Autor: POR ANTONIA DOMEYKO
EL JUEGO de Pablo Lemoine
EL JUEGO de Pablo Lemoine EL JUEGO Pablo Lemoine aterrizó en Chile en septiembre de 2018.
Lo hizo a pedido de Sudamérica Rugby, la organización que rige la actividad de este deporte en el continente, y llegó con una misión: ser una especie de “observador” del rugby en Chile y sus posibilidades de profesionalización. Lo que pasa es que llegué a observar algo que no existía dice Pablo Lemoine abriendo bien sus ojos cafés, que contrastan con su pelo y barba blancos. En ese entonces, la selección venía de varios años perdiendo todos los partidos (a excepción de uno) de la Americas Rugby Championship (ARC). No tenía sede de entrenamiento. Tampoco un equipo técnico con sueldos fijos. Incluso las pelotas de rugby eran escasas. Sin embargo, había cierta efervescencia en el ambiente local de este deporte porque pronto se jugaría un partido de exhibición contra el histórico equipo Maori All Blacks, de Nueva Zelandia. El día del encuentro, el 17 de noviembre de 2018, miles de personas repletaron las graderías del Estadio de la Universidad Católica. Los neozelandeses hicieron su histórico haka, danza guerrera tradicional maorí, antes de que comenzara el partido. Dos horas después, habían arrasado con el equipo chileno, ganando 73-0. A pesar de la derrota, el público estaba fascinado con la exhibición de los Maori All Blacks. Los jugadores chilenos se sacaban fotos con ellos e intercambiaban camisetas. Pablo Lemoine, en cambio, estaba con un humor muy diferente. Yo estaba en el vestuario, encerrado, con una cara de odio pateando. No podía creer que nos habíamos comido 80. Y todo el mundo estaba feliz, se sacaba fotos. Yo no lo podía entender. No me entraba en la cabeza que podía existir el placer de esa derrota recuerda Lemoine. Ese partido, explica, no fue solo una paliza. Mostró lo lejos que estábamos del profesionalismo.
Vestido con polerón, shorts y alpargatas, Pablo Lemoine avanza por un camino de maicillo que une su oficina con un pequeño “mirador” sobre la cancha de rugby, en el Centro de Alto Rendimiento Rugby, ubicado en el Parque Mahuida. Allí, entre piedras y tierra, tiene instalada una silla de plástico, donde se sienta a observar los entrenamientos y partidos. Dicen que desde ese lugar se le escucha celebrar las buenas jugadas y gritar con enojo cuando algo no resulta.
Sentado ahora en una banca bajo la sombra de un árbol, para protegerse del sol en medio del cerro, abraza una pelota de rugby y cuenta que la primera vez que jugó este deporte tenía alrededor de 11 años. Fue en su colegio, en Montevideo, en una actividad donde se mostraron diferentes deportes a los estudiantes, entre ellos el rugby. Yo hacía básquetbol, fútbol, natación. Era un tipo muy grande, un tipo físico, muy peleador, me gustaba mucho todo eso. Tenía facilidad para los deportes de contacto, siempre estaba haciendo fuerza, trepando árboles.
Y lo que pasó fue que, ¿viste, cuando haces match con un deporte? Dije: “esto es”. Jugó dos años en su colegio hasta que dejaron de ofrecer rugby y luego a muchos de sus compañeros los invitaron a unirse al equipo del Montevideo Cricket Club. Invitaron a todos mis amigos, menos a mí por mi conducta. Tenía mala conducta, entonces cuando fui al club tuve mis temas ahí de adaptación. Pero después me fui amigando.
Años después los entrenadores de esa época me dijeron: “Nosotros te retábamos, pero no te íbamos a dejar ir nunca”. A mí, el club me encantó, me dio toda una plataforma de contención porque mis padres trabajaban mucho. Sus padres no eran especialmente deportistas y pasaban la mayor parte del tiempo haciéndose cargo de un restaurante que tenían y del cual vivían. Mis padres eran totalmente innotos en el tema. No entendían de qué estaba hablando. Era una familia muy tradicional, de barrios Eran otros estratos sociales. Entonces, no compaginaban con El rugby en esa época era mucho más centralista, más elitista. Había una distancia, no había clubes de rugby ni gente que lo jugara en mi barrio.
