Autor: Victor Hernández Sociedad de Escritores de Magallanes
Rosamaría Solar Robertson y sus huellas antárticas en Punta Arenas y el estrecho de Magallanes
Rosamaría Solar Robertson y sus huellas antárticas en Punta Arenas y el estrecho de Magallanes FOTO ANDRES POBLETE AMACHINOVUPA Por E n la guía encontramos sabrosos detalles que llaman a pensar sobre la histórica relación que los habitantes australes sostenemos y que, en muchos casos ignoramos, con el continente helado.
Una de las dudas y preguntas frecuentes que se hace la gente, tiene que ver con la comida. ¿De qué se alimentaban las tri pulaciones antárticas en viajes que podían durar varios años? Solar Robertson indica, que en la época heroica de las exploraciones polares, 1897-1922, la escasez de alimentos autóctonos obligaba a los navegantes à depender del consumo de carne seca, galletas y comida enlatada. Al parecer, la gestación de este patrimonio cultural comenzó un poco antes.
El contralmirante francés Jules Dumont D'Urville, además de bautizar animales, lugares y plantas desconocidos para la ciencia occidental, durante su viaje de reconocimiento por las aguas australes, diciembre de 1837-enero de 1838, llamó Durvilaea a una nutritiva alga marina conocida por nosotros como "Cochayuyo". Durante el viaje a la Antártica del Presidente Gabriel González Videla en febrero de 1948, la comitiva fue agasajada en la base Soberania de la Armada Nacional, con un menú que incluia entrada de kril, consomé de pinguino, filete de foca y leche nevada con huevos de pinguino.
La cocina magallánica ha ido adoptando e incorporando elementos antárticos y de la flora y fauna nativa de los pueblos originarios, lo que se evidencia en los menús y cartas que ofrecen restaurantes turísticos, con su oferta de todo tipo de algas, kril, peces como bacalao en profundidad y draco rayado, entre otros.
Al respecto, mucha gente antigua de Magallanes suele recordar, que en la niñez, para evitar los resfrios característicos del crudo invierno austral, los padres les daban a beber aceite de bacalao, remedio infalible que in timidaba hasta al más valiente.
El cirujano Frederick Cook, miembro de la expedición belga de Adrien de Gerlache aseguró a fines del siglo XIX que Punta chilenos que han narrado sobre Arenas era una de las ciudades más cosmopolitas del universo lo que se podía comprobar, en el estilo de vida de su gente yen las distintas actividades comerciales que se observaban.
Una prueba para medir esa característica, se daba en los salvatajes australes y en el auxilio prestado por compañías regionales à embarcaciones y náufragos en el estrecho de Magallanes y al sur del Cabo de Hornos, primero con goletas loberas, luego a través de la Compañía de Salvatajes de Punta Arenas de José Menendez y Braun & Blanchard, la que disponía de una especie de maestranza portátil, equipo de buceo, con trajes y escafandras, bombas de aire y focos para inmersión.
De acuerdo con la investigación de Rosamaría, entre 1896 y 1923 fueron socorridos treinta y seis vapores, incluyendo en aguas antárticas, el buque factoría noruego Solstief, encallado cerca de isla Decepción, en el archipiélago Shetland del Sur, donde operaba la Sociedad Ballenera de Magallanes. La literatura ha contribuido con variado interés a la difusión antártica.
A diferencia de los libros publicados por los exploradores polares, destacan especialmente, los escritores el continente blanco desde la propia experiencia, como es el caso de los periodistas e historiadores, Oscar Vila Labra con "Chilenos en la Antártica" de 1947; Eugenio Orrego Vicuña y Óscar Pinochet de la Barra con "Terra Australis" y "La Antártica Chilena", ambas de 1948.
En el plano de la ficción sobresalen Francisco Coloane con la novela "Los conquistadores de la Antartida" de 1945; Salvador Reyes, quien fuera Premio Nacional de Literatura en 1967, con "El continente de los hombres solos", texto editado en 1955; Miguel Serrano, con "¿ Quién llama en los hielos?" de 1956 y recientemente, Oscar Barrientos Bradasic, con "Cuaderno Antártico", obra publicada en 2022.
