Una muy acertada designación
Una muy acertada designación uarenta y ocho horas desC pués de conocidos los resultados de la elección presidencial recién pasada, empezó a desarrollarse lo que en oportunidades como esa constituye casi un deporte nacional. Comenzaron a aparecer nombres sobre quiénes serían los candidatos para conformar el posible futuro gabinete ministerial de una administración que todavía demoraría algunos mesesen asumir sus responsabilidades. Se dio inicio a esa especie de tómbola ya antes vista, en torno a diversos personajes, todo ello sin que hubiera mediado al respecto una sola palabra de J.A. Kast. Este "deporte nacional" se acentuó en forma directamente proporcional al paso de los días. El lanzamiento de nombres, como era lógico, recibía la aceptación de algunos y el rechazo de otros, poniendo énfasis en las virtudes o en los defectos del personaje de marras. Enunmomento-poracción del propio candidato ganadorcomenzaron a tomar mayor certeza algunas personas que se daban como seguras para ocupar determinadas carteras. Alternativas que desde un comienzo parecían firmes, como la de José Luis Daza para ser ministro no sólo de una, sino de varias reparticiones relacionadas con la producción y la economía, empezaron a debilitarse. Otros, entre ellos yo, considerábamos ciertas opciones como "número puesto" para cargos específicos.
Sostuve pública y privadamente que el conocimiento profesional, la experiencia y la tremenda aceptación pública que tuvo durante la pandemia otorgaban a Paula Daza un lugar de privilegio dificil de superar para el Ministerio de Salud.
Mientras tanto, la febril actividad del Presidente Electo, reuniéndose con los más diversos sectores de la vida nacional, mostraba que ciertos chilenos o chilenas aparecían a su lado según eltipo de cita a la que asistía. Ello ayudó bastante a comenzar a despejar la realidad de cómo "venía la mano". Sin embargo, junto a los posibles nombres que podrían ser elegidos por J.A. Kast para el futuro gabinete, apareció un conjunto de miembros de la futura oposición que dio inicio a una campaña de descalificaciones sin fundamento serio contra cualquier figura con posibilidades de ser ministro. Subrayo que, sin existir aún nombramiento oficial alguno, se desató una ofensiva de descalificaciones hasta entonces no conocida a esa altura del proceso que vivía el país. Desde esos primeros instantes, el Frente Amplio y el Partido Comunista dieron claras señales de cuál sería su conducta futura como oposición. Hoy, los habitantes de esta angosta y larga faja de tierra tenemos clara la irracionalidad que veremos de parte de esos sectores. Una vez conocidos los nombres de los futuros miembros del gabinete, "el río se desbordó". La lluvia de tachas de aquellos grupos no tuvo ni tiene hasta hoy límites. No aparece todavía un solonombre que haya merecido siquiera una tibia aprobación. En este contexto, me interesa destacar el cúmulo de falsedades y descalificaciones dirigidas contra quien será el futuro ministro de Agricultura, Jaime Campos. Se le acusa de no tener experiencia, de ser un simple abogado y de no poseer identidad de valores con J.A. Kast, entre otros cuestionamientos. Yo, por el contrario, estimo que se trata de una de las mejores decisiones del futuro Presidente. Considerando el espacio disponible, me limitaré a dar algunas pinceladas que justifican esta afirmación. Jaime Campos ha sido un destacado abogado y un diputado que brilló en la Cámara. Perteneció desde su juventud al Partido Radical y es un reconocido masón, quien -según señalan miembros de la Logiase caracteriza por la profundidad de su pensamiento y la elocuencia con que lo expone. Hace años causó gran sorpresa cuando el Presidente Lagos lo designó ministro de Agricultura, pues en ese entonces se formularon observaciones similares a las que hoy realizan sus adversarios políticos. En esa calidad lo conocí siendo embajador en Japón y puedo dar fe de su inmenso aporte para que Chile lograra suscribir un acuerdo de libre comercio con el país del sol naciente. Como acotación al margen, cabe señalar que los agricultores nipones no son numerosos, pero sí políticamente muy influyentes, y se oponen frontalmente a este tipo de acuerdos. En el momento en que negociábamos con Tokio, Japón tenía un solo acuerdo de libre comercio, con Singapur, país que no exporta ni una manzana. Las negociaciones que llevamos adelante con Jaime Campos fueron realmente sustantivas y, sin su aporte, pienso que no habríamos conseguido nuestro objetivo. Lo recibí varias veces en Tokio y puedo afirmar, de primera mano, que sin su inteligencia, conocimiento y capacidad negociadora no habríamos llegado a buen puerto.