Pero eran padres que siempre me apoyaron en todo explica Lemoine, quien para entrenar en el Montevideo Cricket Club viajaba una hora y media en micro desde su casa. ¿Le costó adaptarse? ¿ Entrar al elitismo del rugby? Yo entré al Cricket, que era un club posiblemente más abierto, un poco menos elitista, menos centralista. Y no tuve ese problema. Mi personalidad también me permitía a veces sobrellevar esas cosas bien. Pero mis amigos me contaban que yo era como un padre, porque tenía 13 años, teníamos la misma edad, pero yo tenía otra madurez de la que tenían ellos. Lemoine jugó por el club, compitió en varios mundiales juveniles y luego entró a la selección nacional, Los Teros, con quienes participó de mundiales también.
En paralelo entró a estudiar administración de empresas en la universidad, hasta que un año y ¿ Estaba listo para ser entrenador? Para los jugadores sobre todo, ¿o no? medio después le ofrecieron un contrato en el Bristol de Inglaterra, un equipo profesional de la segunda división. Dice que no lo pensó, aceptó de inmediato sin siquiera preguntar cuánto le pagarían. Así se transformó en el primer uruguayo en jugar en las ligas profesionales de rugby en el extranjero. Dos años después lo levantaron del equipo Stade Français de Francia, donde se quedó diez años. La posición donde yo jugaba, de pilar, era una posición bastante importante y difícil de encontrar, por eso siempre me pagaron bien cuenta. En 2010, cuando tenía 35 años, Lemoine decidió retirarse como jugador. Yo había entregado absolutamente todo lo que tenía al rugby y lo que tenía eran muchas más ganas de ayudar al club. Poco después de retirarse y regresar a vivir a Montevideo lo llamaron para ser head coach de Los Teros, una selección que seguía siendo amateur. Siempre tuve un análisis bastante bueno del juego, a mí me gustaba mucho, me gustaba la construcción estratégica, el análisis táctico. Me apasionaban esas cosas, me llamaba la atención. Igual, la verdad que si yo evalúo mis primeros años de head coach o de entrenador, un desastre. Era más jugador que entrenador. Lo que pasa es que capaz que, para el momento donde yo agarré ese proyecto, lo que necesitaba era esa parte emocional mía como jugador, pero llevada a la parte técnica. Cuatro años después de asumir, Lemoine consiguió que Los Teros se profesionalizaran y clasificaran al mundial luego de años de haber quedado fuera. Después, en 2017, lo llamaron de Alemania para profesionalizar la selección de allá, pero finalmente estuvo solo seis meses en el proyecto. Me pareció que era un proyecto con pila de potencial, lo que pasa es que no crece. No se organiza para crecer. Había un tipo que tenía plata y mandaba y hacía lo que quería. Y había un consejo que contradecía al tipo este. Estaban todos peleados. En eso estaba cuando lo llamaron de Sudamérica Rugby. Pablo Lemoine aún recuerda cuando llegó a Chile y le comentaron sobre el primer entrenamiento que tendrían para prepararse para la exhibición contra los Maori All Blacks. Había una lista de 76 jugadores para el partido contra el New Zealand Maori dice soltando una risa. Mi primera pregunta fue ¿ hay 76 jugadores que pueden jugar contra el New Zealand Maori en Chile? Era raro: ¿ 76 jugadores que puedan jugar a ese nivel? A la primera práctica llegaron 26. La verdad que había una informalidad gigante en una cantidad de cosas. A los pocos días en Chile, Pablo Lemoine ya tenía sus primeras conclusiones de lo que había que hacer. Yo dije acá hay que empezar a entrenar. Porque no entrenaban. Entrenaban los miércoles de noche, un rato. Dije “después de entrenar vemos, pero primero hay que empezar a entrenar” explica.
