaje en la educación media regional. E Editorial