Columnas de Opinión: Rubén Darío, 110 años después
Columnas de Opinión: Rubén Darío, 110 años después años de la muerte del escritor, poeta, periodista, intelectual Rubén Darío. Nacido en 18 de enero de 1867 en Nicaragua, puede ser considerado como uno de los literatos de mayor influencia en el idioma español desde fines del siglo XIX hasta nuestro tiempo. Con 16 años, viajó a El Salvador para iniciar un recorrido de nuevas experiencias y contactos con literatos, académicos, políticos, artistas, que incentivaron su poesía y narrativa. La personalidad de Rubén Darío lo lleva a romper con los cánones tradicionales y se plantea con ideas personales, con un lenguaje no supeditado a lo político, social o moral de su tiempo. Formado en las tendencias del realismo, costumbrismo y naturalismo, su estilo pronto asumió la ruptura de un tiempo contradictorio, con la influencia y admiración marcada por Victor Hugo. Entonces, en su creatividad precoz, fértil, apasionada, emergen rasgos de simbolismo y modernismo que lo convierten en un pionero en América. Suele suceder que los acontecimientos destacados los dejemos pasar.
La llegada de Rubén Darío a Chile, con apenas E se conmemoran 110 I próximo 6 de febrero 19 años, podría quedar en una situación irrelevante, pero su amistad con el poeta Pedro Balmaceda Toro, hijo del presidente José Manuel Balmaceda y de Emilia Toro Herrera, además del providencial contacto en Valparaíso con Eduardo de la Barra y Eduardo Poirier, le permitieron conseguir apoyo para publicar en marzo de 1887 su poemario "Abrojos" y dar forma a "Azul", recopilación de poemas y prosas publicados en periódicos nacionales. Valparaíso vivía años dorados, con la urbanización del barrio Puerto tras las exitosas incursiones en la costa del norte y en Perú, consecuencias de la Guerra del Pacífico.
Junto al apogeo del comercio, la construcción, la inmigración, el puerto ofrecía una vida bohemia propicia a la promiscuidad, ternuras transitorias y pasajeras, personajes teatrales, mezclando barras de bares, escaños de plazas, amores y desamores, ilusiones y frustraciones. El decadentismo atraviesa el mundo e inspira el modernismo decimonónico: "Los Miserables", "Nana", "Las flores del mal". Rubén Darío es protagonista de un tiempo de dilemas, confusión, contradicciones.
Después de Valparaíso, el poeta nicaragüense viaja por Argentina, Brasil, Costa Rica, Guatemala, Estados Unidos, México, Uruguay, Panamá, Cuba, España, Francia, Bélgica, Alemania, Italia, Gran Bretaña, participando en salones y encuentros con personalidades que reconocen su aporte al lenguaje poético en la génesis del siglo XX. A comienzos del 1900, el literato se instala en París, donde conoce de primera fuente la obra de Charles Baudelaire y Paul Verlaine, y la pintura de los impresionistas y vanguardistas. Vive intensamente, se enamora de Francisca Sánchez del Pozo, brilla con sus poemas en los salones franceses, mientras sufre intensas frustraciones, pérdidas y dolores que marcan el destino trágico de su existencia final.
Conflictos con editores y periódicos, enfermedades, alcoholismo, crisis existenciales, pobreza, acompañan a Rubén Darío, confundido por las circunstancias que envuelven su día a día, en México, en Madrid, en Mallorca, Ser yno saber nada, yser sin rumbo cierto, y el temor de haber sido y un futuro terror. .. Y el espanto seguro de estar mañana muerto, y sufrir por la vida y por la sombra, y por lo que no conocemos y apenas sospechamos, y la carne que tienta con sus frescos racimos, y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos, En la avenida Altamirano, la plaza de la poesía lleva su nombre: Rubén Darío.
Sería buen momento conmemorar los 110 años de su partida, con una recuperación del espacio y algún acto cívico que tribute al poeta que vivió un tiempo juvenil, "sin rumbo cierto", en nuestro Valparaíso. 03 en París o de paso por su Nicaragua natal.
Al cumplir cuarenta años, escribe "Lo Fatal": "Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque esa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente. ¡y no saber adónde vamos, ni de dónde venimos!". POR JORGE SALOMÓ FLORES, HISTORIADOR EL MERCURIO