Autor: MIGUEL ÁNGEL SAN MARTÍN ARRIAGADA RECTOR COLEGIO CONCEPCIÓN CHILLÁN
Columnas de Opinión: Exigir con el cerebro, cuidar con el corazón
Columnas de Opinión: Exigir con el cerebro, cuidar con el corazón L a historia de la educación en Chile se puede leer como una serie de intentos por "importar el éxito". Hemos observado con una mezcla de envidia y fascinación modelos como el de España, Singapur o Finlandia, buscando una fórmula que resuelva nuestros problemas como arte de magia. Sin embargo, en ese ejercicio, hemos cometido un error basal, nos quedamos con la cáscara técnica y burocrática, evadiendo el esfuerzo cultural de construir una educación que no traicione nuestra propia identidad.
No digo que no debamos aprender de lo que hacen otros países, pero resulta paradójico que, mientras los referentes que citamos basan su éxito en una disciplina rigurosa y un respeto sagrado por el rol docente; en nuestra realidad termina rigiendo aquello que coarta el desarrollo y estrangula las oportunidades de aprendizaje. ¿Serían estos los resultados que buscaban las reformas educativas de nuestro país o en algún momento nos extraviamos? Por un lado, hemos descuidado la exigencia académica real, aquella que eleva el aprendizaje al desarrollo de habilidades superiores, operando en un sistema a veces amorfo y por otro, ignoramos que cualquier sistema de alto rendimiento requiere un soporte emocional y ético, que a ratos pareciera estar ausente. No se puede pretender la velocidad de un motor de alta gama en un chasis que no ha sido reforzado.
Al forzar estándares extranjeros sin considerar nuestra idiosincrasia ni fortalecer el vínculo entre políticas, contexto, familia y escuela, hemos generado una fricción que hoy estalla en una crisis de salud mental alarmante; estudiantes agotados, docentes agobiados, directivos atrapados y familias disconformes, son el síntoma de un sistema que exige resultados estadísticos, pero que no ha sabido cultivar la resiliencia ni el bienestar humano.
Es justo reconocer aciertos de la política en cobertura, infraestructura y aumento de recursos financieros; así mismo se debe destacar aquellos establecimientos que se rebelan y luchan por mantener el equilibrio; pero tropezamos repetidamente con la hiperburocratización. Hemos permitido que las circulares y rendiciones de cuentas desplacen al proyecto educativo. Hoy castigamos el error formal, pero somos peligrosamente indulgentes con la mediocridad académica. Creo profundamente en la exigencia como un acto de amor y respeto, exigir es decirle al estudiante: ¡ confío en tus capacidades! Pero esa exigencia solo es sostenible en equilibrio.
Como advertía el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman, "en esta modernidad líquida la educación debe ser un panel de control contra la incertidumbre, no una fuente adicional de ansiedad". Es momento de que los académicos tengamos una voz activa. No necesitamos reformas que miren al extranjero con ojos de turista; necesitamos una que mire hacia adentro, al corazón de nuestras aulas en Ñuble y en todo Chile. El desafío no es ser como Singapur, Finlandia o España; el desafío es atrevernos a ser una escuela que exija con el cerebro, pero que también cuide con el corazón.
Es justo reconocer aciertos de la política en cobertura, infraestructura y aumento de recursos financieros; así mismo se debe destacar aquellos establecimientos que se rebelan y luchan por mantener el equilibrio; pero tropezamos repetidamente con la hiperburocratización. Hemos permitido que las circulares y rendiciones de cuentas desplacen al proyecto educativo. Hoy castigamos el error formal, pero somos peligrosamente indulgentes con la mediocridad académica. Autor: MIGUEL ÁNGEL SAN MARTÍN ARRIAGADA RECTOR COLEGIO CONCEPCIÓN CHILLÁN.
Es justo reconocer aciertos de la política en cobertura, infraestructura y aumento de recursos financieros; así mismo se debe destacar aquellos establecimientos que se rebelan y luchan por mantener el equilibrio; pero tropezamos repetidamente con la hiperburocratización. Hemos permitido que las circulares y rendiciones de cuentas desplacen al proyecto educativo. Hoy castigamos el error formal, pero somos peligrosamente indulgentes con la mediocridad académica.