Encontramos un convenio que tenía la federación con el Speedwork, el gimnasio, y al lado estaban las canchas de futbolito de Palestino y ahí entrenamos en cancha de futbolito, piso duro, pero no importaba, porque por lo menos teníamos una cancha, un gimnasio. Los chicos ni siquiera iban al gimnasi. Lemoine armó un sistema de entrenamientos diarios de madrugada, desde la seis de la mañana, y otro a partir de las ocho de la noche, considerando que muchos de sus jugadores estudiaban o trabajaban. Cuando se dio cuenta de que esto estaba en pañales, ¿qué pensó? La primera semana ya me di cuenta de todo, que era un caos. Los entrenadores no llegaban, no había pelotas, no había personal rentado. Entonces, mi trabajo fue identificar eso y empezar a construir pequeñas cositas, en principio, muy pequeñas. Primero, logramos una estructura. Contratamos un kine, un fisio, y así estaba yo con soporte. Conseguí plata de Sudamérica Rugby para que nos apoyara, plata de no sé dónde, y armamos los sueldos.
En enero de 2019, Lemoine asumió como head coach de la selección y del nuevo equipo profesional de Chile Selknam, que prácticamente eran los mismos jugadores. ¿Recibió cuestionamientos por los cambios que comenzó a implementar? Sí, siempre hay cuestionamientos. A mí no me contratan para escuchar cuestionamientos. Yo marcaba un programa y el que no lo respetaba se quedaba afuera. Sí, perdí una cantidad de jugadores Después algunos volvieron. Es muy difícil creer que un proyecto va a funcionar cuando no hay nada. Por eso hay algunos de acá que están más locos que yo, que hicieron cambios gigantes. Porque de última, esto era mi trabajo, mi proyecto. Pero para otros era un cambio social gigantesco. Ellos naturalizaban la cantidad de cosas que tenían hace años: su grupo de amigos, su club, sus vacaciones, su novia, sus estudios, su trabajo, su proyección en el trabajo. Y, claro, tuvieron que elegir un poco ahí. Hay una cantidad de elecciones de ellos y de cambios. A algunos los acompañaron sus familias, sus parejas, y a otros no. Esa es la realidad de este grupo de chicos. Han hecho un cambio gigante desde lo social; han cambiado sus costumbres, sus hábitos. En verano no había nadie, nadie sabía lo que era entrenar en verano. Ese primer verano, el del 2019, con Lemoine a cargo, sí entrenaron. Y a fines de febrero jugaron la Americas Rugby Championship. El resultado: perdieron todos los partidos. ¿Hubo mucha presión? Ahí se fueron muchos jugadores. Pero siempre pasa, porque el deporte chileno se basa mucho en la victoria y la derrota. Si gano está todo bien y si pierdes está todo mal. Como es tan así; en definitiva, una de las cosas que yo me di cuenta fue construir un proyecto por fuera de los resultados. Casi un año después de que Lemoine asumiera llegó la pandemia y cuenta que aprovechó de desarrollar la parte física y afiatar al equipo. Cuando regresaron a la normalidad postcovid, en los primeros partidos aún perdían, pero empezaron a acortar el marcador. Llegaron las primeras victorias, hasta que en julio de 2022 ganaron su partido más importante: en Denver, contra la selección de Estados Unidos, consiguieron la histórica clasificación al mundial de rugby. Yo soy medio apático para las reuniones de festejo. Soy un bicho raro, como dice mi mujer. Siempre te emocionas, pero me gusta mucho más disfrutar del festejo de los jugadores. Cuando ganaron, Lemoine se fue al camarín y llamó a su señora. Ella veía el partido desde Montevideo, al contestar el teléfono había un poco de retraso en la transmisión allá y aún no sabían si habían ganado o no. Le digo “clasificamos”. Y alucinando Cuando Pablo Lemoine se vino a Chile, se vino solo. En Montevideo quedó su mujer y sus tres hijos. El menor, según cuenta, es apasionado por el rugby y juega en el mismo club en que él lo hizo. Desde que llegó a Santiago, él vive en un hotel, y viaja constantemente a Montevideo, incluso si es necesario de un día para otro. Me resulta una cosa que es muy buena, que es que cuando no eres parte todos los días, tienes una visión diferente de todos.