El caso de Coloane es aún más significativo por cuanto, vivió en Punta Arenas durante su juventud en calle Fagnano 305 en el barrio Cerro de la Cruz, donde inició además, su trayectoria en el ámbito de la letras y en el periodismo. En nuestra ciudad obtuvo un primer premio en el tradicional certamen literario de las antiguas fiestas de la primavera, siendo aun estudiante del Liceo de hombres. Después de hacer el servicio militar en el Regimiento Pudeto donde conoció al entonces capitán Ramón Cañas Montalva, trabajó en una estancia de Sara Braun.
Su conocimiento de las pampas patagónicas y de los canales australes, lo plasmó en novelas y en los cuentos, "El último grumete de la Baquedano", "Cabo de Hornos", "Golfo de Penas". En 1947 fue convocado para integrar la primera expedición oficial de Chile al continente helado, de cuyos recuerdos escribió "Elcamino de la ballena", novela publicada en 1962, dos afios antes de recibir el Premio Nacional de Literatura.
La presencia de Coloane es relevante también, porque mostró a través de la ficción, la vida singular de los habitantes de Magallanes, desconocida en la zona central del pais, retratada en la interacción del hombre blanco con los últimos representantes de los pueblos originarios del fin del mundo y de rudos personajes que trabajaban en las faenas balleneras en los mares antárticos.
En la misma época en que Coloane editaba sus primeros escritos sobre la zona austral y la Terra Australes Ignota, el oficial del Ejército de Chile, Ramón Cañas Montalva daba a conocer en los diarios puntarenenses La Verdad y El Magallanes, su visión geopolítica de la Antártica.
Nuestra biografiada, que considera a este militar como "gestor de la presencia de Chile en la Antártica y principal ideólogo de la politica polar nacional" nos recordaba que en 1916, con el grado de teniente segundo del Ejército, Cañas fue el secretario encargado de la comisión de salvamento de la expedición de Shackleton, con quien coincidió tiempo más tarde en Londres, mientras estuvo de servicio en Inglaterra. Este militar fue el único delegado chileno invitado a la Conferencia Antártica Mundial realizada en Estocolmo, Suecia, en 1957.
En la guía, dos sitios rememoran su figura: su domicilio particular en Lautaro Navarro 601 esquina Mejicana y las ex dependencias del Museo histórico Militar de Magallanes, que desde 2005 se ubicaba al interior del Regimiento Pudeto, donde se hallaba una sala con su nombre y otra denominada "Proyección Antártica", en que se podia encontrar las actas fundacionales de las dos primeras bases chilenas, "Soberania", hoy "Arturo Prat" de la Armada, y Bernardo O'Higgins, Parte II y final del Ejército, inauguradas en 1947 y 1948. Junto con ello, había fotografías de flora y fauna, esquies de madera y una moto de nieve empleada en el hielo antártico por lo menos hasta el año 2000. En la actualidad, el museo se encuentra cerrado y sus elementos embalados a la espera de la habilitación de un nuevo y espacioso recinto.
Circuito norte de Punta Arenas Al final de Avenida Colón, frente al Liceo bicentenario Luis Alberto Barrera, se ubica una estructura de piedra y concreto que contiene cuatro placas; una de ellas en representación del Territorio Chileno Antártico; otra, con una inscripción que agradece a miembros de nuestras Fuerzas Armadas, científicos y técnicos que permitieron el establecimiento de Chile en el continente blanco; una tercera que recuerda a Pedro Sancho de Hoz, Pedro de Valdivia y Jerónimo de Alderete, primeros gobernantes de Chile con jurisdicción en la Antártica; al libertador Bernardo O'Higgins Riquelme; al médico Federico Puga Borne, propulsor del poblamiento de las regiones australes y a Pedro Aguirre Cerda, quien, en su calidad de Presidente de la República, fijó mediante el decreto supremo N'1.747, un 6 de noviembre de 1940, los límites del Territorio Antártico Chileno.
Una última placa rememora a Mauricio Braun y a Adolf Andresen de la Sociedad Ballenera de Magallanes, además de las empresas Braun & Blanchard; la Compañía de Salvatajes de Punta Arenas; la Sociedad De Bruyne, Andresen y Cia; y la Sociedad Ballenera de Corral. La figura trágica del capitán Andresen impregna varios espacios ubicados en el sector norte de la guía.
