El escriba del desvalijamiento DE VALPARAÍSO
El escriba del desvalijamiento DE VALPARAÍSO LAUTARO TRIVIÑO una “involución”. POR MARCELO CONTRERAS Un día el municipio de Valparaíso califica como “ecocida y mentiroso” en un posteo de Lautaro Triviño denunciando el corte de un cedro; en otro felicita a la alcaldía por limpiar una escala del cerro Santo Domingo donde reside, punto fundacional de la ciudad hace 490 años. De todas las pesquisas que publica en su visitada cuenta de Instagram Valparaiso_Porsiempre “más que imágenes, historias en movimiento”, Lautaro aún no descubre quién arroja bolsas con basura por esos peldaños, cuando se le antoja. Atento a los detalles, el tamaño se repite “esas de ciento diez por ochenta”, apunta, un indicio de que es siempre la misma persona. Hace unos años intervino la arteria desmalezando y removiendo piedras e inmundicias típicas de los recovecos porteños con escalones irregulares y carcomidos, como una dentadura mal aseada que necesita ortodoncia. Una vecina observó la faena. “Yo lo hacía y me aburrí le dijo después de un rato. Al otro día hay basura”. Profecía cumplida.
“La gente venía con la bolsa a botarla a los contenedores cuenta este investigador citadino de voz mortecina, pero la encontraban limpia y la tiraban en un rincón”. Lautaro tiene vasta experiencia desentrañando el inexorable desvalijamiento del viejo puerto, a la manera de un barco encallado que alguna vez fue magnífico.
Su mejor caso saltó a la luz en octubre de 2018 cuando escribió una carta a El Mercurio de Valparaíso, revelando observaciones sobre una estatua encontrada en un fundo del empresario Raúl Schüler, una de varias robadas desde sitios emblemáticos, incluyendo el Cementerio General y el cerro Santa Lucía. Como el detective Rick Deckard en Blade Runner (1982), Triviño repasó insistentemente una imagen que circulaba con el insólito botín. Una de las figuras se parecía a “La República”, sustraída en 2003 en el paseo Rubén Darío.
Lautaro notó que a una de las manos le faltaba una cadena, tal como estaba la obra, víctima de los constantes robos y daños que afectan hasta el día de hoy a monumentos y estatuas del puerto. Su denuncia gatilló la acción de la PDI, hasta que la pieza regresó a su sitio en 2019.
Resguardado por marinos armados, el mausoleo que tributa el sacrificio de Arturo Prat y sus hombres en la plaza Sotomayor es el único que no ha sido violentado, excepto una fugaz acción de protesta con pintura en febrero de 2020 en ambiente posestallido. El resto ha corrido una suerte opuesta entre sustracciones, ataques y quemas, a lo que se suman rayados ininteligibles en las calles céntricas, sentencias antisistémicas, y murales de diverso calibre y talento. En una ciudad de carácter orgulloso como Valparaíso, aparentemente a nadie le importa este deterioro, esta saña al espacio público y sus enseres simbólicos. Excepto a Lautaro que callejea por el Plan y los cerros. El ejercicio en terreno documentado con fotos y videos lo ha convertido en una especie de contralor sin nominación ni financiamiento, dedicado a exponer la degradación de la comuna. Distintas administraciones saben quién es. A veces actúan ante sus alertas, otras lo descalifican. Ha cosechado funas por redes, sobre todo en los tiempos de la alcaldía ciudadana de Jorge Sharp. También representa una opinión respetada que genera conversación y debate por Instagram, entre sus casi 38 mil seguidores. Cuando Lautaro era adolescente salía a vitrinear a la calle Serrano del barrio Puerto, un hervidero de comercio y gentío donde se mezclaban compradores, marinos, obreros, jubilados, estudiantes, artistas y lanzas. Hoy deambulan universitarios de look saltimbanqui, residentes empobrecidos de la tercera edad, turistas despistados que parecen preguntarse cuál es el patrimonio y personas en situación de calle. La arteria quedó herida de muerte con la explosión de febrero de 2007. Los proyectos de recuperación se suceden en sordina. Nacido en 1964, Lautaro Triviño creció en el cerro Barón y luego en el cerro Santo Domingo, cuando Valparaíso ya enfrentaba el deterioro con fuga humana y de capitales, rumbo a Viña y Santiago. La tradición oral porteña evocaba días de trabajo abundante en muelles, y una bohemia intensa de facciones cosmopolitas. Pero en 1985, con la ciudad terremoteada, restricciones civiles y un éxodo masivo de familias al extranjero, esa trama de antaño parecía un cuento. De pronto, una colección de láminas semanales de El Mercurio de Valparaíso puso imágenes a ese pasado glorioso. Para Lautaro fue un clic. “Empecé a conseguir fotos antiguas con los gráficos del diario”, recuerda, hasta que partió a la biblioteca Severín con una cámara fotográfica dispuesto a captar planas de viejos periódicos. Un funcionario le pasó un alto de fotografías retratando un Valparaíso pletórico de barcos, grúas, tranvías y ascensores. En la segunda mitad de los 90, tras estudiar sin concluir derecho y luego programación de sistemas, el material dio vida a su primer sitio web sobre la ciudad. “Empecé a ser más conocido. Tenía un menú que mostraba los ascensores en funcionamiento y los desaparecidos. La gente empezó a preguntar más”, relata.