Yo vengo y veo cosas que a veces parecen súper básicas o súper identificables y el que está en la rosca diaria no lo ve. ¿Le ha resultado ese esquema o ha tenido muchos costos? No, costos no, pero no es lo que elijo. Si me piden elegir, no elijo estar lejos de mis hijos, de mi mujer, de mis amigos, de mi madre, de mi sobrina. Pero es lo que toca. El mismo costo lo tendría si me tengo que ir a Europa, si me tengo que llevar a desnaturalizar mi familia y llevármela para allá. En algún momento lo pensamos, pero después cayó la pandemia y se paralizó todo. Hoy mi hija tiene casi 18, la otra casi 15 y el chico 13.
Después de quedar clasificados al mundial, en el regreso a Chile desde Estados Unidos, cuenta Pablo Lemoine, que se dio cuenta de que a pesar de la gran noticia, ni siquiera había una conferencia de prensa organizada a su llegada. Entonces decidió gestionarla y que ocurriera. A la cita llegó elministro del Deporte. Más tarde los recibiría también el expresidente Boric.
Con la clasificación ¿ hubo un revuelo? ¿ Cómo cambia todo? Yo creo que lo más importante fue el momento que calza la clasificación, es un momento donde el deporte, el fútbol chileno estaba más cuestionado, había menos exposición. Me parece que eso ayudó mucho para instalar un deporte en un lugar donde no había. Ese vacío que había por el fútbol, yo creo que ayudó mucho y también el involucramiento político. Aparte, creo que los partidos, la forma en que se dieron, también generaron una épica en la cual mucha gente se sintió referenciada, porque no tenían absolutamente nada que ver con el rugby. Esa épica, la hinchada, explica fue algo que se fue instalando de a poco.
Con la clasificación al mundial, con la participación luego en Francia 2023, después con la segunda clasificación al mundial de 2027 en Australia y con todo el trabajo, cuenta Lemoine, que han hecho para entablar una relación entre el rugby y el público chileno.
Teníamos claro que las entradas no pueden ser caras, que la promoción tiene que ser importante... Bueno, yo participo siempre en una cantidad de cosas dice Lemoine y luego concluye Creo que hay una relación buena, porque cuando me vine por acá, yo veía los comentarios, la relación entre el público y el seleccionado y era súper negativa. “Los cuicos, centralistas, la de Santiago, la del Colegio Británico”. Y eso se ha ido puliendo, puliendo, puliendo. Dejando de lado que uno tiene que recibir críticas igual, ¿no? Yo creo que hemos hecho una buena tarea para que más gente siga el rugby. “Todo el mundo estaba feliz, se sacaba fotos. Yo no lo podía entender. No me entraba en la cabeza que podía existir el placer de esa derrota”, dice sobre el partido en que los chilenos perdieron 73-0 ante los Maori All Blacks. Autor: POR ANTONIA DOMEYKO.
El entrenador uruguayo, que consiguió que los “Cóndores” pasaran de las humillaciones en la cancha a jugar sus primeros mundiales, cuenta en esta entrevista que no creció en una familia ligada al deporte, fue un adolescente con mala conducta y, sin embargo, se convirtió en el primer jugador profesional de rugby de su país. Además, el miércoles pasado participó del ciclo de Encuentros El Mercurio 2026, donde habló en vivo sobre su trabajo en la selección chilena de rugby. “Todo el mundo estaba feliz, se sacaba fotos. Yo no lo podía entender. No me entraba en la cabeza que podía existir el placer de esa derrota”, dice sobre el partido en que los chilenos perdieron 73-0 ante los Maori All Blacks. A los 11 años jugó por primera vez rugby. “Siempre estaba haciendo fuerza, trepando árboles. Y lo que pasó fue que, ¿viste, cuando haces match con un deporte? Dije: esto es”.