Autor: Édgar Hernán Fuentes-Contreras
Columnas de Opinión: No todo es libertad
Columnas de Opinión: No todo es libertad E para reflexionar sobre lo ocurrido esta semana en Valdivia en donde la Ministra de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación fue agredida tras participar en el inicio del año académico en la Universidad Austral. El episodio reabre una discusión necesaria: la diferencia entre el legítimo derecho a manifestarse y la afectación-oincluso puesta en peligrode la integridad y seguridad personal.
Por supuesto, el derecho a manifestarse pacíficamente no solo tiene reconocimiento constitucional en Chile, a través del derecho de reunión, la libertad de emitir opinión e informar y el derecho a dirigirse a la autoridad, sino que, asimismo, se encuentra expresamente consagrado en tratados internacionales de derechos humanos que obligan al Estado como la Declaración Universal de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la Convención Americana sobre Derechos Humanos, entre otros. Sin embargo, este reconocimiento no avala cualquier forma de expresión -menos las impulsivas o violentas -. Al final, toda libertad convive con límites y responsabilidades.
Por eso, el problema no es la manifestación en sí, ni la existencia de diferencias -que enriquecen una verdadera comunidad política-, sino cuando ésta deja de ser un ejercicio compatible con los derechos de los demás y se transforma en la negación de estos. En efecto, existe una diferencia clara entre el ejercicio legítimo de un derecho y su abuso. Con todo, lo ocurrido no puede llevarnos al error de confundir la esencia de la Universidad con los actos de unos pocos. El valor central de la Universidad radica, justamente, en ser un espacio donde la diversidad, el disenso y el pensamiento crítico pueden coexistir. Por el contrario, es ese valor propio del contexto universitario lo que lleva a cuestionar lo ocurrido y advertir que ciertos actos resultan inadmisibles. Dado que, como sugiere aquella anécdota académica, no todo lo que se invoca como libertad lo es realmente. s bastante común que los espacios universitarios -quizás como ningún otrosean centros de historias y anécdotas reveladoras. No es para menos. La Universidad, desde sus orígenes, es una comunidad -más que un espacio fisicoen la que se comparte y se construye conocimiento. Un lugar donde se busca la verdad y donde la diferencia no solo es tolerada, sino que constituye un pilar esencial para alcanzarla. Dentro de esas historias circula una particularmente conocida, aunque rodeada de problemas de exactitud. Se sitúa en los convulsionados años sesenta, en una Europa sacudida por protestas y en unos Estados Unidos socialmente agitados.
El relato cuenta que un profesor y pensador de izquierda, ya mayor -la anécdota ha sido atribuida tanto a Herbert Marcuse como a Jean-Paul Sartre-, impartía una clase sobre crítica social y libertad cuando la puerta de la sala se abre abruptamente. Una mujer, completamente desnuda, irrumpe protestando por la situación social del momento y llamando a la revolución. El profesor queda estupefacto, inmóvil.
Tras unos segundos de silencio y luego de respirar hondo, responde con una frase que ha quedado como cierre del relato: "No, hija mía. .. esto no es revolución". La historia suele concluir con un desenlace dramático: el profesor se desploma, víctima de un infarto provocado por la tensión del momento. Más allá de lo anecdótico -y de su carácter casi mítico dentro del folclore universitario-, lo interesante del relato es que delimita una frontera clara entre el gesto simbólico y las transformacionesreales. La frase final no solo ridiculiza cierto radicalismo vacío, sino que expresa un desencanto más profundo y, sobre todo, invita a reflexionar sobre la libertad y sobre las consecuencias de entenderla de manera equivocada. Justamente, no cualquier acto puede ser calificado como ejercicio de la libertad, y mucho menos todo acto que se reivindica como tal produce un cambio real. Esta idea, que atraviesa la anécdota, resulta especialmente pertinente *Profesor de la Facultad de Derecho e investigador de Polis, Observatorio de Derecho Público de la Universidad de los Andes Autor: Édgar Hernán Fuentes-Contreras. Columna