Autor: Rodrigo Contreras Vergara
Bagheera, Diana y Cata van al veterinario
Bagheera, Diana y Cata van al veterinario 12 DIARIO TALCA a me pasó en un Cesfam. Me mandaron a hablar con la Dirección de Salud. Y ahora en la Clínica Veterinaria Municipal, una Y idea a todas luces exitosa y reconocida por la ciudadanía. Las salas estaban llenas. Algunas personas esperaban incluso afuera, con las mascotas apenas asomándose desde sus típicos bolsos de transporte. La secretaria dice que la encargada no está en ese momento, que anda afuera repartiendo comida a perros de la calle. No está autorizada para darme su número de celular. Tampoco puede llamarla para preguntarle a qué hora regresa o si aceptaría una entrevista. Ni quise preguntar si la encargada podría autorizar a que alguien, un médico veterinario, por ejemplo, pudiera hablar conmigo. Una funcionaria que escuchaba me miraba de manera solapada y otro intentaba una explicación grandilocuente sobre el riesgo de malinterpretar lo que pudiera decirme. En fin, el típico ruido que traba el aparataje público. Entendible, en todo caso, el temor a meter la pata, a la reprimenda del superior. O incluso a perder la pega. Así no más es el protocolo funcionario. No pude confirmar la historia de los perros que viven de allegados en el recinto y que recientemente habrían evitado un robo. Para no perder el viaje, hablé con las personas que iban saliendo o esperaban afuera. Guillermo Rojas abre la rejilla del bolso y Bagheera apenas se asoma. No lo está pasando bien. Tiene una fractura en la cadera que le impide orinar. Acaban de examinarla. Le dieron un tratamiento para ver si puede volver a orinar, independiente de la fractura. Constanza Medina acompaña a Guillermo. Son amigos. En realidad, son ex, pero ella me pide que no lo ponga en la nota. Pero me parece algo muy bonito, tomando en cuenta los tiempos que corren, que dos ex se pongan de acuerdo y lleven al gato regalón al veterinario. Lo siento, Constanza. Bagheera tiene apenas un año y un par de meses. Sus ojos, pese a la incomodidad de la dolencia, asegura Guillermo, están muy vivos. Se nota que quiere recuperarse. Van a hacer todo lo posible para que así sea. Y si no, si el tratamiento no resulta y su calidad de vida no es buena, reconoce Constanza, han pensado, finalmente, con mucha pena, en dormirlo. Siempre ha tenido mascotas, perros, gatos, gallinas. A Bagheera lo fueron a buscar a la poblaCrónica ción Bicentenario, tras ver un anuncio en redes sociales. De la clínica municipal ambos tienen la mejor opinión. Ayuda mucho, especialmente a familias que no tienen los recursos para llevar a sus mascotas a un veterinario particular.
Antes de que abrieran la clínica en la 6 Norte con 18 Oriente, hace poco más de un año, Constanza llevaba a sus perros y gatos al recinto antiguo, en la 5 Sur con 15 Oriente. En comparación, la nueva sede es mucho más cómoda y moderna. No les sorprende la cantidad de gente que espera. Hay días en que es mucha más. En los estacionamientos, Patricio Retamal intenta entretener a Diana, una peluda y chascona perra de un año de edad. Diana corretea por aquí y por allá, sin sospechar lo que se le viene. Ya conoce el terreno. Ha estado varias veces para sus vacunas y controles. Patricio hoy tiene tres perros y un gato. Tenía solo una perra, Reina. Un día Reina se escapa y queda preñada. Nacen Diana y Toffy. Reina no estaba esterilizada porque le detectaron un problema al corazón. Ahora es el turno de Diana. No se paga por la esterilización. La atención es buena en la clínica municipal, opina Patricio. Incluso lo 15 marzo 2026 llaman para avisarle que hay horas de atención. Confirma que siempre hay harta gente que lleva a sus mascotas a la veterinaria. Cristian no sabe cómo la Cata se rompió una de sus patas. Quizás la mordió un perro. O tal vez se enganchó en algún alambre. Algo pasó hace dos días que Cata dejó de moverse como lo haría una gata de un año. Ahora se refugia tímida en los brazos de Cristian, arropada con una manta roja. Lleva unos 45 minutos esperando. Y debe quedarle una hora, por lo menos, con siete pacientes antes. Tiene seis gatos y cinco perros. Aunque buena parte del trabajo se lo lleva su esposa. A ambos les gustan los animales. También a su hija. Un día decidieron esterilizar a la mamá de Cata, pero justo descubrieron que estaba embarazada. Si la esterilizaban perdía la camada. Cristian se lo planteó a la familia y su hija le dijo que si se le ocurría operarla en esas condiciones lo metería preso. Bueno, quedó clara la decisión que tomarían. Nació la Cata. La gata asoma la cabeza intentando escapar de los brazos de Cristian. Pero su pata rota le recuerda que debe quedarse donde está y seguir esperando a que la llamen para ser atendida. Autor: Rodrigo Contreras Vergara. Todos los regalones que asisten a la Clínica Veterinaria Municipal no pagan nada. Bueno, los exámenes tienen un costo, aunque menor a realizarlos de manera particular. Bagheera tiene una fractura en la cadera. Diana debe esterilizarse. Cata tiene una pata rota Cata tiene rota una de sus patas. Espera paciente a que la atiendan. Guillermo asegura que van a hacer todo lo posible para que Bagheera se recupere. En los estacionamientos de la clínica, Patricio Retamal intenta entretener a Diana, una peluda y chascona perra de un año de edad.