Sin esas capacidades demostradas, asícomo sin su habilidad profesional y personal para desempeñarse como jefe de un ministerio tan relevante como Agricultura y su inclinación a encontrar soluciones para los muchas veces complejos problemas agrícolas nacionales, no habría sido el único ministro a cargo de esa cartera durante toda la administración del Presidente Lagos. No debe perderse de vista que el capitán del barco era extraordinariamente exigente. Campos fue el único ministro que ingresó al gobierno cuando el Presidente Lagos llegó a La Moneda y que dejó su cargo cuando este salió del palacio. A estas alturas deseo hacer una acotación al margen. Los chilenos que han sido capaces de permanecer en el cargo de ministro de Estado durante una administración completa son muy pocos. Además, se trata de un hombre muy grato en lo personal. Más allá del ámbito profesional, recuerdo una anécdota simpática ocurrida en la ciudad de Osaka. Nos encontrábamos de visita en un hermoso parque, junto a una gran cantidad de turistas, cuando una señora, pese a nuestro bajo tono de voz, advirtió queéramos chilenos. Miró al ministro y le dijo: "Usted es chileno. Yo lo he visto en los diarios.
Ah. .. usted es ministro, pero no logro recordar el cargo específico que desempeña". Jaime Campos, muy amablemente, respondió: "Sí, efectivamente soy chileno y ministro, y me desempeño en Agricultura". La mujer, con visible felicidad, replicó de inmediato: "¡ Qué bueno encontrarlo! Yo necesito hablar con usted.
Soy la alcaldesa de Papudo". El ministro, con una amplia sonrisa, le contestó: "Apenas regrese a Chile, vaya a verme". Quedamos atónitosante el hecho de encontrarnos en ese lugar con una chilena que, además, era alcaldesa de una ciudad. Toda persona que haya tenidoalguna relación con la agricultura durante los años del Presidente Lagos coincidirá en que fue un excelente ministro. De ahíque resulte una estupidez de marca mayor descalificar hoy a Campos como ministro de Agricultura. Este radical y masón fue posteriormente ministro de Justicia durante el gobierno de la Presidenta Bachelet. En ese cargo volvió a brillar con luz propia, impulsando iniciativas destinadas a mejorar de manera sensible la administración de justicia y manejando con gran tino la siempre delicada relación con la Corte Suprema. Tuve conocimiento de un hecho poco difundido: al asumir Justicia, solicitó una audiencia con el Presidente de la Corte Suprema para saludarlo. En esa conversación, Campos expresó -para sorpresa de su interlocutorsu deseo de reunirse con el pleno del tribunal, algo que ninguno de sus antecesores había hecho. Los ministros del alto tribunal aceptaron y en dicha reunión expuso abiertamente los lineamientos de la administración Bachelet respecto del Poder Judicial. No conozco otro ministro de Justicia que haya tenido esa iniciativa ni las agallas para sostener un diálogo reservado con el pleno de la Corte Suprema. Pero quizás lo más destacable de su gestión fue la valentía y el profesionalismo demostrados el último día de la Presidencia Bachelet. Ese día recibió un decreto ya suscrito por la Presidenta, al que sólo le faltaba su firma como ministro, que ordenaba el cierre del recinto penitenciario de Punta Peuco. Campos, como gran abogado, sostuvo que el decreto era inconstitucional y se negó a firmarlo, lo que, naturalmente, le significó el odio de una parte importante de la izquierda. Prefirió ese "privilegio" antes que traicionar su deber y su conciencia. Se requiere una gran consecuencia de vida para actuar de ese modo. Pienso, como lo señalé más arriba, que el nombramiento de Jaime Campos ha sido un gran acierto de J.A. Kast.
Al futuro Jefe de Estado no le importó que fuera un reconocido miembro de un Partido Radical en extinción, que en la elección presidencial había apoyado a Jeannette Jara, ni que se tratara de un laico convencido y distinguido miembro de la Masonería.
Fue un verdadero acto de política pública del actual Presidente electo y un reconocimiento a un chileno que ha dado ejemplo de eficiencia en el cumplimiento de las responsabilidades que el país ha puesto en sus manos. 03. POR DEMETRIO INFANTE FIGUEROA, ABOGADO Y EXDIPLOMÁTICO VÍCTOR HUENANTE / AGENCIA UNO