Lautaro se convirtió en fuente de alumnos en proceso de tesis mientras afinaba el diseño de sus páginas, hasta que lanzó “El verdadero Valparaíso”, donde el tema ya no era el ayer sino el presente, una vitrina virtual donde “mostraba toda esta temática de postes inclinados, basura y edificios en ruinas”. A fines de los 2000 Lautaro emigró a Facebook y después a Instagram.
Por esos días la alcaldía de Jorge Castro (UDI) era el blanco de sus críticas “y después obviamente la de Jorge Sharp”. Con el primero lo tildaban de “comunista” y luego de “facho”. “En mis sitios trato que la gente no caiga en la politiquería porque no ayuda”, sentencia. Sus juicios responden a conocimientos históricos, acota, antes que definiciones ideológicas. Lautaro fija 1998 como el año en que la ciudad pasó de un statu quo a una “involución”. Hasta ahí encontré que Valparaíso como que brillaba asegura. Si la gente reclamaba que faltaba un basurero, aparecía. Y empezaron estos carnavales, entretenidos cuando se invitaba a una ciudad extranjera y había horarios. Pero después desvirtuó en tomatera sin ley. ¿Qué significó para Valparaíso ser declarado Patrimonio de la Humanidad? Que lo vistieron con terno y chalas. Tras los incendios y derrumbes de viejas edificaciones, inherentes al puerto, Lautaro va en búsqueda de reliquias entre los escombros. Así recupera placas con números y direcciones, baldosas y artilugios, esperanzado en que algún día exista un museo de la ciudad.
Triviño asevera que ahora no donaría sus hallazgos al municipio, “porque se quedaron callados cuando denuncié el robo de los dragones (de la pileta) de la plaza Victoria”. Las piezas fueron encontradas por un vecino en el cerro Cordillera en unas bolsas de basura. La municipalidad, acusa, se ufanó del descubrimiento sin mérito alguno. Triviño cree que la apertura del Canal de Panamá en 1914 “se convirtió en una chiva para explicar todo lo malo” en la ciudad.
“Lautaro Rosas estuvo apenas dos años de alcalde y regularizó el nivel de edificación y calles; hizo la avenida Baquedano, la subida San Francisco y con el canal funcionando”. Por otro lado, asigna un “90% del deterioro” al estallido social. Para Lautaro, el exalcalde Jorge Sharp “prácticamente fomentó” la violencia que arrasó la céntrica calle Condell, y que nunca se apersonó en el comercio afectado. “Fue una vez a Victoria donde no pasaba nada y lo echaron”. Lautaro desliza una aseveración temeraria cuando se le retruca que Jorge Sharp fue reelecto. Dice creer que esa elección pudo estar arreglada.
“Mucha gente vino a votar en buses desde Santiago: mil y tantas personas con el mismo domicilio”. En su opinión, los ocho años de alcaldía ciudadana se resumen en “proselitismo y soberbia”. Ejemplifica con las expresiones del político de Punta Arenas ante el polémico mural pintado en la fachada del edificio Cooperativa Vitalicia, un gigante art déco levantado entre 1946 y 1947.
