Negar la realidad no la cambia: Lecciones del pasado y advertencias para Aysén
Negar la realidad no la cambia: Lecciones del pasado y advertencias para Aysén ASOCIACIÓN GREA AGRÍ OGANA A.G.
GANADERA AUSTRAL Tras el terremoto del 27 de febrero de 2010, el país fue testigo de una de las fallas más graves en la gestión pública moderna: la ausencia de una alerta oportuna de tsunami en medio de información disponible y advertencias que no fueron atendidas. No se trató solo de un error técnico; fue, en esencia, una falla de criterio, de liderazgo y de capacidad para reconocer la gravedad de una situación en tiempo real. El resultado es conocido. Este caso es una advertencia concreta sobre lo que ocurre cuando la autoridad opta por relativizar señales de alerta en lugar de enfrentarlas con decisión. Hoy, en la Región de Aysen, enfrentamos una situación distinta en naturaleza, pero similar en su manejo comunicacional.
Mientras los gremios productivos levantan alertas fundadas sobre una combinación crítica de déficit de producción de las praderas y daño por cuncunilla negra, desde la autoridad se transmite un mensaje que tiende a relativizar o minimizar el escenario. El reciente pronunciamiento del Seremi de Agricultura, que señala que "los números no reflejan una catástrofe en el campo", contrasta de manera directa con la evidencia levantada en terreno por los propios productores.
En un levantamiento realizado por OGANA y de la Mesa Ganadera regional, más del 85% de los encuestados reporta que la cuncunilla ha aumentado significativamente y constituye un factor de alto impacto negativo en la producción actual de las praderas. Asimismo, la totalidad de los productores consultados reconoce enfrentar condiciones de sequía moderada a severa de cara al invierno 2026 y que la producción de forraje rosa los mínimos históricos en muchos sectores. Se trata de información representativa de un territorio que abarca del orden de 800.000 hectáreas en los principales valles ganaderos de la región. Esta evidencia habla de un claro deterioro funcional de las praderas. Minimizar este escenario no lo hace desaparecer. Por el contrario, retrasa decisiones, debilita la capacidad de respuesta y aumenta el riesgo de enfrentar, más adelante, consecuencias más severas y costosas. La experiencia indica que los sistemas productivos no colapsan de un día para otro, sino que se deterioran progresivamente cuando las señales de alerta no son atendidas a tiempo. El rol de la autoridad no es tranquilizar mediante la negación, sino conducir procesos informados, transparentes y basados en evidencia. La actitud del Seremi contrasta con las nuevas políticas para el sector que se están diseñando desde el gobierno regional. La importancia que le ha dado el gobernador regional al sector productivo, da cuenta que las cosas se pueden hacer mejor y de forma preventiva.
El Plan Aysen Campo Vivo y la rapidez con la que actuó el Gobierno regional bajo su liderazgo para apoyar al sector con recursos para controlar la cuncunilla negra, sumado al interés de actuar previo a que ocurran las emergencias evidencian el real interés y conexión con los problemas que afectan a los campesinos de la región. La historia ya nos ha enseñado que ignorar las señales de alerta puede tener costos irreparables. Hoy aún estamos a tiempo de actuar con responsabilidad. Pero eso comienza por un paso fundamental: reconocer la realidad tal como es, no como quisiéramos que fuera. Pablo Mata Almonacid Presidente Asociacion Gremial Agricola y Ganadera Austral, OGANA A.G..