Autor: Víctor Munita-Fritis, escritor
Cartas: El árbol, el primer edificio de la memoria
Cartas: El árbol, el primer edificio de la memoria ·Señor director: Decía el nigeriano Wole Soyinka, Premio Nobel de Literatura, que bajo los árboles donde nuestros antepasados descubrieron el sentido de seguridad y comunidad, integraron al árbol en nuestra conciencia social como el "primer edificio de la civilización", pero hoy en Copiapó ese edificio fundacional ha sido demolido por la insensatez de una motosierra que no entiende de microhistorias ni de la memoria que habita en la savia de nuestras calles.
La reciente noticia de la tala indiscriminada de árboles en el centro de la ciudad, que tan sólo debían ser podados, no es un simple error técnico de coordinación, sino un atentado directo contra nuestra supervivencia en este desierto, una herida abierta en el cemento que nos despoja de la herencia de los antiguos y del derecho elemental a la sombra.
Ver los troncos cercenados en las esquinas céntricas genera una indignación que trasciende lo estético, porque en una zona donde el sol es un juez implacable, cada rama cortada por negligencia de CGE, gerentes y trabajadores, es un refugio menos para el copiapino de a pie, un grado más de calor asfixiante y una desconexión total con ese sentido de comunidad que nos define como pueblo atacameño.
No podemos permitir que la burocracia siga podando el futuro de nuestra identidad regional, por lo que ante esta herida, urge un "plan maestro de forestación integral" donde el Gobierno Regional y el Municipio asuman el liderazgo con un catastro arbóreo protegido y ordenanzas que castiguen el arboricidio, mientras los servicios públicos transforman sus perímetros en oasis urbanos de arquitectura verde y las universidades convocan a sus estudiantes y funcionarios como guardianes técnicos en jornadas de plantación científica; porque un granito de arena o una palada de tierra de hoja, puede cambiar nuestro presente.
Este compromiso debe llegar hasta el antejardín del vecino y la vereda del barrio, incentivando un corredor biológico gestionado por la propia ciudadanía que devuelva el verdor a nuestras vidas, porque la sombra es un derecho humano irrenunciable en esta tierra y es imperativo que reconstruyamos el primer edificio de nuestra civilización antes de que el sol termine por borrarnos definitivamente de la historia. Autor: Víctor Munita-Fritis, escritor.