Una lápida depositada en la plazoleta central del Cementerio Municipal Sara Braun en Avenida Bulnes 029 inmortaliza su persona, fundador de la Sociedad Ballenera de Magallanes en julio de 1906, empresa que llegó a contar con una flota de nueve buques y dos bases, una en bahía El Aguila en torno al estrecho de Magallanes y otra en isla Decepción, punto de recalada de naves arponeras y de embarcaciones en misiones científicas como la de Jean Baptiste Charcot, a quien asistió en 1910 con treinta toneladas de carbón. Autor: Victor Hernández Sociedad de Escritores de Magallanes. Rosamaria Solar Robertson, en una imagen captada en la época en que investigaba los posibles sitios antárticos, para la publicación de la Guía. Imagen que muestra el monolito erigido en el Cementerio Municipal Sara Braun por la Liga Maritima de Chile en honor al capitan Adolf Andresen. El diario El Magallanes daba cuenta en su edición del 1 de abril de 1940 de una carrera realizada en el Club Hípico de Punta Arenas, en reconocimiento al famoso contraalmirante norteamericano Rychard Byrd. Rosamaría Solar Robertson y sus huellas antárticas en Punta Arenas y el estrecho de Magallanes Pese a que tuvo periodos favorables, una mala estrella parecía perseguir a Adolf Andresen.
En 1912, luego de independizarse de sus amigos y socios, comenzó a dirigir en solitario a su compañía, en momentos en que sucedía una baja mundial en la producción ballenera, lo que sumado a una grave crisis económica lo obligó a liquidar su flota de buques. Radicado en Noruega, concibió el proyecto de instalarse nuevamente en Chile en 1933 con cincuenta y dos compatriotas suyos y un sueco, conformando la Comunidad Chilena-Noruega de Pesca. Entusiasmado, Andresen se entrevisto con el Presidente Arturo Alessandri con el propósito de obtener de su gobierno la entrega de diez mil hectareas para la instalación de una colonia noruega en Magallanes.
La iniciativa quedo inconclusa luego que, a los pocos años fracasara la industria de caza pelágica propuesta, ante un mercado decaído y con malos precios y nuevamente, tuviera Pericón batió estrechamania a Trajano en la pruetu control del programa de ayer on el Club Hipical que vender sus naves para pagar deudas.
De acuerdo con la investigación de Rosamaría, Andresen arruinado y enfermo, vivió sus últimos años en la pensión de Delfina Guzmán, a una cuadra del Hotel Savoy, aunque su lugar preferido para pasar el tiempo era el desaparecido bar Escandinavia, en calle Lautaro Navarro frente a la III Zona Naval. Falleció el 12 de enero de 1940 en el viejo hospital de la Caridad ubicado en Borles, entre calles Progreso, hoy Croacia y Sarmiento. En ese perímetro, hallamos también, al Museo Salesiano Maggiorino Borgatello el más antiguo de la Patagonia en Avenida Bulnes 336.
Fundado en 1893, contiene una completa colección distribuida en cuatro plantas con muestras de cultura, geografia, flora, fauna, mineralogia, paleontología, y comercio regional; dioramas que recrean escenas cotidianas de los pueblos originarios de la zona; herramientas y utensilios fabricados en las misiones salesianas en isla Dawson; en medio, se encuentra una gran sala dedicada a la Antártica, con ejemplares de aves y mamiferos marinos embalsamados.
Se presenta un mapa con la ubicación de las bases nacionales y sobre las reclamaciones chilenas en el sexto continente; vitrinas con objetos e información de la industria ballenera, el rescate de Shackleton y su tripulación; vestigios de isla Decepción donde en 1955 se instaló en caleta Péndulo la base Pedro Aguirre Cerda, destruida por un explosión volcánica en diciembre de 1967.
El circuito norte incluye otros cinco sitios con presencia antártica: El Instituto de la Patagonia, donde tenemos un jardin botánico creado por el doctor Edmundo Pisano que recuerda la figura de Carl Skottsberg, además de una biblioteca especializada en temas patagonicos y polares, con mapoteca y un archivo de periódicos antiguos; el Museo Nao Victoria, en que hallamos una réplica del bote "James Caird" como el que Shackleton y cinco tripulantes emplearon entre isla Elefante y Georgias del Sur, cuando navegaron por mares embravecidos, en un dramático intento por conseguir ayuda para sus compañeros; el llamado muelle Shackleton, en Rio Seco, en las inmediaciones del antiguo frigorífico.
