Una vocación que no sejubila
Una vocación que no sejubila Tiene Tiene 87 años que no representa. El doctor Alfonso Díaz nos recibe en la entrada del Hospital Dr. Sótero del Río “el más grande de Chile”, dice con orgullo y, para llegar a su oficina, subimos subimos varios pisos por unas largas escaleras que supera sin dificultad.
“En un día fácilmente fácilmente puedo subir un Cerro San Cristóbal, contando todas las escalas que sumo”. Una práctica que, dice, le ha permitido llegar activo activo a su edad, junto con no fumar y cuidar su alimentación.
“Por qué quiero seguir trabajando?”. Es la pregunta que lanza ya sentado en su oficina, detrás de su escritorio lleno de estudios y reportes, reportes, donde asegura tiene la solución para para la salud pública en Chile.
“A pesar de que legalmente me quieren obligar a jubilar, quiero quiero seguir transmitiendo lo que he aprendido”, responde, refiriéndose a la nueva norma que establece el retiro de los funcionarios públicos públicos al cumplir 75 años, incluidos los de hospitales hospitales públicos, a partir de enero de 2027. Elegido en 2015 por su pares como Maestro de la Cirugía Chilena y nombrado entre los 100 Líderes Mayores por Conecta Mayor UC, “El Mercurio” y la U. Católica, Alfonso Díaz decidió estudiar medicina tras lanzar una moneda moneda al aire. Aunque quería agronomía “me gustaba andar a caballo”, cuando fue a dar la prueba de admisión a la UC, vio un cartel de la carrera que había elegido y, frente a él, uno de medicina. Lo consideró una señal y confió en el resultado de la moneda que se mclmó hacia medicina.
Alumno regular e inquieto pasó por varios varios colegios, cuenta que hubo algo que lo sacó del montón: su afición a la lectura, un hábito hábito que nunca dejó (hoy lee “Cómo mueren las democracias” y “La historia de Jesús”). Las p. iiiieras cirugías En sus tiempos, cuenta, era factible que alguien alguien superara el examen de admisión a la universidad si era lector.
Para entonces, el doctor en ciernes había leído “El tesoro de la juventud”, una colección de veinte tomos enciclopédicos enciclopédicos que en más de 7.000 páginas narraba narraba historias desde el Imperio Persa hasta la construcción del túnel del Simplon y, gracias a que manejaba información sobre las cosas más variadas, pudo estudiar medicina. “Hoy esto es imposible”, dice. Aunque Alfonso Díaz nació en Santiago, al poco tiempo su familia se trasladó a Cauquenes. Cauquenes. Su papá era ingeniero de obras públicas y trabajó en la reconstrucción de esa ciudad, luego del terremoto de 1939 en Chillán. Entonces, Entonces, tenía un año y le tocó vivir, y luego jugar, en una ciudad en ruinas. Allí nacieron también sus dos hermanas mayores. Terminados sus estudios de medicina en Santiago, Santiago, fue general de zona en Constitución y m& dico de urgencia del Hospital de Talca durante tres años. Cuenta que fue el camino que encontró encontró para ejercer su vocación en el mundo real. Allí, efectuó cirugías que fueron desde hematomas hematomas subdurales y hemorragias digestivas hasta cáncer cérvico uterino, entre otras. “El adiestramiento adiestramiento quirúrgico era muy distinto al de hoy”. Para entonces tenía experiencia. Durante una huelga médica en el Hospital de Talca, ayudó al jefe de turno a hacerse cargo de la maternidad y operar más de 30 cesáreas. “Las primera diez, supervisadas; y después, solo”, recuerda. Comenzó a ejercer formalmente en l964y en 1970 llegó al Hospital Dr. Sótero del Río, donde hoy es jefe del Servicio de Cirugía, y en 2018 celebró sus 80 años junto con los del hospital, inaugurado en 1938.
