Autor: POR DEMETRIO INFANTE FIGUEROA, ABOGADO Y EXDIPLOMÁTICO
Columnas de Opinión: La Primera Dama
Columnas de Opinión: La Primera Dama i se busca en la Constitución Política del Estado o en la legislación chilena, S en ninguna parte aparece la Primera Dama, es decir, la esposa de quien ejerce la Presidencia de la República.
Pese a lo anterior, constituye toda una institución nacional, y la personalidad y manera de ser de quien desempeña esa posición no pasan inadvertidas, más allá de cumplir la función de señora de quien ejerce la Primera Magistratura e independiente del papel de esposa y madre que debe cumplir si tiene familia que viva con ellos. Sólo se le considera en las regulaciones que establece el protocolo nacional a fin de determinar el lugar que ocupa en los actos oficiales. No pretendo en este artículo concentrarme en la actual esposa de quien es hoy Presidente, aunque lógicamente la mencionaré. Tampoco intento incluir a todas las mujeres que durante la historia han tenido esa posición. Sólo escribiré sobre aquellas de quien tengo recuerdos. En octubre de 1950 recién yo había cumplido 11 años de edad. Vivía en Lota. Ese año habría una gran celebración en la zona, pues se conmemoraban los 400 años de la fundación de Concepción.
Asistiría a los actos el Presidente de la República, Gabriel González Videla (1946-1952) y su señora, todo el gabinete ministerial, un numeroso contingente de las escuelas matrices de la Fuerzas Armadas y una sustantiva representación de diversos países que vendría especialmente a Chile para ser parte de aquellos actos. Especialmente importante era la representación española. Era esposa del jefe del Estado doña Rosa Markmann, una distinguida dama, que al igual que su esposo era de origen serenense. Se caracterizaba por su distinción y su elegancia, así como por su modo fácil de relacionarse con los demás.
Lo anterior no significaba que careciera de una gran personalidad, la que imponía cuando era necesario, y de un carácter capaz de controlar los desvaríos de quien en su tiempo fue un joven dirigente del Partido Radical en La Serena. Quizás por su experiencia adquirida cuando su marido fue embajador en Brasil, era muy adepta al baile de salón. Durante las primeras horas del 5 de octubre de aquel año se produjo en Lota una gran explosión de gas grisú en el pique Carlos, que costó la vida de 32 mineros. Debido a esto, se cancelaron todas las celebraciones del cuarto centenario aludido. La Primera Dama se dio a la tarea que se construyeran 32 casas en beneficio de cada una de las familias que habían perdido a uno de los suyos en la mencionada explosión. Así se dio origen a un conjunto de casas que por su forma la gente local identificó como El Palomar. Doña Rosa inspeccionaba periódicamente las obras y en una de esas visitas -como niño intrusotuve la posibilidad de darle la mano. Pude comprobar en persona que las referencias positivas que mi padre hacía de esta señora -pese a ser en ese momento opositor al gobiernoeran absolutamente justificadas.
La gente en Lota la quería y la respetaba sin límites, más allá del odio que sentía hacia su marido que había sido el autor de la ley de Defensa de la Democracia que declaró ilegal al Partido Comunista y que envió a un gran número de obreros lotinos a Pisagua. Parecía que doña Mity optó por "adoptar" a Lota, pues sus visitas al pueblo eran constantes. Era fácil verla. Caminaba sin escolta alguna.
Luego vino (1952) doña Graciela Letelier, que en 1927 se casó con el general Carlos Ibáñez del Campo, quien ejerció la primera magistratura como dictador desde ese mismo año hasta 1931 y luego en 1952 fue electo Presidente constitucional, ganando la elección correspondiente al candidato de derecha, Arturo Matte. Ibáñez era viudo de una dama salvadoreña.
En la primera experiencia de doña Graciela como Primera Dama su desconocimiento del quehacer político y el hecho de que su marido había logrado el cargo fuera de las urnas hicieron que permaneciera más bien como dueña de casa, sin mayor actividad pública.
Por lo demás, no era fácil para una mujer de 26 años ser la esposa de un general de Ejército, viudo y que contaba con una situación de poder poco estable por el origen en que ha16 bía ascendido a la Primera Magistratura. Diferente fue la situación después de la elección de 1952, en que se esforzó por dar lugar a una asistencia social sustantiva a los más necesitados.
Especial mención debe hacerse a la creación en 1954 del Ropero del Pueblo, institución que por años buscó con éxito involucrar a la sociedad chilena como un todo en la tarea de vestir a los más necesitados. Fue en realidad una iniciativa que trascendió. Las características personales de doña Graciela la hacían ser una persona mucho menos llamativa que su antecesora, pero tuvo siempre el respeto de todo el país. Fue una gran dama.
