Autor: Paula Villegas Norambuena Directora carreras de Educación CFT Santo Tomás Antofagasta
Columnas de Opinión: Violencia en nuestras escuelas
Columnas de Opinión: Violencia en nuestras escuelas a violencia que hoy observamos en nuestras escuelas no surge de manera espontánea. Es el resultado de años de una educación empobrecida y de un sistema que, muchas veces, ha dejado en segundo plano lo emocional y lo relacional. Y cuando hablo de educación, no me refiero únicamente al sistema escolar.
Hablo también de la educación que construimos comosociedad: en las familias, en los espacios públicos y en una cultura del olvido, donde las relaciones se vuelven desechables y las expectativas sobre nuestros niños y niñas son cada vez más bajas. Es fácil responsabilizar solo a la escuela.
Sin embargo, ¿somos realmente conscientes de cuánta influencia tenemos en lo que hoy ocurre? La violencia que vemos en las aulas no es más que un reflejo de lo que, día a día, validamos o normalizamos como sociedad. Vivimos en una cultura de la inmediatez, donde todo debe resolverse rápido, sin pausa, sin reflexión. Reaccionamos antes de comprender, respondemos antes de escuchar.
En ese contexto, la empatía pierde espacio y el conflicto se convierte en una amenaza que hay que neutralizar, muchas veces desde la imposición o la agresión. ¿Cómo pretendemos educar en el respeto si los adultos no sabemos resolver nuestros propios conflictos? Basta observar la violencia cotidiana: los insultos al conducir, la intolerancia frente al error, la rapidez con la que etiquetamos al otro. ¿Cuántas veces educamos desde frases como "si te pegan, pégales más fuerte" o "no es para tanto"? ¿ Cuántas veces evitamos pedir disculpas cuando nos equivocamos? Sin darnos cuenta, el mensaje que transmitimos es claro: la violencia es válida y el daño no importa. Así, hemos ido normalizando la agresión, la indiferencia y la falta de respeto, configurando entornos que luego se replican en las escuelas. Por eso, lo que ocurre en ellas no puede analizarse de manera aislada, sino como parte de una trama social más amplia. En este escenario, el rol de los adultos es fundamental. Educar no es solo enseñar contenidos, sino también revisar nuestras propias prácticas. Implica detenernos, cuestionarnos, desaprender formas de relacionarnos que dañan y abrirnos a nuevas maneras de convivir. Pero esto requiere tiempo, disposición y conciencia, tres elementos escasos en una sociedad que privilegia la rapidez por sobre la profundidad. Por ello, resulta urgente avanzar hacia una educación emocional que trascienda el aula. No basta con instalarla en los colegios; es necesario incorporarla en las empresas, en los servicios públicos y en la vida cotidiana. Porque educar emocionalmente no es una tarea exclusiva de la escuela, sino un desafio social. Hoy, más que nunca, la invitación es a mirarnos con honestidad. Porque el modo en que tratamos a otros no solo nos define como individuos, sino que también moldea la sociedad que estamos construyendo y el mundo que estamos dejando a nuestros niños y niñas. Autor: Paula Villegas Norambuena Directora carreras de Educación CFT Santo Tomás Antofagasta. C Columna