Autor: “Francia combina parentales generosas, subsidios
Las dificultades que enfrenta una sociedad que no se reproduce
Las dificultades que enfrenta una sociedad que no se reproduce natalidad en Chile. La realidad es que Chile enfrenta un giro demográfico sin precedentes. En 2023, la Tasa Global de Fecundidad (TGF) cayó a 1,16 hijos por mujer. Se trata de la cifra más baja de la historia del país y una de las más bajas del mundo. Hay solo catorce países que registran tasas inferiores. Este indicador, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional (2,1 hijos por mujer), sitúa al país en una posición crítica: una sociedad que ya no se reproduce.
Así describe la caída en la tasa de natalidad que afecta al país la académica e investigadora del Instituto de Políticas Económicas la Facultad de Economía de y Negocios de la Universidad Andrés Bello Carla Guadalupi.
La profesora Guadalupi dice que en 2022 se registraron 189.303 nacimientos -un alza momentánea atribuida al “efecto rebote” post pandemia-, pero que en 2023 la cifra cayó a 174.067 nacimientos, una baja del 8% en solo un año. “En términos históricos, esto representa una caída del 37,6% en comparación con 1992.
A esto se suma un patrón claro de postergación de la maternidad: la mayor tasa de fecundidad hoy se da entre mujeres de 30 a 34 años, pero incluso allí hay una disminución sostenida”. ¿Qué efectos tiene todo esto para el país? la población, La investigadora explica que este fenómeno no es solo un dato técnico, ya que tiene implicancias sociales, económicas y políticas profundas. “Afecta la estructura las finanzas de públicas y el modelo de desarrollo. En otras palabras, interpela al país. No es solo un problema económico, sino un desafío que requiere un enfoque integral. Tener hijos es, en el fondo, un ejercicio de esperanza en el futuro, y los jóvenes necesitan recuperar esa esperanza. Para que esto sea posible, deben sentirse respaldados por una sociedad les ofrezca estabilidad y que oportunidades”, dice. Respecto de las causas de esta baja natalidad, la académica plantea que son múltiples y vinculadas entre sí. En primer lugar, están los factores económicos: altos costos de la vida urbana, precio de la vivienda, educación, salud y cuidado infantil. A esto se laboral, la precariedad agrega especialmente entre los jóvenes, quienes su ven postergada autonomía económica. Pero la dimensión cultural y social es igualmente relevante, afirma Guadalupi. “El acceso a la educación superior, la búsqueda de desarrollo profesional y el cambio en las aspiraciones de vida han transformado la visión de la maternidad y la paternidad. La decisión de tener hijos ya no es automática ni obligatoria, lo que es un avance en la autonomía individual.
Sin embargo, la falta de políticas de conciliación entre trabajo y familia hace que, para muchos, familia formar una implique una renuncia o un riesgo”. Desafíos de la vida adulta Guadalupi sostiene que este también se explica problema porque el entorno institucional tampoco acompaña. “Las políticas de conciliación siguen siendo débiles, las licencias parentales son limitadas y desiguales, y el cuidado infantil de calidad es costoso o inaccesible. Como resultado, los proyectos familiares se ven como cargas difíciles de sostener.
Durante décadas, el país no ha invertido lo suficiente en preparar a las nuevas generaciones para enfrentar los desafíos de la vida adulta”. el Con problema, diagnóstico formular cabe del la impacto de pregunta por el todo esto. Para Guadalupi, “las consecuencias de esta tendencia y sostenida son numerosas profundas. En primer lugar, está el envejecimiento acelerado la población. Con menos de y nacimientos una mayor esperanza de vida, aumenta la proporción de adultos mayores en relación con la población activa.
Esto pone presión directa sobre el sistema de pensiones, los servicios de salud y los cuidados de largo plazo”. “En segundo lugar, la reducción fuerza laboral joven la de compromete la productividad económica, la innovación y el crecimiento futuro. Chile corre el riesgo de entrar en una fase de estancamiento prolongado sin suficientes trabajadores jóvenes para sostener el dinamismo del país”, agrega. También dice que menos hijos significa también menos vínculos intergeneracionales, menos cuidadores informales, más soledad y mayor dependencia institucional.
“La baja fecundidad la pirámide no solo cambia poblacional: modifica la forma en que vivimos, nos relacionamos y cuidamos unos de otros”. Modelos que han revertido el problema La investigadora afirma que revertir esta tendencia no es fácil, pero tampoco imposible. Por citar algunos ejemplos, dice que algunos países han logrado mantener tasas de fecundidad más altas mediante estrategias integrales y sostenidas. licencias por hijo y un sistema universal de cuidado infantil. Los países apuestan también nórdicos por la igualdad de género, la corresponsabilidad en la crianza y el acceso universal a servicios públicos”, reseña. Desde su mirada, en nuestro país una política efectiva debería partir de una visión estructural que abarque desde el diseño del sistema educativo hasta la organización del mercado laboral. “Se requiere invertir en el empleo juvenil, garantizando trayectorias laborales dignas, y estables compatibles con la formación de una familia. Los jóvenes no dejan de tener hijos por individualismo, sino porque perciben que la sociedad no está organizada para sostener esa decisión”, opina. Tras exponer sus puntos de vista, Guadalupi dice que no se trata de incentivar la maternidad o paternidad como una obligación moral, sino de hacer viable el deseo de tener hijos para quienes lo tienen. “Las políticas deben centrarse en garantizar el acceso universal a servicios de cuidado infantil de calidad, ampliar y flexibilizar las licencias parentales, y distribuir equitativamente las responsabilidades entre hombres y mujeres”, resume. Carla Guadalupi, académica del Instituto de Políticas Económicas de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Andrés Bello, explica las implicancias económicas, sociales y culturales de la caída en la tasa de.