Autor: PFA
“La crisis de natalidad no se resuelve solo con medidas económicas, exige un cambio cultural”
“La crisis de natalidad no se resuelve solo con medidas económicas, exige un cambio cultural” JANINA MARCANO Paul Morland ha sido catalogado internacionalmente como “el demógrafo que quiere poner a Europa a tener hijos”. Formado en la Universidad de Oxford y actualmente investigador asociado de la Universidad de Londres, Morland es considerado uno de los expertos más influyentes en demografía en Reino Unido.
Se ha posicionado como una voz de alerta sobre la crisis de natalidad que afecta a casi todos los países desarrollados, advirtiendo que no se trata solo de un ajuste demográfico más, sino de un desafío estructural del siglo XXI.
“Implica una fuerza laboral reducida con freno a la economía y a la innovación, además de mayores gastos en pensiones y salud con una base tributaria más pequeña”, dice Morland a “El Mercurio” en una entrevista realizada durante su participación en la Cumbre Mundial de Gobiernos 2026, celebrada en Dubái. ADIDEC La “implosión” de la natalidad es histórica: pasó de cinco hijos por mujer en 1950 a cerca de 2,2 en 2025, según las Naciones Unidas. Entre los países de la OCDE, la media actual ronda 1,5 hijos por mujer, debajo del nivel necesario para mantener a la población estable.
En Chile, según los datos entregados por el INE en enero, la tasa global de fecundidad de 2025 se situó en 0,97 hijos por mujer, la más baja de la historia. ¿Cuáles son los factores cruciales que impulsan este fenómeno? “Existen muchas presiones sobre la tasa de fecundidad y una es que las personas dicen que quieren hijos, pero tienen muchas otras prioridades, como vacaciones dos veces al año y una amplia gama de bienes materiales.
Por otro lado, no hay duda de que existe una correlación entre la postergación de la maternidad y la baja fecundidad, porque si dejas el primer hijo para mediados de los 30, probablemente tendrás dificultades para tener un segundo.
La pregunta clave es cómo hacemos para que tener hijos esté en lo más alto de la lista de prioridades de la gente”. El especialista también identifica “una crisis en la formación de relaciones en muchos países”, con más soltería, menos matrimonios y vínculos más inestables. “Hay que conversar con los jóvenes de alrededor de veinte años para entender qué relaciones quieren o si es que realmente las quieren.
Necesitamos saber si hay un problema para encontrar soluciones”. Morland es enfático en que “la crisis de natalidad no se resuelve solo con medidas económicas, exige un cambio cultural”. Y sostiene que hay países “como Hungría, donde se introducen estas políticas (principalmente económicas), pero la tasa de fecundidad no sube mucho”. Por eso, insiste, “inyectar dinero no puede ser la única solución”. Lo clave, asegura, “es crear una contracultura pronatal, pero no puede ser reaccionaria; debe abrazar la infancia y también al feminismo.
Hay que reinventar un pronatalismo que no vuelva a los años 50, sino que mire al futuro, lo que requiere de influencers y de gobiernos”. En lo práctico, ¿cómo se construye ese cambio cultural? “Los gobiernos deben hablar abiertamente de natalidad y enviar mensajes de que tener hijos es algo maravilloso y que debería ser una prioridad.
Eso tiene que ocurrir en un contexto en el que se aporten estructuras materiales que apoyen a las personas, como cuidado infantil accesible, viviendas asequibles y evaluar recortes de impuestos a quienes asuman el costo de crear a la próxima generación de trabajadores. Otro elemento es que en las escuelas se enseña a prevenir embarazos, pero no se enseña cómo la fertilidad disminuye desde los 30 años.
Hay que hablar sobre eso”. Según comenta, encuestas en Reino Unido “indican que las personas no tienen idea cuánto baja la probabilidad de tener un hijo a los 40 o 50; sobreestiman sus probabilidades”. En el debate público se menciona la migración como un alivio a la baja natalidad. ¿Qué opina al respecto? “La migración no puede compensar la baja natalidad por varias razones. Lo primero es que se ha visto que los inmigrantes no mantienen tasas más altas por mucho tiempo; tienden a converger con las del país receptor. Además, muchos países de origen ya tienen tasas muy bajas.
Por otro lado, creo que es inmoral que los países ricos les digan a los pobres que ellos tengan hijos, los críen y los eduquen para que sean médicos o enfermeros y después nosotros los captemos”. ¿Qué países, a su juicio, han abordado mejor el desafío? Un ejemplo es el de Francia versus Reino Unido. Francia históricamente ha tenido políticas y retórica pronatal. Reino Unido nunca ha tenido un primer ministro que lo aborde. El resultado es que Francia ha tenido históricamente una tasa de fecundidad más alta. Actualmente, el único ejemplo de un país desarrollado, avanzado, urbano y educado con una tasa de fecundidad decente es Israel, con cerca de tres hijos por mujer. Eso tiene que ver con normas sociales, con la creencia en tener hijos. Ha habido un gobierno pronatal desde su fundación (... ). Es cierto que la religión ayuda, pero no podemos simplemente volver religiosa a toda la población. Por eso es importante la cultura, y creo que cada país debe encontrar su propio camino. Unas pocas políticas simples y generales no funcionarán. Esto es un esfuerzo constante de ensayo y error”. Autor: PFA. Revertirla requiere de una contracultura que sitúe a los hijos como prioridad, plantea.
Y agrega: “En las escuelas no se enseña que la fertilidad disminuye desde los 30 años”. Paul Morland, uno de los demógrafos más influyentes en Reino Unido e investigador de la U. de Londres: En Chile, se prevé que en los próximos dos años el crecimiento natural comenzará a ser negativo. Habrá más defunciones que nacimientos, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Paul Morland es autor de varios libros y conferencista.