Los incendios son un examen al Estado
Los incendios son un examen al Estado Ricardo Celis, senador electo por La Araucanía. I dolory la solidaridad con Filas víctimas de los incendios en Biobio y Nuble hoy recorren todo el país. Nohablamos solo de pérdidas materiales: hablamos de vidas humanas perdidas, hogares devastados, vidas truncadas, familias desplazadas, comunidades quebradas, ecosistemas destruidos y la muerte de mascotas. Todo ello constituye una carga de sufrimiento que se arrastra por años. En situaciones así, la primera obligación ética es acompañar. La segunda, igual de urgente, es decir la verdad con claridad: esta tragedia se repite y no podemos seguir tratándola como si fuera inevitable. Es fundamental recordar que esto no es un hecho aislado nireciente. En 2017, más de 600 mil hectáreas fueron consumidas por el fuego en tres regiones, incluyendo La Araucanía, provocando una erosión severa de los suelos y un daño ambiental irreparable. En los últimos diez años, desde Valparaíso hasta Magallanes, se han registrado más de 160 muertes, además de la pérdida de miles de animales y una biodiversidad irrecuperable. Estas cifras no son un dato frío: son una advertencia. El país sabe lo que está pasando. Lo que falta es transformar esa evidencia en decisiones sostenidas. Los incendios son un examen al Estado: si llegamos tarde, el país paga con vidas. Y eso no lo podemos normalizar. Los incendios no solo arrasan bosques y viviendas; también golpean infraestructura críticay servicios básicos, dañan caminos, redes de agua y recintos esenciales. Los saqueos y robos de equipos médicos en el Hospital Penco-Lirquén demuestran la vulnerabilidad de nuestra infraestructura sanitaria, que debe contar con resguardo efectivo y permanente. Las consecuencias en la salud fisica y mental son igualmente profundas: estrés postraumático, duelos complejos, crisis de ansiedad y quiebre de redes comunitarias.
Aunque la acción humana-sea por intencionalidad o por descuidoestá presente en la mayoría de los casos, hay factores que agravan aún más esta catástrofe: la emergencia climática, la sequía prolongada y la ausencia de políticas preventivas eficaces, tanto en Chile como en la Patagonia argentina, Australia y otros territorios del mundo. A todo esto se suma la pobreza, expuesta con crudeza cuando el fuego se lleva viviendas en asentamientos precarios, tomas de terreno y sectores donde el Estado llega tarde o llega poco. También hemos postergado una discusión ineludible: la planificación territorial.
Laausencia o debilidad de planes reguladores comunales y la falta de medidas efectivas en las interfaces urbana-agrícola y urbana-forestal incrementan el riesgo, porque la vida cotidiana queda peligrosamente cerca del combustible, sin accesos adecuados, sin medidas preventivas y, muchas veces, sin capacidad de evacuación o combate oportuno. La descoordinación institucional y la carencia de infraestructura moderna hacen que esas zonas se transformen, literalmente, en trampas mortales. El debate sobre el uso de terrenos dañados por incendios sigue abierto, con visiones contrapuestas y sin solución por la colisión con los planos reguladores. No podemos limitarnos a llorar a las víctimas ni a quedarnos en la crítica política estéril. Es imperativo pasar a la acción. Se requieren prioridades claras: Primero, prevención permanente: capacitación continua de brigadistas y educación comunitaria, manejo del riesgo en territorio y revisión de instrumentos de planificación. Segundo, capacidad real de respuesta: reforzar infraestructuray equipamiento para el combate de incendios, fortalecer la coordinación operativa y respaldar con seriedad a Bomberos, brigadas de Conaf y las instituciones que se despliegan en emergencias. Cuando el Estado se articula tarde, el costo se mide en vidas. Tercero, reconstrucción con enfoque humano: la recuperación debe considerar salud física y salud mental, continuidad de servicios esenciales y apoyo efectivoa quienes lo pierden todo. Desde la Araucanía hago un llamadoa la prevención ciudadana: evitemos conductas de riesgo y denunciemos de inmediato cualquier foco sospechoso. En mi rol, manifiesto mi plena disposición a impulsar acuerdos y medidas concretas para prevenir, coordinar y fortalecer las capacidades del Estado. Honrar a las víctimas significa actuar ahora, con urgencia y con seriedad, para que la tragedia no sea costumbre. 03 C Columna. C Columna