En este lugar desembarcó el marino irlandés y los veintidós hombres de su tripulación, el 3 de septiembre de 1916, después de ser rescatados por la escampavia Yelcho comandada por el Piloto Pardo; aunque para ser más precisos, no era primera vez que en dicho frigorífico se agasajaba a exploradores antárticos: ocho años antes, el 3 de diciembre de 1908, Jean Charcot, su esposa Marguerite Cléry y los oficiales del barco ¿ Pourquoi-Pas? habían disfrutado de un abundante almuerzo en dependencias del establecimiento, al que asistieron autoridades y numerosos invitados.
Cierran este circuito dos es pacios que la autora denomina "como la segunda generación de exploradores polares, en su mayoría aviadores". El Club Hípico enclavado en Avenida Bulnes, atesora varios momentos históricos que atestiguan la consideración ciudadana a los héroes polares.
En septiembre de 1916 se realizó una celebración por el rescate de los náufragos del "Endurance", a la que asistieron alrededor de cinco mil personas, -Punta Arenas tenía poco menos de veinte mil habitanteslo que incluyó un picnic popular, una demostración del Club Deportivo Sokol, un partido de fútbol, y la presentación de la brigada de boyscouts, que pasó revista en reconocimiento a Sir Ernest Shackleton.
En el mismo hipódromo, el 31 de marzo de 1940 se efectuó una carrera en honor al famoso contralmirante estadounidense Richard Byrd, quien anteriormente, había estado dos veces en la Antártica; entre 1928 y 1930, cuando se transformó en el primer navegante en realizar el primer vuelo al Polo Sur y entre 1933 y 1935, cuando invernó seis meses en solitario en una cabaña sobre la plataforma de hielo del mar de Ross, donde estuvo a punto de morir por una prolongada intoxicación con monóxido de carbono.
Marcado por esta experiencia, en su visita de 1940 asesorado por el entonces coronel Ramón Cañas Montalva y el héroe de los cielos australes Franco Bianco, expresó su deseo que la Antártica se transformara en el continente que ayudara a preservar la vida humana.
Sus teorías científicas avaladas por sus experiencias polares, fueron después de la Segunda Guerra Mundial, mitificadas por ufólogos, quienes aseguraban que Byrd en uno de sus viajes había penetrado al centro de la Tierra a través de aberturas en los polos, encontrando civilizaciones perdidas, rodeadas de animales prehistóricos y una frondosa vegetación. El aeródromo de bahía Catalina fue el escenario donde los célebres exploradores Hubert Wilkins y Lincoln Ellsworth iniciaron su travesía al continente helado para consumar en 1935 el primer vuelo transcontinental de la historia.
A su vez, en diciembre de 1955 un avión anfibio de la Fach comandado por el teniente segundo, Humberto Tenorio, unió por primera vez Punta Arenas con isla Decepción, proeza que contribuyó a consolidar la presencia de Chile en la Antártica.
Circuito estrecho de Magallanes Además de la abundante información científica recolectada por los exploradores polares, en Punta Dungeness, Primera Angostura, Cabeza del Mar, islas Isabel, Contramaestre, Magdalena y Marta; senos Otway y Skyring; Reserva Nacional Magallanes en río de las Minas; bahia Inútil y seno Almirantazgo en Tierra del Fuego; Reserva Nacional Laguna Parrillar, Punta Santa Ana, Puerto del Hambre, monte Tarn, cabo Froward e isla Santa Inés, la investigadora rememora el parque marino Francisco Coloane adonde Ilegan cada año grupos de ballenas jorobadas para alimentarse y bahía El Aguila, localizada a 76 kilómetros al sur de Punta Arenas, donde el capitan Andresen instaló en 1905 un asentamiento para la Sociedad Ballenera, que contaba con edificios para fábrica, alojamiento para la administración y sus trabajadores, varadero, calderas, jardín, herrerías, almacén y cocina. Montaje fotográfico que muestra en la parte superior Bahla El Aguila, en la actualidad, y en la parte inferior, algunas de las instalaciones en la época en que funcionaba la Sociedad Ballenera de Magallanes. Autor: Victor Hernández Sociedad de Escritores de Magallanes. Montaje fotográfico que muestra en la parte superior Bahla El Aguila, en la actualidad, y en la parte inferior, algunas de las instalaciones en la época en que funcionaba la Sociedad Ballenera de Magallanes.