En sus inicios, cuenta, la esperanza de vida promedio en Chile era de 60 a 64 años, en tanto tanto que hoy llega a los 80 años para los hombres hombres y 83 para las mujeres. ¿Cómo pasamos de 60 a 80 años y superamos superamos a Estados Unidos (77)? Una pregunta a la que agrega un elemento que, adelanta, es más notable aún: haber conseguido esto con una inversión de US$1.000 por año en comparación comparación con los US$ 12.000 de Estados Unidos. “Sin embargo, en lugar de estar contentos con lo que habíamos logrado, se nos ocurrió copiar copiar a Estados Unidos su sistema que llaman de calidad.
El problema es que subieron los costos, pero la calidad no aumentó”. Una “tremenda tontera”, grafica, que el Alfbnso 1)íaz Fernández, jefr del Servicio (le Cirugía del 1 lospital 1)i Sótero del Río: Una vocación que no sejubila RCHIVO PERSONAL Con la primera expedición chilena que llegó al Everest en 1992, con Rodrigo Rodrigo Jordan y Cristián García-Huidobro. Alfonso Díaz, abajo a la derecha. El jefe de cirugía del hospital más grande del país defiende la salud publica chilena. Cuestiona el aumento de costos sin mejoras en calidad y la norma que lo obligará a retirarse por su edad. Con más de seis décadas de trayectoria, hoy prioriza la docencia y mantiene su afición a subir cerros. ConsLanze Ke. ber S. loo Líderes Mayores RECONOCIMIENTO ANUAL A PERSONAS 75+ QUE IMPACTAN EN LA SOCIEDAD El doctor Alfonso Díaz, a la izquierda, junto sus colegas Rose Marie Megge y Mario Caracci. En el Hospital Dr. Sótero del Río, Alfonso Díaz ha desarrollado su carrera durante más de 50 años.. Una vocación que no sejubila Hospital Dr. Sótero del Río contrarresta con productividad: 32.200 cirugías anuales, incluidas incluidas 350 cardíacas, cientos de neurocirugías neurocirugías y8O trasplantes hepáticos. En estos últimos, últimos, advierte, faltan hospitales para instalar órganos donados y apoyo a los equipos quirúrgicos quirúrgicos que los puedan realizar.
Junto con lo anterior, agrega, se cambiaron las reglas del juego: se pasó de un sistema de calidad centrado en la autopsia de los fallecidos fallecidos a uno de calidad basado en protocolos que no tienen confirmación objetiva de causa de muerte. De este modo, analiza, las correcciones correcciones terapéuticas se vuelven un proceso largo. Una problemática a la que se suman altos costos por diagnósticos tardíos. Para que estos estos sean precoces, sostiene, hay que conectar la atención primaria con el hospital. “Mi gran meta es que la atención primaria haga los diagnósticos.
Que los pacientes lleguen listos para ser tratados y no con exámenes pendientes pendientes que, por lo demás, pueden ser hechos por médicos recién recibidos con apoyo de JA”. Llegar a flempo Con un sistema así, asegura, se llega a tiempo tiempo y los pacientes ganan vida, y se ahorran recursos: de $9.000.000 en un cáncer gástrico gástrico avanzado a $600.000 en uno incipiente. “Sé que esto funciona, porque así operó por muchos años hasta que, en la década de los 80, la atención primaria se separó de los hospitales”, hospitales”, lamenta.
Un negativo escenario que, a su juicio, se agrava por reglamentos de la industria de insumos hospitalarios, que elevan elevan costos al impedir reutilizar insumos reduciendo reduciendo el número de intervenciones y por trabas de Fonasa para financiar la reposición de equipos y compras de insumos. Usted tiene más de 60 años como cirujano, cirujano, ¿por qué optó por esta especialidad? “Cuando comencé, Chile registraba 200 niños niños muertos por 1.000 nacidos vivos. Entonces, Entonces, todo lo que tenía relación con el embarazo, embarazo, el parto y el cuidado del recién nacido era muy importante para mí.
Por ello, partí como obstetra, pero no tenía dónde hacer la beca y el doctor Hugo Salvestrini, jefe de cirugía de la Universidad Católica, me invitó a acompañarlo acompañarlo y nunca más dejé cirugía”. Luego haría un posgrado en Francia en cirugía cirugía digestiva, especialmente en hígado, y años después terminaría participando con pioneros de trasplantes hepáticos en Europa. Usted ha formado a muchas generaciones generaciones de médicos, ¿qué le atrae de la docencia? “Me gusta enseñar, por eso estoy aquí. Hace Hace mucho tiempo que no opero como primer cirujano.
