Educación superior 2026: las claves que marcarán el próximo año académico
Educación superior 2026: las claves que marcarán el próximo año académico La Educación Superior chilena avanza entre transformaciones que ya no pueden ser entendidas como cambios aislados, sino que como transiciones sistémicas. El 2025 deja una mezcla de avances, tensiones, reorganizaciones internas y aprendizajes que invitan a mirar el 2026 con atención. En este escenario, emergen cinco claves que configurarán el próximo ciclo académico y que las instituciones deberán abordar con claridad y propósito. Primero la integración crítica de la inteligencia artificial en la docencia. Hoy la pregunta no es si utilizarlas, sino cómo hacerlo de manera ética, pedagógica y estratégica.
El 2026 exigirá a las instituciones avanzar más allá de las capacitaciones puntuales: deberán definir marcos de uso, criterios para la evaluación apoyada en IA y lineamientos claros para evitar tanto el prohibicionismo como la sobre dependencia. Segundo, el bienestar académico como prioridad institucional, teniendo presente que este dejó de ser un tema periférico para convertirse en un indicador crítico de calidad. La fatiga estudiantil, la sobrecarga docente y la tensión emocional vivida en los últimos años, demostraron los límites del sistema. El 2026 debiera consolidar modelos de acompañamiento, donde lo académico, lo formativo y lo afectivo, trabajen en conjunto. Tercero, la calidad de la formación inicial docente seguirá siendo un tema clave.
Más allá de los discursos sobre vocación o compromiso, lo que marcará el próximo año será la evidencia sobre prácticas reales: cómo retroalimentan los formadores, qué aprenden efectivamente los futuros profesores y cómo se articula la experiencia universitaria con las necesidades del sistema escolar. Las instituciones deberán mostrar consistencia en la progresión de aprendizajes, la práctica situada y la coherencia entre perfil de egreso, currículo y evaluación. La expansión de la evaluación auténtica, como cuarto punto, no será una moda pasajera. A medida que la IA desafía los formatos tradicionales de evaluación, la pertinencia y la autenticidad se vuelven esenciales. El 2026 exigirá criterios claros, tareas significativas y retroalimentaciones que aporten verdaderamente al aprendizaje. La enseñanza basada en evidencia tendrá un rol creciente: no solo diseñar clases, sino medir, analizar, intervenir y volver a medir. Finalmente, el aprendizaje basado en la investigación (ABI), los seminarios de grado renovados y la incorporación de estudiantes a proyectos institucionales configuran una tendencia sostenida. Desarrollar competencias investigativas desde pregrado y posgrado ya no es un lujo, sino una necesidad formativa en un país donde la producción de conocimiento sigue enfrentando brechas estructurales. Investigar no será una actividad solo para quienes "eligen" la ruta académica: será parte del perfil del profesional del futuro.. Por Karen Núñez, directora Magister en Docencia Universitaria Universidad de Las Américas.