El camino de Paulina Romero en Fundación El Arbol
El camino de Paulina Romero en Fundación El Arbol.
El camino de Paulina Romero en Fundación El Arbol Saberes, Territorios y Futuro De la infancia en el Cerro Caracol a la lucha por Basura Cero: El camino de Paulina Romero en Fuidación El Arbol Desde su liderazgo en este emblemático programa, detalla que el desafío es reducir la producción de desechos desde la raíz, combatir la cultura del descarte y fortalecer los vínculos comunitarios. “Cada aporte cuenta”, sostiene. :9 4) 2026 1 revIsta NOS fl35O 1 49. El camino de Paulina Romero en Fundación El Arbol uando Paulina Romero recuerda su infancia, vuelve al Parque Ecuador y al bosque húmedo del Cerro Caracol en Concepción. Fue allí donde se forjó la sensibilidad que, años más tarde, moldearía moldearía su camino profesional: Esa fue mi primera conexión con el medioambiente: medioambiente: vivir ahí, en ese paisaje, me marcó”, rememora. Estudió Administración Pública en la Universidad de Concepción Concepción con una idea clara: trabajar en lo social. Su interés por las políticas públicas se mezcló pronto con la inquietud de comprender el deterioro ambiental como un problema también también político y económico. Así, tanto su niñez como su formación marcaron la ruta que hoy la tienen en la coordinación del área Basura Cero de la Fundación El Árbol.
Esta es una organización socioambiental que nació el 2013 en Concepción, con el objetivo de generar un cambio cultural hacia una sociedad más sustentable e inclusiva, inclusiva, a través de la educación ambiental y gestión de proyectos sociales y ambientales con comunidades. Actuar antes del reciclaje Paulina Romero llegó a trabajar a Fundación El Árbol en 2021, a cargo de proyectos para recicladores de base de Ñuble, Biobío y La Araucania. Ese trabajo le permitió reconocer la dimensión humana detrás de la gestión de residuos: personas que históricamente habían hecho una labor esencial sin reconocimiento, pago justo ni apoyo institucional. Fue también su puerta de entrada definitiva al ámbito ambiental, el que comenzó a perfeccionar con formación en economía circular. Cuando la fundación reorganizó su estructura y creó el área de Basura Cero, Paulina asumió el desafio. Durante los primeros meses, la tarea fue imaginar un rumbo, fijar objetivos y ordenar un año de trabajo. Pero para sostener esa planificación, planificación, tuvo que enfrentar un desafio inesperado: estudiar. Mucho. Venía con experiencia comunitaria, especialmente con recicladores, pero esta vez el foco era más técnico: residuos orgánicos, plástico, contaminación y salud pública. En ese proceso, comprendió que gran parte del problema está en lo que damos por sentado. “Así nos enseñaron, porque era lo más cómodo”, explica al hablar de la cultura del descarte. Y agrega que la idea de desechar lo que se considera basura, 50 1 rest NC. El camino de Paulina Romero en Fundación El Arbol como acto automático, parte de un modelo lineal de tomar, usar, botar. Pero casi todo lo que tenemos alrededor puede tener otro uso”, explica. Ur fciioiic; c oc Como señalan en Fundación El Árbol, los residuos sólidos domiciliarios representan una de las principales fuentes de contaminación ambiental en las ciudades. Y ante ello, el área Basura Cero propone un nuevo enfoque: ir más allá del reciclaje, reciclaje, para reducir la producción de desechos desde la raíz. Con ese enfoque, el área Basura Cero impulsó uno de los hitos más sólidos del área: el programa de compostaje comunitario. comunitario. Ya habían hecho talleres, pero ella propuso sostener el trabajo en el tiempo, acompañar a las juntas de vecinos, instalar instalar capacitación y entregar equipamiento. Hoy son 10 comunidades comunidades en Chiguayante, Hualpén, Talcahuano y Concepción que compostan de manera organizada. El 2026 se integrarían cinco comunidades más. Para Paulina Romero, el impacto es visible y cotidiano, pues para los vecinos es evidente cómo disminuye la basura cuando empiezan a compostar. “Proponemos buscar alternativas creativas que nos inviten a disminuir los residuos. Son acciones pequeñas, pero todas suman”, dice. Yen su voz se nota: para ella, Basura Cero no es un concepto técnico, sino una práctica que transforma barrios, hábitos y modos de mirar lo que desechamos. Pero para ella también, el trabajo de la Fundación El Árbol ha trascendido la mera gestión de residuos para convertirse en un fenómeno profundamente social. Recuerda con especial emoción a un adulto mayor que, participando en el programa de compostaje comunitario, le confesó sentirse “útil e importante” importante” nuevamente. “Él sentía que lo que estaba haciendo era un bien mayor, era una pieza relevante de la comunidad. Ahí te das cuenta de cómo vas aportando en otros lugares que no pensábamos directamente, ” reflexiona.
Cada aporte cuenta Aunque reconoce que la lucha contra el negacionismo de la crisis climática es una “pelea con gigantes”, para Paulina Romero Romero la desmotivación se disipa al saber que existen comunidades y personas comprometidas que apuestan por el trabajo voluntario, voluntario, sumándose a las cifras que Fundación El Árbol exhibe: más de 185 proyectos y casi 26.500 participantes. Su sueño a futuro es la escalabilidad: que el concepto de Basura Cero se masifique y que todos los municipios asuman la reducción de residuos como un objetivo de escala mayor.
Explica que la gran lección aprendida al trabajar con comunidades comunidades es que el aprendizaje no es lineal, sino un encuentro de conocimientos donde la naturaleza es el único punto en común que permite avanzar juntos. Frente al fatalismo de la crisis, su mensaje es de acción: “Apostamos que cada aporte cuenta, y que siempre existen alternativas, alternativas, por más pequeñas que sean. Las personas tienen un vinculo con la naturaleza, y ese es el cambio al que queremos apostar”, sostiene. Proyecto financiado a través del FFMCS 2025. MinÉfl.d. MEDIOS j 2026 1 revista NOS fl”350 1 51.