En 1958 fue electo don Jorge Alessandri Rodríguez, quien durante toda su vida fue solteroy, como se diría ahora, sin "compañera" oficial reconocida. "El Paleta", como le decía la gente, había volcado todo su amor hacia su madre, por la cual tuvo una verdadera veneración hasta el último día de su existencia. Todos los domingos visitaba la tumba de doña Rosa Ester en el Cementerio General. Llegaba al campo santo alrededor del mediodía, manejando personalmente su antiguo automóvil Oldsmobile y con la prohibición absoluta de que lo siguiera algún escolta. La gente pasaba por su lado y lo saludaba con respeto, a lo que él correspondía descubriéndose de su sombrero. En 1964 llegó a la Primera Magistratura un hombre muy especial, quien fue el líder de un movimiento que tuvo trascendencia en la historia de Chile, don Eduardo Frei Montalva.
Tenía siete hijos, lo que hizo que en una entrevista privada el Papa Juan XXIII le señalara: "A usted le debe ser difícil llenar la olla". Su señora era una mujer extraordinaria, que no intentaba tener gran exposición pública, doña María RuizTagle. Sus opiniones, que eran muy acertadas y divertidas cuando la ocasión lo ameritaba, eran vertidas generalmenteen la intimidad de su hogar o frente a conocidos. Poseía un especial sentido del humor y sabía estirar un presupuesto familiar que no era muy holgado. Se cuenta que en unas reuniones políticas nocturnas que su marido llevaba a cabo en su domicilio con jóvenes DC, ella servía cognac a las visitas en una muy bonita botella de cristal. Muchos le agradecían su exquisito licor francés. La verdad es que era el conocido cognac Tres Palos producido en Chile, al cual el envase le otorgaba una distinción que no poseía. Inteligencia de una mujer que tenía que hacer cundir el presupuesto. Los Frei Ruiz-Tagle nunca fueron gente de fortuna económica. El "pater familia" era un abogado dedicado a la política y en un momento decidió dejar Santiago e irse al norte para dirigir un diario. Doña Maruja no tuvo inconveniente alguno en tomar los bártulos familiares y seguir a su marido. Fue el brazo invisible que sirvió de apoyo a uno de los más grandes políticos de la historia de Chile. Desarrolló una intensa vida social basada en lo que se denominó la Promoción Popular, pero lo hizo en forma silenciosa, sin buscar protagonismo. La gente humilde la quería y respetaba por aquello. En 1970, Chile eligió como Presidente a Salvador Allende. Era casado con una hermosa y distinguida dama, doña Hortensia Bussi.
Dada la forma como Allende trató a esta señora y la falta de respeto que significó que tuviera una "sucursal" pública y varias no públicas (las que "atendía" en un pequeño departamento de su propiedad ubicado en el centro de Santiago, calle Nueva Bueras 170-A) prefiero no referirme a aquella respetable señora. Sobre este tema recomiendo leer el documentado libro (edición ampliada y definitiva de Editorial Catalonia, mayo del 2014) titulado "Salvador Allende. Biografía sentimental", del periodista comunista Eduardo Labarca, quien era muy cercano al expresidente por ser hijo del secretario personal de este y quizá su mejor amigo, Miguel Labarca.
En este libro se encontrarán, además de las innumerables aventuras amorosas del "Chicho", muchos antecedentes fidedignos que dan cuenta de lo que fue la política chilena en esos años y hechos vinculados directamente con lo acaecido el 11 de septiembre de 1973.
Poco tiempo después de producido el golpe militar, la Junta de Gobierno designó Presidente de la República al comandante en jefe del Ejército, general Augusto Pinochet, por lo que su esposa, doña Lucía Hiriart, pasó a desempeñar la función de Primera Dama. A medida que el tiempo avanzó, esta señora fue adquiriendo un poder realmente sustantivo, el que llevó a que generara ciertos actos de dudosa legalidad. Dada la controversia que existe respecto a lo acaecido con ella y a algunas de sus actividades, prefiero omitir lo que pasó mientras ella desempeñó esa posición. Sólo deseo destacar que la institución de Cema Chile llevó a cabo importantes obras en beneficio de la comunidad. Pero aquellas en el fondo fueron fruto de la abnegada y silenciosa labor de cientos de señoras de oficiales de las Fueras Armadas, quienes debían trabajar en aquella organización sin recibir remuneración alguna. El no hacerlo ponía en riesgo la carrera de sus maridos. Pienso que a todas esas señoras no se les ha dado el reconocimiento público que se merecen. 03 Autor: POR DEMETRIO INFANTE FIGUEROA, ABOGADO Y EXDIPLOMÁTICO. ARCHIVO