“Dijo algo así como al que le guste, bien”. El mural inaugurado en enero de 2023 ya está completamente rayado “y se está descascarando”. El listado de lo que no convence a Lautaro Triviño entre proyectos y desarrollo turístico de Valparaíso es generoso.
Los cerros Concepción y Alegre, los más reconocidos por los visitantes, le parecen “sobrevalorados”. Anida suspicacias ante el futuro paseo Barón porque “no son capaces de mantener una plaza, van a mantener un paseo”. La recuperación de la elegante fachada del edificio Astoreca resulta “excelente” pero insuficiente, y a la competencia Valparaíso Cerro Abajo “le están dando mucha importancia”. Atrae gente y todo el cuento reconoce, pero no es lo prioritario. Las calles están con hoyos. ¿Y qué responsabilidad le cabe al evento? Tienes que tener la ciudad en buen estado para hacerlo. Tampoco aprueba la transformación en bulevar de uno de los puntos neurálgicos de la bohemia porteña, la subida Ecuador, experiencia ensayada en el verano. “Cómo se les ocurre cerrar una vía principal”, reclama.
Los eventuales beneficios por la utilización del espacio público implican “un costo social alterando la vida de las personas por el bullicio”. La postergada ampliación portuaria, recién aprobada por la Comisión de Evaluación Ambiental tras 12 años, merece sus reparos. Asegura que el molo de abrigo debería integrar el proyecto, y que la supresión de la playa San Mateo conlleva alteraciones ecológicas. Como alternativa plantea el muelle Barón.
“Siempre han dicho que no sirven esas aguas. ¿Por qué no? Se construye un molo y se hacen un par de espigones”. “Y ahora a la altura de la estación Francia continúa, van a construir un muelle de cruceros, cuando la zona turística no está ahí. La gente que viene de afuera no va a ver edificios de vidrio, sino lo pintoresco, las casas colgando, los gatos. Pero el terminal figura en el centro de la ciudad. No encuentro la lógica”. La conversación con Lautaro Triviño enfila hacia el final en una cafetería vacía del mercado Puerto, recuperado a medias tras el terremoto de 2010. Solo funciona el primer piso, en una especie de versión Temu de iniciativas similares en el barrio Franklin de Santiago. A comienzos de marzo, la municipalidad reconoció que no hay fondos para habilitar el edificio completo. “Es una intervención improvisada y forzada comenta Lautaro con un dejo de hastío. La gente esperaba que fuera un mercado con verdulería, carnicería, y las cocinerías arriba. Aquí hubo un mal manejo del diseño.
Lo transformaron en anticuario, en galería de arte”. “La gente no quiere este tipo de cosas acá, no les interesa”, dice, en medio del silencio de este sitio lúgubre, sin rastros del movimiento de otros días.
“De la vida de antes remata, nada”. ALLICNAMNAHTANOJ OÑIVIRTORATUALAZELITNEG Tras los incendios y derrumbes de viejas edificaciones, va en búsqueda de reliquias entre los escombros, esperanzado en que algún día exista un museo de la ciudad.. Los delitos y fechorías que Lautaro Triviño persigue en la ciudad puerto son de tal especificidad que solo él sabe cuándo suceden, si bien afectan al espacio público y el mobiliario urbano de los porteños.
Desde los años 80 viene registrando lo que desaparece, se quema, se derruye y se ensucia entre el Plan y los cerros, pasatiempo que escaló tempranamente a internet, convertido en una bitácora de imágenes y palabras.
Hoy es un oficio por el que nadie le paga, documentando en redes un proceso de deterioro que ha sumido a Valparaíso, sentencia, en Tras los incendios y derrumbes de viejas edificaciones, va en búsqueda de reliquias entre los escombros, esperanzado en que algún día exista un museo de la ciudad. Gracias a su labor documental, ha denunciado destrucción del patrimonio y robos. De hecho, jugó un rol clave en identificar “La República”, estatua sustraída del paseo Rubén Darío, que fue encontrada en el fundo de Raúl Schüler en 2018.
Triviño registró el triste estado en que estaban los antiguos troles sacados de circulación —que en un mundo ideal deberían estar en un museo de transporte—. Eso motivó a la empresa a moverlos para evitar que los grafiteros continuaran rayándolos.