Entro al pabellón para colaborar en decisiones inhabituales frente a las que los años de experiencia ayudan”. Echa de menos estar en primera línea? “Seguir operando después de más de mil cirugías, ya no me llama la atención. Prefiero ayudarle al doctor que la está desarrollando y que no sabe si un tumor es resecable o no.
Para Para pasar ese límite, él necesita apoyo y ahí estoyyo”. estoyyo”. Una función que para Alfonso Díaz es clave, clave, ya que, dice, existe cerca de un 20 por ciento ciento de error cuando se considera que el tumor de un paciente es irresecable, tras pasar por un comité oncológico y ser derivado a cuidados cuidados paliativos. Usted ha desarrollado su carrera en la salud salud pública, ¿nunca pensó ejercer en el sector privado? “Nunca.
Uno de mis intereses, además del cáncer gástrico, es el de páncreas y, en el sistema sistema privado, se operan menos pacientes”. Junto con la medicina, Alfonso Díaz cuenta que también desarrolló la pasión por el montañismo. montañismo. Llegó a este para ganar salud, luego de sufrir un infarto a los 45 años. En esa actividad, actividad, subió macizos como el Aconcagua, los Ojos del Salado, el K2 y el Everest. Mantuvo esta afición hasta 2006 y hoy la reserva para cerros más chicos cerca de Santiago.
Cuenta que gracias a que su papá lo preparó preparó desde niño para enfrentar el dolor, logró rescatar a un amigo montañista que hizo un edema pulmonar a 8.000 metros de altura en el Everest y, años después, superar una caída de 90 metros en un glaciar. iCómo proyecta sus próximos años? “Los tenía proyectados aquí, pero ahora el director del hospital me tendrá que echar”. Planea seguir ejerciendo en otro lado? “Sí, podría hacerlo en Chad, región subsahariana subsahariana de África. Allí hay hospitales de fundaciones fundaciones donde siempre faltan doctores”. (Y su señora lo seguiría? “Por supuesto, ella es tecnólogo médico y acaba de jubilar. Trabajó en nuestro banco de sangre y puede montar uno allá. Yo he ejercido ejercido en muchos lugares, desde el Hospital de Copenhague hasta el Hospital de Laza. Siempre Siempre habrá alguien que me va a necesitar”. Cree que ha cambiado la forma de ver a los adultos mayores en Chile? “No.
Aún se jubila a médicos destacados como la doctora Rose Marie Megge, pionera en ecografía quirúrgica; el doctor Cornejo, con quien resecamos cinco cartílagos traqueales, traqueales, procedimiento considerado imposible en medicina; y el doctor Martínez, que redujo la mortalidad por cáncer de mama en un 20 por ciento en Puente Alto. En 2025 hicieron 680 cirugías y 2.100 procedimientos.
Parece inadecuado inadecuado mandarlos a su casa”. A estos ejemplos suma lo que le pasó hace un tiempo, cuando compró una camioneta y no la pudo retirar porque tenía más de 80 años y no encontró ninguna aseguradora que lo aceptara. “A esta edad no hay derecho a crédito ni a trabajar en lo que a uno le gusta”, visibiliza. Algún sueño que le quede por cumplir? “Miles. Creo que el mecanismo de los trasplantes trasplantes se puede mejorar mucho aún y la terapia terapia génica ya debería estar implementada para para corregir patrones de riesgo”. Qué legado le gustaría dejar? “Mi conocimiento. Si alguien aprendió o le gustó algo de lo que dije o hice, ese es mi legado”. 1 a] 1, 4IVO]fijyL Mi? Junto a su familia. Tiene cuatro hijos de dos matrimonios: una mujer y tres hombres, y siete nietos. Alfonso Díaz Fernández, en su oficina del Hospital Dr. Sótero del Río. Asegura que sobre su escritorio tiene la solución para la salud pública chilena. Si a 1., it En sus tiempos de alta montaña, cuando escalaba escalaba el Everest y el 12..