Autor: Pablo Baeza Soto, director ejecutivo del SLEP (Servicio Local de Educación Pública) Chiloé
Columnas de Opinión: Educación en el corazón de Chiloé
Columnas de Opinión: Educación en el corazón de Chiloé La educación rural no es solo un servicio: es una expresión profunda de comunidad, identidad y esfuerzo compartido.
Su origen se remonta a tiempos en que el Estado apenas lograba llegar a los territorios más apartados, y fueron las propias familias chilotas quienes, a través de mingas, levantaron escuelas, trasladaron estructuras y sostuvieron con compromiso el derecho a educarse.
Esta tradición encuentra un eco significativo en la figura de Gabriela Mistral, quien no solo promovió la educación pública como motor de justicia social, sino que también valoró profundamente el mundo rural, entendiendo que en esos espacios se forja una relación más humana, cercana y significativa con el aprendizaje. Su legado resuena con fuerza en Chiloé, donde la escuela sigue siendo muchas veces el centro de la vida comunitaria. Hoy, en el marco del bicentenario chilote, esta historia adquiere un nuevo significado.
Chiloé conmemora los 200 años de la firma del Tratado de Tantauco que incorporó al Archipiélago a la República de Chile, lo que implica también reconocer el rol fundamental que ha tenido la educación pública en la construcción de su identidad. Las escuelas rurales han sido espacios de encuentro, transmisión cultural y desarrollo local, manteniendo vivas tradiciones y fortaleciendo el tejido social. Sin embargo, los desafíos actuales son evidentes. El Servicio Local de Educación Pública de Chiloé tiene ante sí la tarea de proyectar esta rica herencia hacia el futuro. Mejorar la asistencia, fortalecer la convivencia escolar y enriquecer las experiencias pedagógicas son aspectos clave para asegurar aprendizajes de calidad. A esto se suma la necesidad de adaptar la educación a los nuevos contextos, sin perder el vínculo con el territorioy su cultura. El desafío no es menor: se trata de modernizar sin desarraigar, de innovar sin olvidar el origen. Así como las mingas levantaron escuelas con esfuerzo colectivo, hoy se requiere un compromiso renovado de todos los actores para seguir construyendo una educación pública pertinente, inclusiva y de calidad. Conmemorar la educación rural es, en definitiva, reconocer que el futuro de Chiloé también se escribe en sus aulas, muchas veces pequeñas, pero siempre grandes en sentido y propósito. Autor: Pablo Baeza Soto, director ejecutivo del SLEP (Servicio Local de Educación Pública) Chiloé. COLUMNA